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El trabajo apostólico del Opus Dei.



  • Todos los bautizados tienen, como fruto de su vocación bautismal, una misión evangelizadora.
  • Los cristianos viven esa misión evangelizadora -común para todos- de diversas formas, en función de las circunstancias en las que Dios le haya puesto.
    • Hay personas a las que Dios les pide un alejamiento del mundo (por ejemplo, las monjas de clausura). Estas personas llevan a cabo su misión evangelizadora desde el corazón de la Iglesia, sosteniendo y alentando con su oración y su penitencia, con su petición constante al Señor, la acción apostólica del resto de los miembros del Pueblo de Dios.
    • A otras personas les pide una formas muy concreta de apostolado. Por ejemplo muchos religiosos se dedican a diversas parcelas evangelizadoras, como la enseñanza, dando un testimonio escatológico al resto de la Iglesia.
  • A la mayoría de los cristianos -entre ellos, los miembros del Opus Dei- Dios les pide que vivan su vocación bautismal en medio de sus propias circunstancias de trabajo y que ejerciten su acción evangelizadora entre sus iguales: su familia, sus parientes, sus amigos, sus colegas de profesión o de deporte.
    • El apostolado que realizan los miembros del Opus Dei tiene un carácter netamente laical porque es ejercido por laicos, por cristianos corrientes que llevan el anuncio de Cristo a los que les rodean -familia, parientes, amigos, colegas de trabajo, etc.- mientras desempeñan su trabajo profesional.
    • Del trabajo apostólico personal de cada miembro del Opus Dei nacen habitualmente frutos para toda la Iglesia (vocaciones sacerdotales para el Seminario, vocaciones para la vida religiosa, para diversos caminos de santidad: monjas de clausura, misioneros, etc. ). San Josemaría no deseaba que se apagase ninguna llama que se encendiese por amor a Cristo y enseñó siempre a ayudar a cada alma a seguir su propia llamada.
    • Su trabajo apostólico tiene un hondo sentido eclesial y ecuménico, que son rasgos propios de la acción evangelizadora de los miembros de la Prelatura.
      • El hondo sentido eclesial, fruto del amor a todos los carismas que el Espíritu suscita en su Iglesia, lleva a los miembros del Opus Dei a respetar todos los modos apostólicos aprobados por la Iglesia, viendo en esos carismas los dones con los que el Espíritu Santo la bendice constantemente.
      • El sentido ecuménico lleva a los miembros del Opus Dei tratar a personas de todas las religiones, con un hondo respeto por su libertad. El Opus Dei, como es sabido, fue la primera institución de la Iglesia que contó con cooperadores no católicos y no cristianos.
    • Como sucede en tantas realidades de la Iglesia, los miembros del Opus Dei tienen algunos -pocos- modos propios, sancionados por la Iglesia, a la hora de realizar su apostolado personal.


¿Quién me manda a mí meterme en la vida de los demás? Yo no sirvo para eso.

272 Si admitieras la tentación de preguntarte, ¿quién me manda a mí meterme en esto?, Habría de contestarte: te lo manda –te lo pide– el mismo Cristo. La mies es mucha, y los obreros son pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe operarios a su mies (Mt IX, 37–38.).

No concluyas cómodamente: yo para esto no sirvo, para esto ya hay otros; esas tareas me resultan extrañas. No, para esto, no hay otros; si tú pudieras decir eso, todos podrían decir lo mismo. El ruego de Cristo se dirige a todos y a cada uno de los cristianos.

Nadie está dispensado: ni por razones de edad, ni de salud, ni de ocupación. No existen excusas de ningún género. O producimos frutos de apostolado, o nuestra fe será estéril. (San Josemaría, Para que todos se salven)

La “eficacia” apostólica

  • Un hombre apostólico sabe que el Señor se sirve de sus defectos en la tarea evangelizadora, si lucha contra ellos, porque la evangelización no es el resultado de un conjunto de acciones puramente humanas, brillantes, acertadas y “eficaces”, sino fruto de la gracia de Dios.
  • El hombre apostólico confía plenamente en la gracia, sabiendo que Dios desea que ponga todos los medios humanos, aunque los frutos apostólicos no guarden relación ni sean consecuencia de esos medios: Dios es el que santifica.