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	<title>Catequesis &#187; propias miserias</title>
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		<title>«Creencias limitadoras» y prohibiciones</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Nov 2009 16:06:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>catequesis</dc:creator>
				<category><![CDATA[VOLUNDAD DE DIOS - DIRECCION ESPIRITUAL]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p class="Estilo16"><strong><em><br />
</em></strong></p>
<p>Todo cuanto venimos diciendo permite <strong class="Estilo17">evitar un concepto erróneo de la aceptación de sí y de las flaquezas. </strong>Ésta no consiste en dejamos encerrar por las limitaciones que consideramos tales y que, como ocurre con frecuencia, no lo son en realidad. A consecuencia de nuestras caídas y de la educación recibida (esa persona que nos ha repetido mil veces: «tú no llegarás», o «nunca harás nada bueno», etc.); a causa de los reveses sufridos y de nuestra falta de confianza en Dios, tenemos una fuerte tendencia a llevar inscrita en nosotros toda una serie de «creencias limitadoras» y de convicciones, <strong class="Estilo17">que no se corresponden con la realidad, </strong>de acuerdo con las cuales nos hemos persuadido de que jamás seremos capaces de hacer esto o aquello, de afrontar tal o cual situación. Los ejemplos son innumerables: «no llegaré», «jamás saldré de esto», «no puedo», «siempre será así»&#8230;</p>
<p>Afirmaciones de este tipo <span class="Estilo17"><strong>n</strong></span><strong><span class="Estilo17">ada tienen que ver con la aceptación de nuestras limitaciones</span></strong><span class="Estilo17"> mencionada en este capítulo; son, por el contrario, <strong>el fruto de la historia de nuestras heridas, de nuestros temores y de nuestras faltas de confianza en nosotros mismos y en Dios</strong></span>, a las que conviene dar salida y de las cuales es preciso desembarazarse.</p>
<p><span class="Estilo17"><strong>Aceptarse a uno mismo significa acoger las miserias propias, pero también las riquezas</strong>,</span> permitiendo que se desarrollen todas nuestras legítimas posibilidades y nuestra auténtica capacidad. Así pues, antes de expresamos en términos tales como «soy incapaz de hacer tal cosa o tal otra», resulta conveniente discernir si esta afirmación procede de un sano realismo espiritual, o es una convicción de naturaleza puramente psicológica que deberíamos desechar.</p>
<p>A veces podemos sentir también la tendencia a prohibimos determinadas sanas aspiraciones, o bien ciertos modos de realizamos a nosotros mismos, e incluso algunas formas legítimas de felicidad, a través de una serie de mecanismos psicológicos inconscientes que nos inclinan a consideramos culpables o a prohibimos la felicidad. <span class="Estilo17"><strong>Este hecho también puede tener su origen en una falsa representación de la voluntad divina, como si Dios quisiera privarnos sistemáticamente de todo lo bueno de la vida</strong>. </span></p>
<p>Esto, desde luego, no tiene nada que ver con el realismo espiritual y la aceptación de nuestras limitaciones. Es cierto que Dios nos pide a veces sacrificios y renuncias, pero también lo es que nos libera de los miedos y las falsas culpabilidades que nos aprisionan, devolviéndonos la libertad de aceptar plenamente todo cuanto de bueno y grato Él, en su sabiduría, quiere otorgarnos, animándonos y manifestándonos su amor.</p>
<p>Si en todo caso existiera <strong class="Estilo17">un terreno en el que nada se nos prohibirá jamás, es en el de la santidad. Siempre, claro está, que no confundamos la santidad con lo que no es, es decir, la perfección externa, el heroísmo o la impecabilidad.</strong></p>
<p>Pero, si entendemos la santidad en el sentido correcto <span class="Estilo17"><strong>(la posibilidad de crecer indefinidamente en el amor a Dios y a nuestros hermanos</strong>)</span>, convenzámonos de que en ese campo nada nos resultará inaccesible. Basta con no desanimarnos nunca y no ofrecer resistencia a la acción de la gracia divina, confiando enteramente en ella.</p>
<p>No todos poseemos madera de héroe; pero, por la gracia divina, sí tenemos todos <strong class="Estilo17">madera de santo</strong>: es la ropa bautismal de la que nos revestimos al recibir el sacramento que nos hace hijos de Dios.</p>
<p><span class="text Estilo9"><span style="font-family: Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"><br />
</span></span></p>
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