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Actitud de la Iglesia con respecto al cuerpo

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  • Lectura previa: El respeto al cuerpo según san Pablo, por Juan Pablo II

I Epístola de San Pablo a los Corintios: ¿Acaso no sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, [10] ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.

[11] y esto erais algunos. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre de Jesucristo el Señor y en el Espíritu de nuestro Dios.

[12] Todo me es lícito; pero no todo conviene. Todo me es lícito; pero no me dejaré dominar por nada. [13] La comida para el vientre, y el vientre para la comida. Pero Dios destruirá lo uno y lo otro. Por otra parte, el cuerpo no es para la fornicación sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. [14] y Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros por su poder

[15] ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿voy a tomar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una meretriz? De ninguna manera. [16] ¿No sabéis que el que se une a una meretriz se hace un cuerpo con ella? Porque, dice la Escritura: Serán los dos una sola carne. [17] En cambio, el que se une al Señor se hace un solo espíritu con él.

[18] Huid de la fornicación. Todo pecado que un hombre comete queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. [19] ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? [20] Habéis sido comprados mediante un precio. Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.

El cristiano ha de ver en el sexo y en lo genital concretamente, no algo malo, sino una facultad concedida por Dios al hombre, relacionada intrínsecamente y en su más profunda dimensión con el matrimonio, porque el poder de transmitir la vida, que es una componente esencial de la genitalidad, está por su naturaleza orientado a un fin que suera lo individual.

Es un presupuesto para la conservación y extensión de la especie humana, de tal modo que Santo Tomás llega a llamarlo “un bien de calidad superior”.

J. L. Soria, El sexto mandamiento