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7. ¿De qué se suele hablar en esas conversaciones de acompañamiento espiritual?


  • Se suele hablar de lo que sirva para mejorar en:

— el trato personal con Cristo

— la profundización en la fe

— la santificación del propio trabajo

— el mejoramiento del trato con los demás

— un mayor sentido de responsabilidad

— espíritu de servicio, justicia, solidaridad, etc.

— un mayor espíritu de comunión eclesial

— afán evangelizador, etc.

  • En esas conversaciones se habla de lo que más preocupa a la persona en ese momento, pero siempre con fines espirituales, atento a lo que el Espíritu Santo dice en el alma.
  • Se conversa de lo que ayude a una comprensión viva del Evangelio, que cada uno debe aplicar en su propia vida. Se ayuda al otro a que vea los reveses y desgracias con mayor visión sobrenatural, sabiéndose hijo de Dios.
  • En otros casos, se tratan en la dirección espiritual de cuestiones relativas a la fe y la moral cristianas. La persona que acompaña debe ayudar a su hermano en la fe a santificar las situaciones en las que se encuentra, aconsejándole aquellos puntos del Magisterio de la Iglesia que le pueden iluminar, dándole un criterio auténticamente cristiano.
  • El acompañamiento espiritual bien vivido ayuda a enfrentarse sinceramente con la propia conciencia, y presta apoyo y consuelo en los momentos de zozobra.
  • Esa conversación espiritual debe abrir horizontes de evangelización, afanes de misión y deseos de corredención con Jesús resucitado.
  • En consecuencia, el acompañamiento espiritual no es un dictado de conductas, sino una ayuda para vivir en cada circunstancia con el amor y la libertad de los hijos de Dios.

Encuentro en Roma con Juan Pablo II con motivo de la Carta Apostólica Novo Millenio Ineunte, 14-17 de marzo 2001


  • El prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, convocó en Roma, del 14 al 17 marzo, unas Jornadas de reflexión sobre la Carta Apostólica Novo millenio ineunte, con el fin de secundar el impulso evangelizador propuesto por el Papa Juan Pablo II a toda la Iglesia.

    Participaron 400 fieles de la Prelatura del Opus Dei, sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, procedentes de 60 países. El encuentro concluyó con un encuentro con el Santo Padre en la Sala Clementina.


Saludo del Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, al Santo Padre

  • Beatísimo Padre,

El Señor nos ha concedido con el Jubileo una gracia tan singular, que todos nos sentimos en el deber de atesorar esta extraordinaria experiencia, para dar un nuevo impulso a nuestro empeño evangelizador.

He querido que se dediquen unas Jornadas a la reflexión y al estudio de la Carta Apostólica Novo millennio ineunte, secundando la invitación que hace su Santidad a toda la Iglesia en ese sentido. Han participado en estas Jornadas representantes del presbiterio y de los fieles laicos de la Prelatura del Opus Dei que trabajan en numerosos ámbitos profesionales y apostólicos.

Hemos meditado con profundidad durante esas Jornadas lo que se propone en esta Carta Apostólica, tan rica en perspectivas clarificadoras.

Santo Padre: deseo agradecerle, en nombre de todos los fieles de la Prelatura, la ayuda que nos ha prestado con la Novo millennio ineunte; gracias por habernos dado la posibilidad de expresarle en persona nuestros sentimientos; y gracias, de nuevo, por poder escuchar sus palabras en esta Audiencia.

Hemos intentado concretar, a lo largo de estas Jornadas, unas determinadas propuestas pastorales que ahora, a comienzos de un nuevo milenio, parecen responder a necesidades de acuciante actualidad. Nos encontramos con un panorama muy variado, porque es muy diverso el grado de desarrollo de los países en los que la Prelatura está presente; porque son muy diversos también los problemas sociales y humanos con los que se encuentra; y por tanto, son muy diferentes las necesidades de cada iglesia particular.

Hemos esbozado tan sólo —somos conscientes de ello— unas líneas generales de actuación que deberán adaptarse a las situaciones de cada lugar. El único deseo que anima la actividad apostólica de la Prelatura es —como afirmaba el Beato Josemaría Escrivá— servir a la iglesia como la Iglesia desea ser servida, como cada miembro sirve al resto de los miembros del cuerpo. Deseamos pues, continuar trabajando de este modo, en estrecha sintonía con las iglesias locales y sus respectivos Pastores.

Sin embargo, a pesar de la variedad de cada situación local, hay algunas constantes que deseo resaltar. porque constituyen rasgos característicos de la tarea pastoral. Son los argumentos—fuerza de la Carta apostólica Novo millennio ineunte: la búsqueda de la santidad como fin último de la evangelización; la pedagogía de la oración; la preparación a los sacramentos; la caridad; la unión de laIglesia; el ecumenismo;la solidaridad.

Estos ideales superan las fuerzas humanas: por eso, la Pesca Milagrosa constituirá siempre un punto de referencia actual en la vida de la Iglesia. Habrá que lanzar siempre las redes en Tu nombre, in verbo autem tuo (Lc 5, 5). Habrá que unir siempre la santidad y el apostolado; la acción y la contemplación; el trabajo y la oración.Por esa razón, el hecho de haber trazado en estas Jornadas un esbozo de ese programa pastoral, nos lleva a confiar con todo nuestro ser en la gracia divina y nos lleva a renovar cada día nuestro afán personal de santidad.

Duc in altum: las palabras de Cristo, que repiteel Papa, encienden en cada uno de nosotros el deseo deavanzar, cada vez con más empeño, en nuestro amor a Dios.

El Beato Josemaría Escrivá recordó, en una época en la que el laicismo intentaba arrojar de este mundo a Dios, que las actividades terrenas guardan dentro de sí la huella imborrable de Cristo Encarnado; que esas actividades pueden convertirse en medio de santidad y de encuentro con el Señor. Para llevar a Cristo al centro de las realidades humanas es necesario tenerlo primero en el centro del alma y del corazón: ésta es la médula y la esencia de nuestro programa pastoral.

Beatísimo Padre: solicitamos su Bendición apostólica para llevar a cabo estos empeños, al tiempo que reafirmamos la plena adhesión de la Prelatura a la Cátedra de Pedro.


Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a los fieles del la Prelatura

¡Queridos hermanos y hermanas!

1. Sed bienvenidos! Os saludo de corazón a cada uno, sacerdotes y laicos, que os habéis reunido en Roma para participar en la Jornada de reflexión sobre la Carta Apostólica Novo millennio ineunte y sobre las perspectivas que he trazado en ella sobre el futuro de la evangelización.

Saludo especialmente a vuestro prelado, el obispo Mons. Javier Echevarría, que ha promovido este encuentro para potenciar aún más el servicio que presta la Prelatura a las Iglesias particulares en la que están presentes fieles de la Prelatura.

Os encontráis aquí en representación de los componentes de la Prelatura, que está orgánicamente estructurada, compuesta por sacerdotes y fieles laicos, por hombres y por mujeres, y que tiene como cabeza a su propio Prelado.

Esta naturaleza jerárquica del Opus Dei, que se establece en la Constitución Apostólica en la que he erigido la Prelatura (Cfr Const. ap. Ut sit, 28-XI-82), ofrece un punto de partida para consideraciones pastorales ricas en aplicaciones prácticas.

Deseo subrayar especialmente este punto: la pertenencia de los fieles laicos, tanto a la propia Iglesia particular como a la Prelatura a la que se han incorporado, hace que la misión particular de la Prelatura confluya en el mismo empeño evangelizador de cada Iglesia particular, como previó el Concilio Vaticano II al recomendar la figura de las prelaturas personales.

Esa convergencia orgánica de sacerdotes y laicos es uno de los ámbitos privilegiados en los que cobrará vida y se consolidará una pastoral con la impronta de ese “dinamismo nuevo” (Cfr. Carta ap.Novo millennio ineunte, 15) en el que todos nos sentimos comprometidos tras el Gran Jubileo. En este contexto se sitúa la importancia de la “espiritualidad de comunión”, que recomienda vivamente la Carta Apostólica (cfr. ibídem 42-43).

2. Los laicos —en cuanto fieles cristianos— deben llevar a cabo un apostolado misionero. Cada uno, en su trabajo profesional concreto dentro del ámbito de las actividades humanas, es un instrumento en el que Dios confía para que “el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura (Ibídem, 29) “.

De ese modo pueden poner sus conocimientos profesionales al servicio de esa nuevas fronteras,de esos nuevos desafíos con los que se encuentra la presencia salvífica de la Iglesia en el mundo.

Será el testimonio personal y directo de esos laicos cristianos en todos los campos profesionales los que pongan de manifiesto que los valores humanos más nobles sólo encuentran su plenitud en Cristo. Su afán apostólico, su amistad fraterna, su caridad solidaria convertirán sus relaciones humanas y profesionales en ocasiones para despertar en sus colegas esa sed de verdad que es la primera condición para un encuentro salvífico con Cristo.

  • Los sacerdotes, por su parte, desarrollan una función primordial insustituible: la de ayudar a las almas, una a una, a abrirse al don de la gracia, mediantelos sacramentos,la predicación y la dirección espiritual. Una espiritualidad de comunión pondrá de manifiesto vivamente cada una de estas realidades de la Iglesia.
  • Os exhorto, queridísimos, a que tengáis siempre presente en vuestro trabajo este punto central de la experiencia jubilar: el encuentro con Cristo. El Jubileo ha sido una continua y verdadera contemplación del rostro de Cristo, Hijo eterno, Dios y Hombre, Crucificado y Resucitado. Le hemos buscado como peregrinos en la puerta que abre al hombre el camino del Cielo. Hemos gozado de su dulzura en ese gesto, profundamente humano, de perdonar al pecador. Le hemos sentido como hermano de todos los hombres, escondido en el don del amor que nos salva. Sólo Cristo puede saciar esa sed de espiritualidad que sufre nuestra sociedad.

“No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros!” (Carta. apostólica. Novo millennio ineunte, 29). Somos nosotros, los cristianos, los que debemos mostrar al mundo entero, a cada uno de nuestros hermanos los hombres, cual es el camino que conduce a Cristo. “Busco tu rostro, Señor “ (Sal.27 [26], 8) Esta exclamación nació muchas veces en los labios del Beato Josemaría, un hombre sediento de Dios, y por esa misma razón, un gran apóstol. “En las intenciones —escribió—-, sea Jesús nuestro fin; en los afectos, nuestro Amor; en la palabra, nuestro asunto; en las acciones, nuestro modelo”(Camino, 271).

Es tiempo de apartar cualquier tipo de temor; tiempo de lanzarse a aventuras apostólicas audaces. Duc in altum! (Lc 5, 4): la invitación de Cristo nos estimula a seguirle, a fomentar sueños ambiciosos de santidad personal y de fecundidad apostólica. Ciertamente, el apostolado es siempre fruto de la vida interior; pero también es acción; acción sostenida por la caridad. Y la fuente de la caridad se encuentra siempre en la dimensión más íntima de cada persona, allí donde se escucha la voz de Cristo, que nos llama para que le sigamos. Acoged en vuestra alma esta llamada de Cristo y corresponded con mayor generosidad cada día.

Con este deseo, mientras confío a la intercesión de María vuestro empeño de oración,de trabajo y de testimonio, os imparto con afecto mi Bendición.

El respeto a la verdad. La verdad tiene un único rostro

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Catecismo de la Iglesia Católica. IV EL RESPETO DE LA VERDAD

2488 El derecho a la comunicación de la verdad no es incondicional. Todos deben conformar su vida al precepto evangélico del amor fraterno. Este exige, en las situaciones concretas, estimar si conviene o no revelar la verdad al que la pide.

2489 La caridad y el respeto de la verdad deben dictar la respuesta a toda petición de información o de comunicación. El bien y la seguridad del prójimo, el respeto de la vida privada, el bien común, son razones suficientes para callar lo que no debe ser conocido, o para usar un lenguaje discreto. El deber de evitar el escándalo obliga con frecuencia a una estricta discreción. Nadie esta obligado a revelar una verdad a quien no tiene derecho a conocerla (cf Si 27,16; Pr 25,9-10).

2490 El secreto del sacramento de la reconciliación es sagrado y no puede ser revelado bajo ningún pretexto. “El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo” (CIC, can. 983,1).

2491 Los secretos profesionales -que obligan, por ejemplo, a políticos, militares, médicos, juristas- o las confidencias hechas bajo secreto deben ser guardados, exceptuados los casos excepcionales en que el no revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la verdad. Las informaciones privadas perjudiciales al prójimo, aunque no hayan sido confiadas bajo secreto, no deben ser divulgadas sin una razón grave y proporcionada.

2492 Se debe guardar la justa reserva respecto a la vida privada de la gente. Los responsables de la comunicación deben mantener una justa proporción entre las exigencias del bien común y el respeto de los derechos particulares. La ingerencia de la información en la vida privada de personas que realizan una actividad política o pública, es condenable en la medida en que atenta contra la intimidad y libertad de éstas.

EL USO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION SOCIAL

2493 Dentro de la sociedad moderna, los medios de comunicación social desempeñan un papel importante en la información, la promoción cultural y la formación. Su acción aumenta en importancia por razón de los progresos técnicos, de la amplitud y la diversidad de las noticias transmitidas, y la influencia ejercida sobre la opinión pública.

2494 La información de estos medios es un servicio del bien común (cf IM 11). La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad:

El recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación (IM 5,2).

2495 “Es necesario que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de caridad y justicia también en este campo, y, así, con ayuda de estos medios, se esfuercen por formar y difundir una recta opinión pública” (IM 8). La solidaridad aparece como una consecuencia de una información verdadera y justa, y de la libre circulación de las ideas, que favorecen el conocimiento y el respeto del prójimo.

2496 Los medios de comunicación social (en particular, los mass-media) pueden engendrar cierta pasividad en los usuarios, haciendo de estos consumidores poco vigilantes de mensajes o de espectáculos. Los usuarios deben imponerse moderación y disciplina respecto a los mass-media. Han de formarse una conciencia clara y recta para resistir más fácilmente las influencias menos honestas.

2497 Por razón de su profesión en la prensa, sus responsables tienen la obligación, en la difusión de la información, de servir a la verdad y de no ofender a la caridad. Han de forzarse por respetar con una delicadeza igual, la naturaleza de los hechos y los límites y el juicio crítico respecto a las personas. Deben evitar ceder a la difamación.

2498 “La autoridad civil tiene en esta materia deberes peculiares en razón del bien común, al que se ordenan estos medios. Corresponde, pues, a dicha autoridad… defender y asegurar la verdadera y justa libertad” (IM 12). Promulgando leyes y velando por su aplicación, los poderes públicos se asegurarán de que el mal uso de los medios no lleguen a causar “graves peligros para las costumbres públicas y el progreso de la sociedad” (IM 12). Deberán sancionar la violación de los derechos de cada uno a la reputación y al secreto de la vida privada. Tienen obligación de dar a tiempo y honestamente las informaciones que se refieren al bien general y responden a las inquietudes fundadas de la población. Nada puede justificar el recurso a falsas informaciones para manipular la opinión pública mediante los mass-media. Estas intervenciones no deberán atentar contra la libertad de los individuos y de los grupos.

2499 La moral denuncia la plaga de los estados totalitarios que falsifican sistemáticamente la verdad, ejercen mediante los mass-media un dominio político de la opinión, manipulan a los acusados y a los testigos en los procesos públicos y tratan de asegurar su tiranía yugulando y reprimiendo todo lo que consideran “delitos de opinión”.