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Una tentación al constante acecho de los cristianos del siglo XXI: el escapismo de la mística ojalatera: ojalá estudiara otro curso; ojalá fuera yo de otra manera; ojalá tuviera una moto acuática…

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Los cristianos de este momento histórico, siguiendo las enseñanzas el Señor y el ejemplo de los primeros cristianos, debemos procurar llevar a Cristo el mundo que nos ha tocado vivir y santificarnos sin escapismos, lamentos, nostalgias de tiempos mejores, quejas…

San Josemaría:

La vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria…

Vivir santamente la vida ordinaria, acabo de deciros. Y con esas palabras me refiero a todo el programa de vuestro quehacer cristiano.

Dejaos, pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar mística ojalatera –¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera viejo!…–, y ateneos, en cambio, sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor: mirad mis manos y mis pies dijo Jesús resucitado: soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo (Luc 24, 39).

Son muchos los aspectos del ambiente secular, en el que os movéis, que se iluminan a partir de estas verdades. Pensad, por ejemplo, en vuestra actuación como ciudadanos en la vida civil.

Un hombre sabedor de que el mundo –y no sólo el templo– es el lugar de su encuentro con Cristo, ama ese mundo, procura adquirir una buena preparación intelectual y profesional, va formando –con plena libertad– sus propios criterios sobre los problemas del medio en que se desenvuelve; y toma, en consecuencia, sus propias decisiones que, por ser decisiones de un cristiano, proceden además de una reflexión personal, que intenta humildemente captar la voluntad de Dios en esos detalles pequeños y grandes de la vida.

¿Qué se entiende por una persona cristianamente formada?

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Un cristiano formado una persona madura en su fe, que se esfuerza por traducirla en obras de fe, y que conoce las enseñanzas de Cristo con un nivel adecuado a su preparación intelectual.

Es una persona que pone, día tras día, los medios para seguir actualizando su formación cristiana y procura actuar de forma coherente con su fe, comenzando y recomenzando una y otra vez, con humildad, en el combate espiritual.