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6.3. El Concilio Vaticano II

Las líneas maestras trazadas por el Concilio Vaticano II, que señala como objeto de la teología moral «mostrar la excelencia de la vocación de los fieles en Cristo y su obligación de producir frutos en la caridad para la vida del mundo», apuntan a un enfoque en el que las virtudes y los dones vuelvan a ocupar el lugar que les corresponde en la vida cristiana.

La Const. Lumen gentium recuerda que la vocación de los fieles en Cristo es vocación a la santidad, y ésta supone vivir las virtudes humanas y sobrenaturales. De modo especial, muestra que la caridad es la nota distintiva de la praxis cristiana: «El don principal y más necesario es el amor con el que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo a causa de Él». Para que este amor pueda crecer y dar fruto, el cristiano debe escuchar la palabra de Dios, obedecer a su voluntad, participar en los sacramentos… y dedicarse «a la práctica de todas las virtudes».

Estas y otras orientaciones del Concilio impulsaban una fecunda perspectiva: la del desarrollo armónico del sujeto moral, enriquecido por las virtudes y los dones que le permiten realizar el propio proyecto de hijos de Dios en Cristo. Sin embargo, durante los años posteriores se avanzó poco en esta línea, debido, en parte, a que la atención se desvió hacia diversas polémicas teológicas centradas en torno a la autonomía moral, la existencia o no de normas específicamente cristianas en el ámbito de las relaciones intramundanas, y a la autoridad, en dicho ámbito, del magisterio de la Iglesia.

Aspirante al Opus Dei


es un joven menor de edad que ha decidido, en la intimidad de su alma y de su corazón, entregarse espiritualmente a Dios, y que se encuentra en una etapa de discernimiento.

— El aspirante no tiene obligaciones ni vínculo jurídico de ningún tipo con el Opus Dei.

—Se encuentra en un periodo de santidad, de búsqueda del querer de Dios en su vida, donde quizá se presente la incertidumbre interior, por la que han pasado algunos santos.

Ya está entregado a Dios, pero debe confirmar, con sus hechos, durante estos años, que Dios le pide que realice esa entrega durante su vida en esta partecica de la Iglesia que es el Opus Dei.

—Si al finalizar este periodo de discernimiento, tanto el aspirante como los directores del Opus Dei ven que ésa es la Voluntad de Dios para su alma, puede pedir la admisión en el Opus Dei y luego, comprometerse jurídicamente cuando cumpla la mayoría de edad.

—Los directores tienen la obligación de valorar si el aspirante posee las cualidades indispensables para cumplir las obligaciones que comporta la vocación al Opus Dei, y si se está esforzando por buscar la santidad personal, según el espíritu y la ascética propios de la Obra.

— Tras la petición de admisión (“pitar”) se abre un largo periodo en el que deberá reafirmar su entrega y renovar su compromiso jurídico, año tras año, cada 19 de Marzo, hasta que se le conceda la admisión jurídica definitiva, al cabo de siete años, en una etapa en la que la muchos jóvenes responsables están acabando su carrera y planeando su matrimonio.