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LAS VIRTUDES HUMANAS: Características de las virtudes intelectuales

Se suele afirmar que las virtudes intelectuales no son estrictamente virtudes, porque, aunque son buenas cualidades del alma, no perfeccionan a la persona desde el punto de vista moral. Mientras que las virtudes morales dan la capacidad para obrar moralmente bien, las intelectuales solo proporcionan el conocimiento de la verdad, y no garantizan el buen uso de ese conocimiento. Sin embargo, esta afirmación no es aplicable a la prudencia –que puede considerarse la virtud moral por excelencia-. En cuanto a las demás, es necesario tener en cuenta lo siguiente: el hecho de que no perfeccionen moralmente a la persona no quiere decir que carezcan de relevancia para la vida moral, ni que su adquisición sea independiente de las virtudes morales del sujeto. Como se irá viendo, unas y otras están íntimamente relacionadas.

Los hábitos de los primeros principios están íntimamente radicados en la naturaleza de la persona: puede decirse que, en cierto modo, son innatos a su mente[i]. Son una luz intelectual que se actualiza ante la presencia de su objeto propio (la verdad y el bien): siempre que la persona quiere conocer la verdad y el bien, los primeros principios del ser y de la bondad se le presentan como evidentes. Ahora bien, el conocimiento que nos proporcionan estos hábitos se afirma y se hace más luminoso a medida que el sujeto actúa virtuosamente; y, por el contrario, se oscurece en la práctica si el hombre se deja llevar por el error, o actúa en contra de lo que establece la sindéresis.

La sabiduría, como conocimiento de la verdad sobre Dios y sobre el sentido último de la realidad, es una virtud del entendimiento especulativo. Desde este punto de vista, no constituye una virtud en el sentido pleno del término[ii]: no implica necesariamente la perfección moral de quien la posee. Pero tiene también una vertiente práctica, que consiste en dirigir toda la vida de la persona de acuerdo con Dios, Verdad suprema y fin último[iii]. El hombre verdaderamente sabio es aquel que no solo posee conocimientos sobre Dios, sino que además los toma como criterio de pensamiento y regla de actuación. Por otra parte, como veremos más adelante, las virtudes morales de la persona juegan un papel muy importante en la adquisición de la verdadera sabiduría.

Los conocimientos científicos y técnicos, por sí mismos, no hacen moralmente bueno al hombre: puede adquirirlos y emplearlos para el bien o para el mal. Pero si los usa bien –lo cual depende de la  voluntad-, se convierten en camino para conocer y amar más a Dios, y en medio para contribuir al desarrollo material y a la perfección moral de uno mismo y de los demás. En este sentido, pueden considerarse virtudes.


[i] Cf. S. TOMÁS DE AQUINO, In II Sententiarum, d. 24, q. 2, a. 3c.

[ii] Cf. ID., Summa Theologiae, I-II, q. 57, a. 1 (en adelante S.Th.)

[iii] Cf. ID., De Veritate, q. 15, a. 2.

¿Qué significa conocerse uno mismo?

  • Significa conocer los rasgos principales de nuestro carácter y temperamento.

Significa esforzarse por conocer nuestras aptitudes y limitaciones, nuestras virtudes y defectos, nuestros puntos débiles y nuestros puntos fuertes, sin supravaloraciones ni infravaloraciones, pidiendo perdón a Dios y a los demás, y perdonándonos a nosotros mismos, sin escandalizarnos, cuando cometemos fallos y errores:

“En otras ocasiones, el rechazo que (los adolescentes) experimentan por ellos mismos es tan intenso, que puede hablarse de una profunda crisis vital. Eso sucede cuando el adolescente se escandaliza de sí mismo a causa de lo que ha hecho. La espontaneidad de su vida se transforma, entonces, en un drama que asfixia y roza casi lo trágico.

El adolescente no entiende cómo puede haber hecho aquello o cómo le ha podido pasar a él -sí, a él, precisamente- lo que le ha sucedido.

La imagen que tenía de sí se ha hecho añicos y no entiende, ni sabe, ni quiere, ni puede recomponerla. En consecuencia no es capaz de perdonarse a sí mismo.

Sin perdón no es posible la aceptación de sí, y sin esta no hay nada que estimar. Pero esto, afortunadamente, sólo sucede en algunos o muy pocos adolescentes.

(Familia y autoestima)

  • Significa ser conscientes de los hábitos poseemos, saber cuáles nos faltan por adquirir; y reflexionar sobre los medios que debemos poner para conseguir los hábitos que nos faltan.

  • Significa comprender e interpretar bien nuestros sentimientos y los de los demás en cada momento

Los hábitos -de estudio, de lectura, etc.-: esas buenas costumbres intelectuales que tanto ayudan a conseguir un ideal

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  • Toda profesión supone una serie de hábitos que se adquieren durante los estudios de bachillerato y la carrera.
  • Preguntas para un estudiante de 15 o 16 años:

– ¿Téngo hábito de estudio, o estudio sólo ante la proximidad de los exámenes?

– ¿Tengo capacidad de concentración? ¿Estoy habitualmente disperso?

– ¿Sé pensar y relacionar, o me conformo con aprenderme de memoria las materias y recitarlas como un papagayo?

– ¿Tengo intuición, imaginación, capacidad de síntesis?

– ¿Conozco los defectos que tengo que superar en mis hábitos de estudio? ¿Sé que medios debo poner?

– ¿Aprovecho el tiempo?

– ¿Qué persona me puede ayudar eficazmente en este aspecto?

– ¿Qué opinión tienen de mí los profesores que han visto mi evolución durante años?

– ¿En clase me dedico sólo a tomar apuntes?

– ¿Estoy concentrado en clase?