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Cómo guardar los sentidos, las“puertas del alma”.

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  • Para guardar los sentidos se necesita la práctica de la mortificación interior y exterior (dominio de la curiosidad, orden en el uso de la vista, de la lengua, etc., de forma que no conduzca a la ofensa a Dios).
  • Se necesita vivir la virtud e la templanza (en la comida, la bebida, en no concederse determinados caprichos). La templanza lleva a evitar una búsqueda desordenada del bienestar y de la comodidad; a no cultivar una susceptibilidad exagerada; a luchar por vencer el desorden en el carácter, las manifestaciones de ira, el amor propio exacerbado que lleva a manías, a victimismos, etc.

    La suma de situaciones de destemplanza propicia los pecados contra la Santa Pureza.

Con ayuda de la Gracia, una persona que guarda los sentidos, que practica la mortificación cristiana y se esfuerza habitualmente por vivir con humildad la virtud de la templanza, además de ganar en fortaleza, personalidad y autodominio, se aleja de las ocasiones de pecar y fortalece su alma, mediante estos buenos hábitos, para vencer en el momento de la tentación.

Mortificación cristiana

Recuerda el Compendio del Catecismo de la Iglesia, 124, que “al llamar a sus discípulos a tomar su cruz y seguirle (cf. Mt 16,24)  Jesús quiere asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios”.

Preguntas del tipo:

  • ¿La mortificación cristiana no será una especie de masoquismo?
  • ¿Por qué hay que mortificarse?
  • ¿Enseña la Iglesia que hay que castigar al cuerpo con el sufrimiento?
  • Muy bien, Jesús nos redimió en la Cruz. Pero nosotros…
  • Etc.

Entonces ¿por qué hay que castigar al cuerpo con el sufrimiento?

  • El sufrimiento de la penitencia cristiana no es un castigo, sino una búsqueda ordenada de unión con Cristo, por amor.
  • Estamos ante un misterio. No acabamos de entender del todo por qué Dios quiso redimirnos mediante la obediencia y el sufrimiento de Jesús en la Cruz. Pero es así como nos redimió el Señor.

  • La mortificación voluntaria cristiana es imitación de la mortificación voluntaria de Jesucristo, que padeció por nosotros y nos alentó para que le imitáramos (1 Pt 2, 21); también en la voluntariedad de la búsqueda de la mortificación.

  • Jesús murió por amor, y murió porque quiso: “Por esto mi Padre me ama porque doy mi vida para tomarla otra vez. Nadie me la quita sino que yo la doy por mi propia voluntad, y soy dueño de darla y de recobrarla”(Io 10, 17-18).
  • Nosotros podemos unirnos libremente, voluntariamente, amorosamente, a ese sacrificio por amor, si queremos y si Le queremos.