La alegría es consecuencia del amor, del darse a los demás y de la lucha ascética

La alegría no nace sola: es fruto del esfuerzo cotidiano por estar unidos a Dios. Santo Tomás: El amor produce en el hombre la perfecta alegría. En efecto, sólo disfruta de veras el que vive en caridad (Sobre la caridad, 1. c., 205). Santa Teresa recordaba que si el amor es perfecto, se olvida de [...]