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Cristo, perfecto Dios, perfecto Hombre


  • Los discípulos de Cristo deben ver el mundo y a los demás con los ojos de Cristo, que vino a salvar a todos los hombres sin excepción.
  • Aparentemente, seguir a Jesucristo, lleva aparejadas algunas realidades aparentemente contrarias a la felicidad (abnegación, pobreza, persecución).
  • Sin embargo el cristiano sabe que en la medida que se identifica con Cristo alcanza la pobre felicidad de esta tierra y gana la verdadera felicidad, eterna y plena del Cielo.
  • Un verdadero cristiano es siempre un apóstol: y el apóstol siente en su alma el afán por colaborar en la tarea de la salvación de todos los hombres, estando a su lado, sufriendo con ellos, ayudándoles a encontrar la felicidad plena que solo se encuentra en Dios.

La alegría cristiana. Pablo VI

alegria_clip_image001Alegraos siempre en el Señor, porque El está cerca de cuantos lo invocan de veras.

En diversas ocasiones a lo largo de este Años Santo, hemos exhortado al Pueblo de Dios a corresponder con gozosa solicitud a la gracia del Jubileo. Nuestra invitación es esencialmente, como bien sabéis, una llamada a la renovación interior y a la reconciliación en Cristo. Se trata de la salvación de los hombres y de su felicidad en todo su pleno sentido. En el momento en que los cristianos se disponen a celebrar, en el mundo entero, la venida del Espíritu Santo, os invitamos a pedirle el don de la alegría.

Ciertamente el ministerio de la reconciliación se ejerce, incluso para Nos mismo, en medio de frecuentes contradicciones y dificultades, pero él está alimentado y va acompañado por la alegría del Espíritu Santo. De la misma manera podemos justamente apropiarnos, aplicándola a toda la Iglesia, la confidencia hecha por el Apóstol San Pablo a su comunidad de Corinto: “ya antes os he dicho cuán dentro de nuestro corazón estáis para vid ay para muerte. Tengo mucha confianza en vosotros… estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones”. Sí, constituye también para nos una exigencia de amor, invitaros a participar en esta alegría sobreabundante que es un don del Espíritu Santo.

Nos hemos sentido como una impelente necesidad interior dirigiros durante este Año de gracia, y más concretamente en ocasión de la solemnidad de Pentecostés, una Exhortación apostólica cuyo tema fuera precisamente la alegría cristiana, la alegría en el Espíritu Santo. Es una especia de himno a la alegría divina el que Nos querríamos entonar, para que encuentre eco en el mundo entero y ante todo en la Iglesia: que la alegría se difunda en los corazones juntamente con el amor del que ella brota, por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado. Deseamos asimismo que vuestra voz se una a la nuestra para consuelo espiritual de la Iglesia de Dios y de todos los hombres que quieran prestar atención en lo íntimo de sus corazones, a esta celebración.