Archivo de la etiqueta: martirio

Los primeros cristianos. Tarsicio, 11 años.

index_clip_image002_00044El retrato funerario que acompaña este texto es de un niño de la época romana, presumiblemente pagano. En esa época, durante el mandato de Valeriano, los cristianos sufrieron persecución y un niño romano de once años -la edad aproximada del niño del retrato- murió mártir, fiel a su vocación cristiana, por amor a Cristo.

En el siguiente relato de un autor actual se evoca su martirio:

“Es un día especial para los primeros cristianos de Roma. Sixto es ahora el sucesor del pontífice Esteban al que han matado los perseguidores. Todos cantan salmos, en medio de un gran silencio se leen algunos trozos del Evangelio.

El diácono Lorenzo pone pan y vino sobre la mesa y el anciano sacerdote comienza la fórmula de la consagración. Antes de comulgar se dan el ósculo de la paz. Todos conocen las consecuencias de su vocación cristiana, y la viven con coherencia, aunque pueda llevarlos a la muerte.

Antes de dispersarse hay un recuerdo para los encarcelados; son los confesores de la fe; no han querido renegar. Rezan por ellos, deseando hacerles partícipes de los santos misterios para que le sirvan de fortaleza en la pasión y en los tormentos.

¿Quién puede y quiere afrontar el peligro? Hace falta un alma generosa. Delante del nuevo papa Sixto un niño, Tarsicio, extiende la mano. Aceptan: nadie sospechará de un niño.

Jesús Eucaristía es envuelto en un fino lienzo y depositado en sus manos. S ólo tiene once años y es conocido por su fe y su piedad; no se ha amilanado en la furia de la persecución, aunque vio cómo mataban al papa Esteban.

Pasa junto al Tíber. Al verlo, unos amigos le llaman para jugar. Se niega; ellos se acercan: “¿Qué llevas ahí? Queremos verlo”. Quiere echar a correr, pero es tarde. Uno de los que se ha acercado al grupo se hace cargo de la situación y dice: “Es un cristiano que lleva sortilegios a los presos”. Pequeños y mayores emplean ahora, bajo excusa de la curiosidad, con furia y saña, palos y piedras.

Recogieron el cuerpo destrozado de Tarsicio y lo enterraron en la catacumba de Calixto.

Al fin de la persecución, el papa Dámaso mandó poner sobre su tumba estos versos:

Queriendo a san Tarsicio almas brutales
arrebatar el sacramento de Cristo,
prefirió entregar su corta vida
antes que los misterios celestiales.”

Primeros cristianos, trabajadores corrientes

index_clip_image002_000110

  • Algunos de los primeros cristanos sufrieron el martirio, pero la mayoría fueron trabajadores normales, como tantos otros, que pasaron su vida trabajando y se enfrentaron con el mismo reto que nosotros: el reto apasionante de construir una nueva civilización enraizada en Cristo.

  • Esos primeros cristianos tenían muy presente el ejemplo de Cristo, que trabajó durante gran parte de su vida con normalidad. Dice san Justino en su Diálogo con Trifón, 88,8 que Cristo “fue considerado Él mismo como carpintero y fábricó arados y yugos mientras estaba entre los hombres, enseñando… lo que es una vida de trabajo”.

Cristo es la Verdad y la Vida

Los primeros cristianos. testigos de la Verdad hasta el martirio


Martirio de los santos de Escilia, una aldea de Numidia, Africa septentrional

El proceso contra los cristianos de Escilio tuvo lugar en el verano del 180 d. de J. C., en los comienzos del imperio de Cómodo. Este texto es posiblemente el acta del proceso -es decir, un documento público-, a la que el transcriptor habría añadido, como comentario, la última parte. Es el primer testimonio sobre el martirio de los cristianos africanos. El rostro es el retrato de un joven de la época, posiblemente pagano, contemporáneo de aquellos sucesos.

index_clip_image0017

“Siendo cónsules Presente, por segunda vez, y Claudiano, dieciséis días antes de las calendas de agosto (= el 17 de julio), fueron convocados a la presencia de la autoridad judiciaria Esperato, Nartzalo, Citino, Donata, Segunda y Vestia.

El procónsul Saturnino les dijo: ‘Pueden merecer la indulgencia de nuestro soberano, si vuelven a pensamientos de rectitud’.

Esperato respondió: ‘No hemos hecho nada malo, no hemos cometido ninguna iniquidad, ni hablado mal de nadie, por el contrario hemos siempre devuelto bien por mal; obedecemos, pues, a nuestro emperador’.

Dijo todavía el procónsul Saturnino: ‘También nosotros somos religiosos y sencilla es nuestra religión. Juramos por el genio de nuestro soberano y dirigimos a los dioses súplicas por la salvación de él , cosa que también ustedes han de hacer’.


Respondió Esperato: ‘Si me prestas atención con calma, te explicaré el misterio de la sencillez’.

Replicó Saturnino: ‘No te voy a escuchar en esta iniciación en la que ofendes nuestros ritos; juren más bien por el genio de nuestro soberano’.

Respondió Esperato: ‘Yo no conozco el poder del siglo, sino que estoy sujeto a ese Dios al que ningún hombre vio jamás ni puede ver con sus ojos. No cometí nunca un robo, sino que cada vez que concluyo un negocio pago siempre el tributo, porque obedezco a mi soberano y emperador de los reyes de todos los siglos’.

El procónsul Saturnino dijo a los otros: ‘Desistan de tal convicción’.

Repuso Esperato: ‘Es un mal sistema amenazar con matar si no se jura en falso’.

Dijo también el procónsul Saturnino: ‘No adhieran a esta locura’.

Dijo Citino: ‘No hemos de temer a nadie sino a nuestro Señor que está en los cielos’.

Añadió Donata: ‘Honor a César como soberano, pero temor, a Dios solamente’.

Prosiguió Vestia: ‘Soy cristiana’.

Dijo Segunda: ‘Lo que soy, yo quiero ser’.

El procónsul Saturnino le preguntó a Esperato: ‘¿Persistes en declararte cristiano?’

Respondió Esperato: ‘Soy cristiano’ y todos asintieron a sus palabras.

Preguntó también el procónsul Saturnino: ‘¿Quieren un poco de tiempo para decidir?’

Respondió Esperato: ‘En una cuestión tan claramente justa, la decisión ya está tomada’.

Preguntó después el procónsul Saturnino: ‘¿Qué tienen en esa cajita?’

Respondió Esperato: ‘Libros y las cartas de san Pablo, varón justo’.

Dijo el procónsul: ‘Tienen una prórroga de treinta días para reflexionar’.

Esperato repitió: ‘Soy cristiano’, y todos estuvieron de acuerdo con él.

El procónsul Saturnino leyó el decreto de lo actuado: ‘Se decreta que sean decapitados Esperato, Nartzalo, Citino, Donata, Vestia, Segunda y todos los demás que han declarado vivir según la religión cristiana, porque, a pesar de serles dada facultad de tornar a las tradiciones romanas, lo han rehusado obstinadamente‘.

Esperato dijo: ‘Demos gracias a Dios’. Nartzalo añadió: ‘Hoy seremos mártires en el cielo. ¡Sean dadas las gracias al Señor!’

El procónsul Saturnino hizo proclamar la sentencia por el pregonero: ‘Esperato, Nartzalo, Citino, Veturio, Félix, Aquilino, Letancio, Genara, Generosa, Vestia, Donata, Segunda han sido condenados a la pena capital’.

Dijeron todos: ‘¡Sean dadas las gracias a Dios!’ y en seguida fueron degollados por el nombre de Cristo” (de las Actas de los mártires escilitanos, publicadas por primera vez por C. Baronio en los Annales Ecclesiastici, 1588-1607).