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2.1. PUBERTAD O ADOLESCENCIA INICIAL (12 a 15 años)


a) RASGOS COMUNES: comienza con el desarrollo puberal y llega hasta los catorce o quince años, los chicos normalmente siempre unos años más tarde, -insisto en que lo de las edades es a título indicativo, de estudio, que en la realidad pueden adelantarse o retrasarse en todas las etapas-. Coincide con la etapa de máximos cambios en el crecimiento físico y en desarrollo sexual. Es un período de sorpresas para los padres inexpertos; comprueban cómo su hijo se vuelve desobediente, rebelde o “maleducado”, dando la impresión de que todos los esfuerzos para educar al niño han sido baldíos.

En este proceso de maduración mental se observa que, junto a un desarrollo para el pensamiento abstracto hay, cierta sistematización de ideas. Los sentimientos y la imaginación influyen de un modo especial sobre la vida mental, lo que contribuye al cambio y a la versatilidad de intereses y opiniones. Estos intereses responden menos a una curiosidad intelectual que a una avidez de experiencia.

La intensa vida afectiva se manifiesta más hacia fuera que hacia dentro durante esta fase. El púber es víctima de un desequilibrio emocional que se manifiesta en la sensibilidad exagerada y en el carácter irritable. Los rasgos de irritabilidad se dan junto con los rasgos de timidez y ternura).

Con respecto a la maduración social, el rasgo más típico es la pertenencia al grupo de compañeros de estudio o de “camaradas”.

b) RASGOS NO COMUNES: En algunos adolescentes el desarrollo repercute más fuerza de lo normal en la vida de la inteligencia. En estos casos se muestran ensimismados. La forma de pensar de ahora es el ensueño y la fantasía: soñar despierto. El sentimiento de inseguridad les mueve en ocasiones a refugiarse en un mundo de ficción. Esta evasión es un mecanismo de defensa que puede perturbar el pensamiento abstracto y, como consecuencia, los estudios.

En el aspecto afectivo cabe señalar, las excentricidades para llamar la atención de los demás, para hacerse notar.

En relación con la vida social cabe señalar que algunos púberes encuentran dificultad especial para sintonizar con el mundo de los mayores (de ahí la huída de los padres). No se sienten seguros en este medio, refugiándose a veces en el aislamiento y otra en el grupo de camaradas.

c) AYUDAS POSITIVAS: El problema que se plantea en esta época es que el educador debe de exigir además de comprender. O cuando las pretensiones son desorbitadas, ¿qué hacer?, estudiar las diversas alternativas, tomar decisiones…., pero nunca abdicar.

El púber y el adolescente, muchas veces, ponen a prueba la solidez de los criterios del adulto a través de sus exigencias y de su rebeldía. Desde este aspecto, la adolescencia es un reto, la adolescencia de los hijos es un reto para la maduración de los padres.

Por eso además de comprender a los adolescentes hay que exigirles -así mismo a los adultos- certeza en los criterios y coherencia en las actitudes y en la conducta. La autoridad en esta etapa se ha de basar fundamentalmente en la convicción profunda de que su ejercicio es un servicio para el bien del hijo, por incómodo que resulte para unos y para otros. Hemos llegado al momento de razonar las decisiones, aún sabiendo, y que no siempre los hijos aceptarán a sus padres o la interpretarán con exactitud.

Siguiendo al profesor Gerardo Castillo, en esta etapa la ayudas que podemos dar a nuestros hijos o a nuestros educandos, se pueden resumir:

1. Dar información de sí mismo, de la realidad exterior y que aprendan a actuar en consecuencia. Para ello: revelarle cómo es (posibilidades y limitaciones), qué le está ocurriendo y qué sentido tienen los cambios que está sufriendo. Fomentar y orientar su curiosidad, ponerle en contacto con realidades desconocidas por él (lecturas variadas, muy aconsejables en esta edad: biografías, relatos de hechos reales, libros sobre naturaleza; excursiones, viajes, visitas culturales…).

Será necesario estimular tanto la aceptación de sí mismo como de que pida y acepte ayudas de los demás, cuando sea necesario, por ejemplo, en la metodología de estudio. Aquí lo fundamental es favorecer la virtud del optimismo, que supone confiar en las propias posibilidades y en la ayuda a los demás en orden a afrontar las posibilidades que se presentan.

2. Orientarles a adquirir una noción correcta de la libertad y del uso correcto de ella. Para lograrlo convendrá aprovechar todas las ocasiones para hacerle pensar: que analice objetivamente los hechos y que aprenda a descubrir cuál es el problema antes de actuar, que pondere detenidamente las alternativas antes de tomar decisiones. Dejarle claro el concepto de libertad. Enseñarles a hacer compatible la autonomía personal (en la elección de amigos, uso del tiempo libre, en la vestimenta, en las lecturas, en las diversiones, etc.) con la obediencia y aceptación de la orientación personal de los padres.

Dar oportunidades frecuentes para que se ejercite en la toma de decisiones personales, saber elegir y que asuma las consecuencias de la decisión adoptada. En necesario para todo ello favorecer el desarrollo de la fortaleza. Para ello convendrá proporcionarle ocasiones en que pueda hacer cosas que les supongan esfuerzo personal y otras, aceptar las contrariedades que se presentan.

3. Fomentar el aprendizaje de la convivencia y el buen uso del tiempo libre. Para ello: crear hábitos de flexibilidad en las relaciones sociales: esta virtud está muy relacionada con el respeto, que se puede concretar en los siguientes aspectos: tratar a los demás con la debida consideración, no murmurar o criticar de los demás, saber agradecer los favores recibidos…

En cuanto al uso responsable del tiempo libre, entre otras cosas proponer y sugerir actividades que le permitan estar siempre ocupado. Implica dar criterio con respecto a las lecturas, amigos y diversiones.

4. Por último, guiarles en las tareas de defenderse de las influencias negativas del ambiente, especialmente de las que derivan de la manipulación publicitaria, de la sexualidad y de valores. Para ello, es importante “abrirle los ojos”, fomentar la reflexión y el espíritu crítico, para no aceptar indiscriminadamente todo lo que se le propone u ofrece.

Los adolescentes necesitan, junto con las ayudas antes señaladas, adquirir un buen criterio en relación con temas de consumo, de sexo y de valores, de tal manera, que su educación les capacite ante caprichos y necesidades que se crean ellos mismos (influídos por la publicidad, fundamentalmente televisiva) adoptando un disconformidad de ir en contracorriente.

La virtud de la sobriedad les permitirá por una parte “distinguir lo que es inmoderado” y, por otra “utilizar razonablemente su dinero, sus esfuerzos, etc., de acuerdo con criterios rectos y verdaderos.

Durante esta etapa, hemos hecho referencia al desarrollo de las virtudes de: optimismo, fortaleza, y sobriedad; también es importante iniciar el desarrollo del pudor.

El profesor David Isaacs, dice que entre los ocho y doce años, se deben desarrollar, la siguientes virtudes: fortaleza, perseverancia, laboriosidad, paciencia, responsabilidad, justicia y generosidad. Es decir, que estas virtudes debieran estar desarrolladas cuando el niño llega a la adolescencia, pero tampoco no desesperarse si no lo están, en educación siempre hay solución: siempre se está a tiempo.

Las indicaciones del citado profesor, pueden servir como una base flexible, en torno a la cual los padres pueden reflexionar para luego concretar su actuación en su situación particular. No tiene gran importancia el hecho de desarrollar una virtud u otra. El conjunto de virtudes en desarrollo es lo que interesa.

2.2. LA ADOLESCENCIA MEDIA O PROPIAMENTE DICHA (15 a 18 años)

a) RASGOS COMUNES: Se aprecia una clara maduración mental que se refleja en el alto desarrollo de la capacidad intelectiva. Existe una capacitación para el pensamiento abstracto y a la vez una mayor reflexión y sentido crítico que en la fase anterior. Sin embargo la idea del adolescente sigue siendo fuertemente condicionada por la intensa vida afectiva (estados de ánimo). Esto lleva a una falta de objetividad que explica el dogmatismo con el que frecuentemente procede en defensa de sus opciones.

La maduración afectiva expresa ahora un enriquecimiento como resultado de una mayor profundización en la intimidad, lo que hace que ahora el adolescente sea muy introvertido, observándose en ciertas actitudes un fuerte sentimiento de autoafirmación de la personalidad: obstinación, terquedad, afán de contradicción. (El adolescente se cierra a las razones, se aferra con obstinación a sus puntos de vista atrevidos y resoluciones imprudentes.

Si se le da la orden con violencia y rigor, lejos de conseguir el efecto deseado, sirve para fortalecer su obstinación, lo que le lleva a cierta agresividad).

Uno de los rasgos dentro de la madurez afectiva es la necesidad de amar y de ser amado. Lo que da lugar al nacimiento de la amistad y del primer amor.

A partir de los quince o dieciséis años no les satisface la relación de camaradería (asociación de compañeros para compartir una experiencia, no había intercambio de vivencias personales), a partir de ese momento es sustituido por la pandilla, donde se da una comunicación muy estrecha con capacidad de responder a un sentimiento de amistad.

El adolescente más tarde sentirá la necesidad de darse por completo a los demás, de llegar a una relación más profunda y personal, lo que hace que la pandilla o grupo de amigos sea sustituido por uno o dos amigos como máximo. -El sentirse distinto a los demás le mueve a buscar un amigo que le comprenda y con quien pueda compartir sus proyectos, sus ilusiones y sus fracasos-. Un rasgo típico es la idealización del amigo.

Otro rasgo típico de esta edad es la timidez, que tiene su origen en la desconfianza de sí mismo y en los demás. Este fenómeno se explica comparando la seguridad casi inconsciente del niño, que prácticamente se limita a actuar siguiendo las ideas de sus padres, con la inseguridad del adolescente a quien no le bastan o no les satisfacen plenamente aquellas ideas.

b) RASGOS NO COMUNES: en algunos adolescentes el desarrollo del sentido crítico les lleva a la duda sistemática de la autoridad intelectual de los adultos (que son desmitificados). Sus nuevos mitos pueden ser los amigos, los escritores, los actores de televisión o los cantantes de moda …. Aparece también, a veces, un entusiasmo por la verdad, por la conquista de la verdad, con el prurito de tener “sus propias ideas”.

A veces, la agresividad de esta fase se radicaliza, dando lugar a transgresiones de la ley moral de forma intencionada. Esto se debe a que desearía ser algo y mover la admiración por su obra, pero como nadie se lo toma en serio, entonces se orienta hacia lo que se siente capacitado: hacer groserías, brutalidades, excesos, transgresiones. Pero todo ello no es sino una defensa y protección de la propia personalidad.

Aun cuando disminuye el problema de la integración social, estas dificultades persisten en algunos adolescentes. El amigo único suele ser en estos casos la única persona a la que abren la intimidad.

También se puede observar en algunos adolescentes, sobre todo en el ámbito familiar, el fenómeno de mutismo. Son capaces de pasarse horas sin decir nada. No debe tomarse como síntoma de intimidad familiar, ya que en muchos casos, se trata de que no tiene nada que decir o no están en disposición de ello, debido al bloque afectivo que padecen.

c) AYUDAS POSITIVAS: ¿Cómo ayudar al que no quiere ser ayudado?. Los adolescentes quieren valerse por sí mismos, esto es positivo, están afirmando su personalidad. Las ayudas de los padres son tomadas como una ofensa: se sienten tratados como niños. A veces estas ayudas son innecesarias, (típico de padres perfeccionistas) bien por una actitud de autosuficiencia, fruto de la inexperiencia o porque les molesta el procedimiento utilizado para darlas.

De acuerdo con ello, el profesor Gerardo Castillo aconseja:

1. Ayudar al adolescente cuando tenga conciencia de que necesita ayuda o deseo de aceptarla. La tarea del educador es poner los medios para que descubra los límites de su capacidad y provoque el deseo de que se le ayude. En ocasiones, el mejor procedimiento es dejar al hijo que se equivoque.

2. Cuidar la forma o el procedimiento. Conviene prestar la ayuda como una colaboración, un trabajo juntos para resolver un problema.

3. Tratarle o hablar más que como es, cómo nos gustaría que fuera. Y sobre todo escucharle, escucharle, escucharle mucho.

La orientación educativa deberá centrarse, fundamentalmente, en dos puntos: educación del carácter y las relaciones con los demás (especialmente con los padres y con los amigos). También cabe referirse a la necesidad de orientación en temas de estudio, dinero, trabajo, tiempo libre, elección vocacional…(pero será objeto de otros temas específicos en este curso).

Con respeto al dogmatismo propio de la edad, convendrá aprovechar su capacidad para el pensamiento lógico: una postura radical se desmonta muchas veces haciendo pensar, razonándoles.

Proporcionando datos reales o remitiéndole a alguna fuente que le permita ampliar el punto de vista personal. Lo que no conviene es establecer discusiones al mismo nivel para intentar disuadir sus argumentos. La agresividad de esta edad (en forma de obstinación, terquedad, malos modales, etc.) no se resuelve con violencia o rigor, pues la raíz de estas dificultades no es la maldad, sino en la falta de maduración, de no poder valerse por sí mismos.

Lo fundamental, en este sentido, es que los padres no pierdan la calma, procurando ser sobrios en gestos y palabras. Los “dramatismos” son contraproducentes. Ante reacción agresiva del hijo, suele ser útil ignorar en un primer momento ese comportamiento y esperar a que el chico se calme. En un segundo momento, convendrá mantener una charla con el, con calma y tranquilidad, llevándole a analizar fríamente su comportamiento y que él mismo deduzca algunas consecuencias. De esta forma se fomentará el conocimiento de sí mismo y la autoexigencia.

Ante el problema de alejamiento de los padres y el refugio en el grupo de amigos, “hay que encajar el golpe con deportividad”, es un comportamiento normal en esa edad, Está en la línea del desarrollo de la autonomía personal. Satisfacer esa necesidad es una de las principales “cruces de la paternidad”. Sí bien pasada esa fase, el chico vuelve a la familia.

Siguiendo al profesor Gerardo Castillo:

no se trata de renunciar a la influencia paterna, sino de hacerla compatible con la de los amigos. Para ello integrar a los amigos en el ámbito familiar. Que la casa esté abierta desde el principio a los amigos de los hijos. Ello tiene la ventaja de poder conocer directamente quiénes son y cómo son los amigos de nuestros hijos.

Aquí cabría hablar de la educación para la amistad, pero será objeto de otro trabajo.

En todas las ayudas que nos hemos referido, hay un denominador común: la exigencia comprensiva o la comprensión exigente. Diremos, por último, que es muy importante ayudarles a encontrar un modelo a imitar.

El buen ejemplo de los padres, es un factor decisivo, especialmente si tienen relación con las virtudes más necesarias en este momento: autodominio, fortaleza, optimismo y sobriedad.

Es importante volver a insistir en la virtudes: fortaleza, perseverancia y optimismo. E intentar desarrollar, entre los trece y quince años con las siguientes: “pudor, sobriedad, sociabilidad, amistad, respeto, sencillez y patriotismo”