Archivo de la etiqueta: matrimonio

algunos libros y ensayos

Se sugieren, entre otros:

CAFFARRA, Carlo. Ética general de la sexualidad, EIUNSA, Barcelona 1995, 122 págs. Un libro para profesores, que analiza los presupuestos de la ética de la sexualidad: la “personeidad” del cuerpo y su redención. En la segunda parte se estudia la naturaleza de la facultad y del acto sexual, junto a las virtudes y vicios que le pueden acompañar. Por último aborda los estados de vida cristiana y propone los fundamentos y normas de actuación en el estado conyugal y en la virginidad.

CAFFARRA, Carlo: La sexualidad humana, Encuentro, Madrid 1987, 69 págs. Recoge tres conferencias: “Los fundamentos antropológicos”, “El significado de la sexualidad humana” y “La ética de la procreación”

GARCÍA MORATO: Creados por amor, elegidos para amar. (205) Crecer, sentir, amar. Afectividad y corporalidad. Eunsa. Dos libros especialmente útiles para educadores. El primero trata especialmente del celibato y el matrimonio.

LEONARD, André: La moral sexual explicada a los jóvenes, Palabra, Madrid 1994, 122 págs. El cardenal Leonard logra en este libro hablar con sencillez de la moral sexual, yendo a lo fundamental y abordando con claridad los temas más candentes, como las relaciones prematrimoniales. Un libro particularmente útil para los jóvenes.

LÓPEZ ORTEGA, J. A, Educación de la sexualidad. Un libro asequible, claro y didáctico, especialmente apropiado para padres, profesores y jóvenes.

LÓPEZ PARDO, Camilo. Pureza, camino de amor. Folleto MC, 492

NORIEGA, J. El destino del Eros. Perspectiva de moral sexual. Pelícano. Madrid 2005. El autor, sacerdore del Instituto Religioso Discípulos de los Corazondes de Jesús y María ofrece numerosas consideraciones de interés para estudiosos, padres y educadores.

SANTAMARIA GARAI, Mikel G.: Saber amar con el cuerpo. Ecología sexual, Azpitarte Rousse J., Bilbao 1993; Palabra, Madrid 1996, 112 págs. Es comprensible el éxito que ha alcanzado este libro –especialmente entre los lectores jóvenes-. Este teólogo vasco analiza con amenidad y certera lucidez temas muy variados como el sentido del sexo, “la locura de casarse”, la personalización de la sexualidad, la intimidad corporal, el desnudo, el dominio de los sentidos, etc.

SORIA, José Luis: Amar y vivir la castidad, Palabra, Madrid 1989, 198 págs; El sexto mandamiento, folleto “Mundo Cristiano” nº 98.

TILMANN, Klemens: Educación de la sexualidad, Herder, Barcelona 1965.

Actitud de la Iglesia con respecto al cuerpo

index_clip_image002_00001


  • Lectura previa: El respeto al cuerpo según san Pablo, por Juan Pablo II

I Epístola de San Pablo a los Corintios: ¿Acaso no sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, [10] ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.

[11] y esto erais algunos. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre de Jesucristo el Señor y en el Espíritu de nuestro Dios.

[12] Todo me es lícito; pero no todo conviene. Todo me es lícito; pero no me dejaré dominar por nada. [13] La comida para el vientre, y el vientre para la comida. Pero Dios destruirá lo uno y lo otro. Por otra parte, el cuerpo no es para la fornicación sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. [14] y Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros por su poder

[15] ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿voy a tomar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una meretriz? De ninguna manera. [16] ¿No sabéis que el que se une a una meretriz se hace un cuerpo con ella? Porque, dice la Escritura: Serán los dos una sola carne. [17] En cambio, el que se une al Señor se hace un solo espíritu con él.

[18] Huid de la fornicación. Todo pecado que un hombre comete queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. [19] ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? [20] Habéis sido comprados mediante un precio. Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.

El cristiano ha de ver en el sexo y en lo genital concretamente, no algo malo, sino una facultad concedida por Dios al hombre, relacionada intrínsecamente y en su más profunda dimensión con el matrimonio, porque el poder de transmitir la vida, que es una componente esencial de la genitalidad, está por su naturaleza orientado a un fin que suera lo individual.

Es un presupuesto para la conservación y extensión de la especie humana, de tal modo que Santo Tomás llega a llamarlo “un bien de calidad superior”.

J. L. Soria, El sexto mandamiento

5. Valores fundamentales

Puesto que la ética sexual se refiere a ciertos valores fundamentales de la vida humana y de la vida cristiana, a ella se le aplica de igual modo esta doctrina general. En este campo existen principios y normas que la Iglesia ha transmitido siempre en su enseñanza sin la menor duda, por opuestas que les hayan podido ser las opiniones y las costumbres del mundo.

Estos principios y estas normas no deben en modo alguno su origen a un tipo particular de cultura, sino al conocimiento de la ley divina y de la naturaleza humana. Por lo tanto, no se los puede considerar como caducos, ni cabe ponerlos en duda bajo pretexto de una situación cultural nueva.

Tales principios son los que han inspirado los consejos y las orientaciones dadas por el Concilio Vaticano II para una educación y una organización de la vida social que tengan cuenta de la dignidad igual del hombre y de la mujer, en el respeto de sus diferencias 8.

Hablando de “la índole sexual del hombre y [de] la facultad generativa humana”, el Concilio ha hecho notar que “superan admirablemente lo que de esto existe en los grados inferiores de la vida”9.

A continuación se ha aplicado a exponer en particular los principios y los criterios que conciernen a la sexualidad humana en el matrimonio, y que tienen su razón de ser en la finalidad de la función específica del mismo.

A este propósito declara que la bondad moral de los actos propios de la vida conyugal, ordenados según la verdadera dignidad humana, “no dependen solamente de la sincera intención y apreciación de los motivos, sino de criterios objetivos, tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, que guardan íntegro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación, entretejidos con el amor verdadero”10.

Estas últimas palabras resumen brevemente la doctrina del Concilio, expuesta más ampliamente con anterioridad en la misma Constitución 11, sobre la finalidad del acto sexual y sobre el criterio principal de su moralidad: el respeto de su finalidad es el que asegura su honestidad a este acto.

Este mismo principio, que la Iglesia deduce de la Revelación y de su interpretación auténtica de la ley natural, funda también aquella doctrina tradicional suya, según la cual el uso de la función sexual logra su verdadero sentido y su rectitud moral tan sólo en el matrimonio legítimo 12.