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Llevaban una vida corriente, pero llena de sentido cristiano

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Carta a Diogneto:

(los cristianos) habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos; y todo lo soportan como extranjeros. Toda tierra es para ellos patria y toda patria, tierra extraña. Se casan, igual que todos; tienen hijos, igual que todos; pero no los abandonan cuando nacen… Aunque viven en la tierra, son ciudadanos del Cielo. Obedecen las leyes que están establecidas, pero su vida sobrepasa esas leyes… Para decirlo brevemente: lo que el alma es en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo.


“Habitando en ciudades griegas o bárbaras, según la suerte que le tocó a cada uno, se adaptan al vestido, a la comida y a los diversos géneros, usos y costumbres del país, dando muestras de un tipo de conducta admirable y sorprendente, como reconocen todos.

Justicia: a cada uno lo que le corresponde

index_clip_image002_00036¿Qué es la justicia?

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En cuanto cualidad personal, la justicia es la virtud o hábito bueno de dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde, lo que se le debe otorgar.

Recuerda el punto 413 del Compendio del Catecismo de la Iglesia: “Existen desigualdades económicas y sociales inicuas, que afectan a millones de seres humanos, que están en total contraste con el Evangelio, son contrarias a la justicia, a la dignidad de las personas y a la paz.

Pero hay también diferencias entre los hombres, causadas por diversos factores, que entran en el plan de Dios. En efecto, Dios quiere que cada uno reciba de los demás lo que necesita, y que quienes disponen de talentos particulares los compartan con los demás.

Estas diferencias alientan, y con frecuencia obligan, a las personas a la magnanimidad, la benevolencia y la solidaridad, e incitan a las culturas a enriquecerse unas a otras”.

Algunos aspectos olvidados de la justicia

La justicia lleva a cumplir las obligaciones respecto a Dios.

La justicia lleva al respeto a la dignidad humana. A cada persona se le debe otorgar un trato propio de un ser humano, sin discriminaciones.

La justicia lleva al respeto a los padres y autoridades. Es justo obedecerles y respetarles.

La justicia lleva a cumplir las obligaciones profesionales, tanto de los trabajadores como de los estudiantes. Estudiar es, para un estudiante, un deber de justicia respecto a la familia y la sociedad, que cuentan con su preparación actual para el trabajo futuro.

5. Valores fundamentales

Puesto que la ética sexual se refiere a ciertos valores fundamentales de la vida humana y de la vida cristiana, a ella se le aplica de igual modo esta doctrina general. En este campo existen principios y normas que la Iglesia ha transmitido siempre en su enseñanza sin la menor duda, por opuestas que les hayan podido ser las opiniones y las costumbres del mundo.

Estos principios y estas normas no deben en modo alguno su origen a un tipo particular de cultura, sino al conocimiento de la ley divina y de la naturaleza humana. Por lo tanto, no se los puede considerar como caducos, ni cabe ponerlos en duda bajo pretexto de una situación cultural nueva.

Tales principios son los que han inspirado los consejos y las orientaciones dadas por el Concilio Vaticano II para una educación y una organización de la vida social que tengan cuenta de la dignidad igual del hombre y de la mujer, en el respeto de sus diferencias 8.

Hablando de “la índole sexual del hombre y [de] la facultad generativa humana”, el Concilio ha hecho notar que “superan admirablemente lo que de esto existe en los grados inferiores de la vida”9.

A continuación se ha aplicado a exponer en particular los principios y los criterios que conciernen a la sexualidad humana en el matrimonio, y que tienen su razón de ser en la finalidad de la función específica del mismo.

A este propósito declara que la bondad moral de los actos propios de la vida conyugal, ordenados según la verdadera dignidad humana, “no dependen solamente de la sincera intención y apreciación de los motivos, sino de criterios objetivos, tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, que guardan íntegro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación, entretejidos con el amor verdadero”10.

Estas últimas palabras resumen brevemente la doctrina del Concilio, expuesta más ampliamente con anterioridad en la misma Constitución 11, sobre la finalidad del acto sexual y sobre el criterio principal de su moralidad: el respeto de su finalidad es el que asegura su honestidad a este acto.

Este mismo principio, que la Iglesia deduce de la Revelación y de su interpretación auténtica de la ley natural, funda también aquella doctrina tradicional suya, según la cual el uso de la función sexual logra su verdadero sentido y su rectitud moral tan sólo en el matrimonio legítimo 12.