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El juicio práctico

Es un acto cognoscitivo por el que la razón destaca, por encima de las demás, la acción que debe realizarse. Este acto engendra la virtud llamada synesis, que quiere decir sensatez, sentenciar bien, juzgar rectamente, tener buen sentido, rechazando ideas y concepciones erróneas[i]. A la sensatez se opone la inconsideración o insensatez.

Todavía hay otra virtud relacionada con el juicio práctico: la gnome, juicio equitativo o sentido de la excepción, que consiste en saber sentenciar ad casum, cuando se presenta la necesidad de hacer alguna cosa al margen de las reglas comunes de acción. Mientras que la synesis se refiere al juicio recto sobre las cosas comunes y ordinarias, la gnome se refiere al recto juicio en los casos excepcionales no previstos por las leyes humanas[ii]. Esta virtud facilita la epiqueya, que consiste en apartarse de la materialidad o letra de la ley para realizar justamente la intención del legislador.


[i] Cf. S.Th., II–II, q. 51, a. 3.

[ii] Cf. S. TOMÁS DE AQUINO, In Ethicorum, l. VI, lec. 9, n. 9. Eubulia, synesis y gnome son las virtudes anejas o partes potenciales de la prudencia.

20. Objetividad:

consiste en aprender a valorar las situaciones con realismo, impidiendo que los sentimientos momentáneos nos hagan perder “el sentido de la realidad”.

Lleva a saber esperar el momento adecuado para juzgar libres de emociones perturbadoras. La persona objetiva es capaz de reconocer, por ejemplo, que le han suspendido el inglés porque ha estudiado poco; la persona poco objetiva se abandona a los sentimientos más disparatados: Me han suspendido el inglés: hay una conspiración general contra mí: de mis padres, de mis compañeros y de mi profesor de inglés para que no apruebe jamás).

La persona objetiva procura serlo consigo misma y con los demás, sin crear en ellos unas expectativas que luego dificilmente se pueden cumplir: “Si apruebo el examen de inglés te invitaré a un paseo en barco alrededor del mundo”.