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Trabajar y descansar con orden


  • Una persona ordenada en su trabajo es aquella que sabe situar el trabajo en su justo punto. Por eso, es conveniente:
    • Aprender a darle a cada asunto la importancia que tiene, sin exagerar.
    • No exagerar el alcance de los triunfos y fracasos profesionales (primero en el estudio; luego, en la profesión) que suelen ser muy relativos.
    • Procurar guardar un equilibrio interior y exterior frente a los problemas y dificultades, sin inhibirse ni excederse en la implicación personal.

    • Recordar que el día tiene 24 horas y que hay que hacer muchas cosas, pero que no todas las cosas pueden ni deben hacerse dentro del marco de esas 24 horas.
  • El desorden del trabajo -“la trepidación”- lleva al desorden del descanso, y con frecuencia –por su propia dinámica- lleva a planes de descanso que a veces son excesivos y exagerados, etc.
  • Aunque nuestra sociedad nos presente la imagen del “ejecutivo trepidante” como modelo de “alta eficacia”, la realidad manifiesta lo contrario. La trepidación, si está reñida con el orden y el sosiego, con la reflexión y la inteligencia, suele dar pocos frutos.
  • Además, una excesiva trepidación en el trabajo puede revelar:
  • falta de realismo y de humildad.
  • unas ambiciones desmedidas, con espectativas desmesuradas que no se corresponden habitualmente con la realidad.
  • miedo a fracasar, que lleva a poner medios excesivos y desproporcionados para conseguir el éxito.
  • falta de orden y planificación.
  • pereza, que lleva a dejar las cosas para el final.
  • un activismo perezoso interior que lleva a hacer muchas cosas, pero desordenadamente, realizando primero no las más urgentes sino las que más apetecen.

Ideas sobre el noviazgo

Extracto del artículo La Castidad y los Jóvenes de Mikel Santamaría. Palabra, 442-443, IV-01 (217)


NOVIAZGO, TIEMPO DE CONOCERSE Y DE SOPESAR LA CALIDAD DEL CARIÑO

El amor humano -sin mayores distinciones- tiene tres niveles: atracción física, enamoramiento afectivo y amor de entrega.

El amor es más que el enamoramiento, aunque lo suponga. El enamoramiento no es del todo libre: depende de uno mismo, pero a la vez es algo que «te sucede». Tampoco abarca la integridad de la otra persona, sino sólo sus aspectos que atraen.

El amor de entrega, en cambio, es algo que uno decide asumir con plena libertad. Incluye la total aceptación de la otra persona, también de sus defectos y limitaciones; si no, no se ama de verdad: se ama sólo el propio enamoramiento

El noviazgo es el tiempo en que un hombre y una mujer enamorados se tratan intensamente para conocerse uno a otro en profundidad, en orden a calibrar si pueden asumir un imponente proyecto de vida en común: fundar una familia. En otras palabras, el noviazgo es tiempo de sopesar si el mero enamoramiento de un varón y una mujer da o no lugar a un amor de entrega.

Nunca como en el noviazgo es más necesario mantener el corazón sometido a la cabeza. Esta lucidez -de importancia vital- lleva a renunciar al matrimonio si se descubre que no hay un amor de entrega -en uno mismo o en la otra persona-, lo que a la larga acarrearía el fracaso y la infelicidad. Entonces, lo obvio será cancelar las relaciones.

Castidad en el noviazgo: «Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno al otro de Dios.

Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad». Esto dice el Catecismo de la Iglesia Católica (Nº 2350).

Entre novios, las caricias y besos son manifestación natural del cariño. El núcleo del asunto está en cuidar que el cariño sea auténtico, evitando que una caricia sincera pueda disparar la excitación sexual, que estaría fuera de lugar.

La dinámica de la excitación reclama llegar hasta el final, porque está diseñada por Dios para ser vehículo de expresión y realización de la mutua y total entrega. De ahí que el único lugar lógico de la excitación sea el matrimonio, la unión conyugal de los esposos, la comunión de amor del único con la única. Buscarla, pues, sólo tiene sentido cabal cuando antes se ha dicho públicamente: «soy tuyo para siempre». Por eso, si se consiente o se busca fuera del contexto del amor matrimonial, se falsea su sentido y se estropea su sabor.

Asumir el riesgo de la vida

  • La vida está llena de riesgos: hay que aprender a asumir el riesgo de la vida, la aventura de la vida cristiana, sin miedo excesivo a equivocarse, a fracasar.
  • Eso no significa exponerse a riesgos innecesarios, por falta de responsabilidad o previsión, sino encarar la vida como un aprendizaje, con ánimo deportivo.
  • Asumir ese riesgo lleva a no esperar a tener un grado de certeza absoluto para confirmar que hemos hecho la elección adecuada.
  • Una vez decidido, no vale la pena replantearse constantemente la decisión.
  • Lleva a aprender a equivocarse con sentido deportivo. La vida cotidiana está de pequeños fracasos, equivocaciones y cosas que no suceden como deseamos: hay que aprender a aceptarlas con sentido deportivo, sin caer en el derrotismo y el desencanto.
  • Aprender a improvisar.