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Aceptar la realidad

  • Aprender a aceptar la realidad, los propios defectos, los errores del pasado y a las personas que nos rodean.
  • Las cosas son como son y no como desearíamos que sean. Tenemos que partir de un visión objetiva de lo que nos rodea para intentar cambiar lo que no se adapta al plan de Dios.
  • Aceptar los propios defectos, fallos y limitaciones: intentar mejorar, pero sin desasosiegos ni inseguridades.

  • Esto no significa resignarse con tristeza ante los propios fallos, ni significa asumir que nuestros defectos son insuperables, sino intentar mejorar con sentido positivo, optimista, esperanzado.

  • Lleva a evitar las continuas reflexiones existenciales, y a aceptar con humildad y esperanza los errores que hayamos cometido en el pasado, luchando contra cualquier sentimiento de rencor o venganza, contra los recuerdos de sucesos amargos y tristes, y las actitudes nostálgicas y melancólicas.
  • Aceptar a los demás con sus virtudes y defectos. Esforzarse por comprenderlos tal como son, con caridad; sin que eso lleve a idealizarlos por falta de conocimiento.
  • Eso no significa aprobar todo lo que hagan; pero llena a no recordarle a los que nos rodean sus defectos, fallos y limitaciones: vivir la corrección fraterna y la caridad de Jesucristo en las relaciones humanas.
  • No darle a los defectos de los otros más importancia de la que tienen.
  • Ser tolerantes con los fallos de los otros, ayudándoles a superarlos.

¿Qué es la madurez humana y cristiana?

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  • El joven maduro pone los medios para conocerse cada vez mejor a sí mismo

Aunque en términos absolutos no puede hablarse de un joven maduro, ya que la madurez necesita del paso de los años, si que puede hablarse de un joven maduro en términos relativos.

Para ser un joven maduro se requiere:

  • Buscar un equilibrio entre la razón y la afectividad, cultivando la libertad y la responsabilidad.
  • Educar la imaginación y vivir en el presente.
  • Educar los impulsos y los estados de ánimo.
  • Aprender a aceptar la realidad, los propios defectos, los errores del pasado y a las personas que nos rodean.
  • Evitar las malas comparaciones con los demás, sin estar pendientes de “qué dirán”.
  • Mostrarse a los demás, con sencillez.
  • Aprender a tomar decisiones, sin precipitaciones y sin miedos exagerados a equivocarse.
  • Procurar cultivar el sentido del humor y el optimismo.

La autoeducación en la virtud de la reciedumbre


Para autoeducarse en la reciedumbre humana y espiritual, interior y exterior, se necesitan virtudes muy similares a la de los ginnastas:
  • Cultivar la paciencia: no se hace con perfección un ejercicio ginnástico a la primera
  • No se puede desear quererlo todo y ahora: hay que aprender a esperar, sin desánimos, sabiendo que dificultades no se superan en un momento.
  • Cultivar la paciencia con nuestros propios defectos: aceptarlos, pero sin claudicar ante ellos.
  • Y tener paciencia con los defectos de los demás, que con frecuencia imaginamos o exageramos.

  • Esforzarse por ganar en entereza y decisión ante las dificultades: todos los gimnastas se han caído alguna vez
    • Se gana en entereza poco a poco, aprendiendo a no desconcertarse excesivamente cuando las cosas no salen exactamente como esperábamos.
  • Proponerse ganar en realismo: en conocimiento de la propia realidad y lo que nos rodea. Como los gimnastas, no podemos lograr todas las metas: sólo aquellas que con mucho esfuerzo están a nuestro alcance.

Ejemplo: un estudiante que se propone aprender inglés.

  • La prudencia le llevará a saber que existen dificultades. No es optimismo, sino falta de realismo, pensar: Aprenderé inglés en diez días.
  • Esa misma prudencia le llevará a valorar las dificultades en su justa medida, sin agrandarlas. No tendría sentido pensar, tras el primer examen: Me han suspendido: ¡jamás aprenderé inglés!
  • Medir bien sus fuerzas reales. No es audaz sino poco realista, el que discurre así: este año voy a aprender inglés, francés, alemán, sueco y portugués.
  • Esforzarse por superar las dificultades de la forma y en el tiempo adecuado. Voy a aprender inglés, aunque no tengo ningún libro, ni academia, ni método, ni profesor de inglés.
  • Rechazar la tentación del victimismo y de la autocompasión, del espíritu de queja, que con frecuencia son excusas para la pereza. Tengo tiempo para estudiar, pero eso me exigiría esforzarme y no tengo oido para los idiomas. No voy a estudiar inglés. Qué pena:¡con lo que me ilusionaba!
  • Se trata, en resumen: aceptar la realidad de la vida:

— no entendemos siempre todo lo que nos sucede.

— no se encuentra siempre una explicación rápida y sencilla de todo.

  • Buscar el equilibrio a la hora de actuar
    • El ideal es actuar atendiendo con equilibrio a las razones de la cabeza y del corazón, sin emotivismos.
  • Cultivar la reciedumbre en el hablar, que lleva a:
  • Defender de forma excesivamente apasionada nuestras opiniones personales.
  • Intentar imponer nuestras opiniones a los demás.
  • No dar nuestra opinión innecesariamente, venga o no a cuento.
  • Darles a nuestras opiniones personales el valor relativo que tienen.
  • Acostumbrarse a conversar con personas de diversas opiniones, o de opinión diversa a la nuestra, sin buscar que siempre nos den la razón.
  • No caer en la verborrea o incontinencia verbal.
  • Esforzarse por escuchar a los demás.
  • Pasar por alto modos de decir de los demás que no sean del todo exactos, sin hacer puntualizaciones puntillosas, corrigiendo constantemente expresiones, fechas, datos inexactos.
  • Evitar la ironía, los autoritarismos, que tanto distancian de los demás.
  • Reciedumbre ante las molestias y enfermedades
    • No hacer de la enfermedad un espectáculo, que contamos a todos, para que todos nos compadezcan y estén preocupados de nosotros, sin soportar que lo pasen bien mientras nosotros estamos molestos.
    • Aprender a contar lo que nos sucede a las personas oportunas yde la forma oportuna.
    • Ser pacientes y aceptar las recomendaciones del médico aunque nos cuesten. Supone más reciedumbre obedecer al médico y permanecer en cama que levantarse con fiebre, porque no nos apetece quedarnos en la cama.

  • Asumir las incertidumbres y riesgos de la vida
  • Decidirse y elegir: no elegir ya es una forma de elegir.
  • Cultivar la autoestima, la seguridad en uno mismo.
  • Actuar sin miedo excesivo a equivocarse y a fracasar.
  • No tomar más previsiones que las necesarias. El deseo de “amarrarlo todo muy bien” puede reflejar un miedo excesivo al fracaso.
  • Toda elección supone un riesgo, que conviene asumir con sencillez y espíritu deportivo.

  • Asumir los fracasos, reconocer los propios errores

  • Los fracasos forman parte de nuestra vida: no conviene exagerar su alcance.
  • La fortaleza lleva a aprender a reconocer los propios errores, las equivocaciones personales, sin desviar la culpa hacia los demás: los padres, los profesores, los amigos, las circunstancias.