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La corrección fraterna, manifestación de servicio a los demás y de fraternidad cristiana

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La Iglesia recuerda que todos los cristianos tienen el deber de corregir fraternalmente a los que le rodean. Catecismo , 1829

La caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia.

La caridad exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa; es amistad y comunión.

¿Qué respuesta personal estoy dando yo antes los grandes problemas?

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  • Preguntas para jóvenes:
  • Puedes preguntarte qué respuesta personal –en el ámbito de la misericordia y de la justicia social- estás dando a los siguientes problemas, que te conciernen, como cristiano que eres; y te estás preparando para dar en el futuro, mediante tu trabajo:
      • Personas sin techo y sin hogar.
      • Jóvenes atrapados en el mundo de la droga.
      • Jóvenes sin capacidad de formarse profesionalmente.
      • Emigrantes que no logran encontrar un puesto de trabajo.
      • Mayores sin atención, abandonados por los suyos.
      • Marginados, sin techo, y personas sin hogar.
      • Desempleo, paro.
      • Minorías étnicas despreciadas.
      • Discapacitados físicos y psíquicos, etc.

Cristo, modelo de Castidad

El Catecismo de la Iglesia recuerda:
2394 Cristo es el modelo de la castidad. Todo bautizado es llamado a llevar una vida casta, cada uno según su estado de vida.
Cristo, sus méritos, su misericordia, son nuestra esperanza

San Bernardo

¿Dónde podrá hallar nuestra debilidad un descanso seguro y sereno, sino en las llagas del Salvador? Vivo en esas llagas con seguridad, porque sé que Él puede salvarme. Grita el mundo, me oprime el cuerpo, el diablo me acecha, pero no caigo, porque estoy cimentado en roca firme.

Si cometo un gran pecado, me remorderá la conciencia, pero no perderé la paz, porque me acordaré de las llagas del Señor, que fue herido por nuestras rebeldías (…)

Por eso estaba equivocado el que dijo: “Mi culpa es demasiado grande para soportarla” (…) Las heridas que Cristo sufrió en su cuerpo nos muestran los secretos de su corazón, nos permiten ver el gran misterio de su piedad, la entrañable misericordia de nuestro Dios. (…)

Mi único mérito es la misericordia del Señor. No seré pobre en méritos, mientras Él no sea pobre en misericordia. Y como la misericordia del Señor es mucha, muchos son también mis méritos. Y aunque tengo conciencia de mis muchos pecados, donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. (Sermones sobre el Cantar de los Cantares)