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Las virtudes se pierden libremente

Las virtudes pueden disminuir y perderse por la falta prolongada de ejercicio y por la libre realización de acciones contrarias. De este modo se genera el vicio, que es un hábito contrario a la virtud.

Los vicios también se adquieren libremente. Pero se trata de un modo moralmente malo de ejercer la libertad, que produce la ceguera para ver el bien sobre la verdad, y convierte a la persona en esclava de sus pasiones desordenadas. En efecto, la capacidad para ver la verdad sobre el bien, para discernir lo que es bueno, disminuye. La prudencia se corrompe, y si no se rectifica, tienden a corromperse también la ciencia moral y la sabiduría. Por otra parte, la persona viciosa pierde capacidad para elegir el bien, y en este sentido es menos libre. Pero en la medida en que se trata de una esclavitud voluntaria, la persona es responsable de su situación. De ahí la importancia de una actitud vigilante, que implica el examen de las propias acciones, y de renovar una y otra vez la lucha, a pesar de los errores.

De las enseñanzas del Señor y de los santos se deduce que:

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Los cristianos tenemos el deber de hacer corrección fraterna.

La corrección es fruto de la caridad, de la fraternidad, no del juicio crítico. Es el amor de Cristo el que urge, el que invita a ayudar al hermano con esa corrección.

La corrección fraterna nace del deseo de ayudar a todos en su camino hacia el Cielo.

No nace de la irritación por una ofensa que hayamos recibido, ni por amor propio, porque han hecho algo que nos ha molestado.

La corrección fraterna es consecuencia de la mirada cristiana del bautizado, que se sabe co-responsable, corredentor, de la santidad de los demás.

Antes de realizar una corrección conviene pedirle luces al Espíritu de Dios para encontrar el mejor modo de llevarla a cabo.

El que realiza esa corrección debe considerar, con humildad su propia indignidad, reconociéndose pecador en la presencia de Dios y hacer examen sobre sus propias faltas.

Si nos han corregido y nos ha parecido “intolerable” lo que nos han dicho, quizá sea conveniente meditar en las palabras anteriores de San Cirilo.