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¿Eso, pecado? ¡Eso no puede ser malo!

Este comentario que se escucha en ocasiones. Mikel Santamaría ofrece reflexiones interesantes sobre esto en su artículo “La Castidad y los Jóvenes” (Palabra, 442-443, IV-01, 217)


LO «NORMAL» Y LO «BUENO»

Estamos hablando de una sociedad en la que se vive como normal -y, por tanto, se presenta como normal- un modo degenerado de vivir la sexualidad. Ese modo es el que nuestro interlocutor recibe de entrada como normal y aceptado, lo cual, sobre todo en la infancia, implica que lo considere como bueno.

Es cuestión de orden natural. Lo contrario supondría anteponer el juicio propio al de los demás y pretender algo que es simplemente imposible para un chico.

Por eso, cuando la sociedad no ofrece una experiencia adecuada del bien, la formación moral exige mayor profundidad y razonamientos más elaborados. No basta con decir que eso está mal y que «se debe» vivir de otra manera.

La moral católica se basa en la aceptación libre del bien. Y la fe reclama entender, como ha recordado la «Fides et ratio.» Por eso, y porque otra cosa es un error abocado al fracaso, es necesario razonarles muy a fondo, ya desde que son pequeños, aunque todavía no capten todo el sentido. Las meras recetas terminan manifestándose insuficientes, aunque durante algún tiempo den resultados aparentes.

RAZONAMIENTOS PARA TORPES (O SEA, TODOS)

A la hora de razonar, necesitaremos explicaciones que en otro tiempo no necesitábamos -aunque no nos hubieran venido mal-, porque veíamos el bien hecho vida. Cuando el bien se ve, no requiere razonamientos para ser aceptado.

Nadie necesita hoy en día muchas explicaciones para entender que es malo tener esclavos. No sucedía lo mismo, por ejemplo, en la época del Imperio Romano. Había quienes trataban bien a sus esclavos, y quienes los trataban mal.

Pero todos pensaban que era normal tener esclavos. Cuando llegó Jesucristo y empezaron a oír que tener esclavos era malo, muchos romanos buenos no entendían nada. Si se convertían, lo aceptaban por fe, pero no entendían algo que, ahora, a cualquier ciudadano occidental -aunque sea ateo-, después de siglos de cultura cristiana, le parece elemental, de pura lógica humana: la esclavitud es mala.

Esta simple comparación sirve para situar el actual error cultural respecto de la sexualidad (y de otras cuestiones). Porque lo mismo que les pasaba a los romanos con la esclavitud, le ocurre ahora al ciudadano normal -a nuestro interlocutor- con la sexualidad. No entiende qué es y cómo se vive de verdad. La moral sexual no es una cuestión de fe sobrenatural, es una cuestión de ética humana, como la dignidad y libertad de las personas.

Pero la sociedad actual no vive ni expresa la dignidad del amor y de la sexualidad. De ahí que sea necesario razonar lo que en otros tiempos podía ser evidente. Ahora, lo «normal» es no entender la sexualidad, igual que el romano «normal» no entendía que la esclavitud fuera mala.

Considero esencial insistir en que la moral sexual es cuestión humana, no de fe. Requiere ser entendida y razonada con argumentos intelectuales, comprendiendo qué es y cómo se vive la sexualidad, del mismo modo que se comprende que está mal sacarle un ojo al vecino, y no sólo porque lo diga la Iglesia. Es también importante transmitir el mensaje implícito: si no lo entiendes, no es que tengas un problema de fe, sino, antes que nada, un problema humano: tienes la cabeza mal amueblada y no consigues entender algo que es tan evidente como la maldad de la esclavitud.

ES PECADO, PERO ¡NO PUEDE SER MALO!

Me he encontrado con muchos jóvenes que aceptan la autoridad de la Iglesia y, por tanto, asumen que tal acción sexual es pecado; por eso se confiesan de ello y tienen la experiencia de la alegría de la gracia. Ahora bien, si les preguntas si lo que han cometido es malo en sí mismo a nivel humano, te dicen con plena seguridad que no, que cómo va a ser malo si todo el mundo lo hace y lo acepta y, además, es estupendo.

– Entonces…, no es malo, respondo.

– No.
– ¿Pero es pecado?
– Sí.
– ¿Te das cuenta de lo que dices? Si no es malo, ¿por qué es pecado?
– Porque Dios lo prohíbe.
– O sea que es bueno, pero Dios lo prohíbe.
– Sí.
– Entonces Dios es un canalla.

Aparece la cara de perplejidad. Y preguntan:

– No es posible, ¿verdad?
– No. Si hacer eso es bueno en el orden humano, no puede ser pecado. O si no, Dios es un canalla por prohibirte algo tan divertido.
– Entonces no entiendo nada. ¿Por qué es malo? ¿Cómo puede ser malo, si todo el mundo lo hace y dice que es bueno?
– Si algo es malo es porque estropea algo bueno. Por eso, para entender por qué es malo hay que entender cuál es el bien que estropea.

Es el momento de explicar cuál es el papel y el sentido de la sexualidad en el conjunto de la persona. Sólo explicando lo positivo se entiende el porqué de lo negativo.

Al final, ni siquiera hace falta extraer las conclusiones: las sacan ellos solitos:

– Luego esto que yo hago está mal, porque se estropea esto otro.