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Conviene…

  • Cultivar la libertad y la responsabilidad, sin esperar a que otros, o las circunstancias decidan por nosotros.
  • Educar la imaginación y vivir en el presente, cultivando la imaginación positiva que sirve para ayudar a los demás, para cultivar el arte, para divertir a los otros, y controlando la imaginación negativa, que lleva a agrandar los problemas, e imaginar males posibles y temores.
  • Vivir en el presente, sin darle vueltas alpasado ni al futuro. Dejar el pasado abandonado a la misericordia de Dios y confiar el futuro en las manos de Dios.

  • Valorar lo que se tiene, sin estar pendiente de lo que falta, sabiendo disfrutar de las pequeñas cosas.
  • Educar los impulsos y los estados de ánimo.
  • Moderar el impulso de la impaciencia (querer las cosas ya).
  • Ejercitar la paciencia en el trato con los demás, en el trabajo, en las cosas que no salen como imaginamos. La paciencia lleva a comenzar y recomenzar un día y otro, fortaleciendo el entusiasmo, y espera al momento oportuno, del mismo modo que la impaciencia es inoportuna.
  • Educar el impulso de la irritabilidad y los estados de ánimo (no ceder ante ideas negativas ante uno mismo o los demás; no caer en pensamientos de temor, de tristeza). Aprender a sobreponerse a los altibajos de ánimo, identificando las ideas pesimistas y rechazándolas.
  • No agrandar los contratiempos de la vida: perdonando, y olvidando los fracasos, las desgracias, las ofensas, los comentarios negativos, etc.
  • Cultivar el deseo de aprender algo nuevo cada día.

La lucha cristiana por mejorar el carácter para identificarse con Cristo

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  • Una persona que se propone vivir con plenitud la vocación cristiana recibida en el bautismo se esfuerza por luchar para mejorar su carácter, para identificar su personalidad con la de Jesucristo, con la ayuda de la gracia.

    No digas: “es mi genio así…, son cosas de mi carácter. Son cosas de tu falta de carácter: sé varón – “esto vir” (Camino, n. 4).

  • Se oponen a esa identificación con Jesucristo:

— el pensar constantemente en uno mismo (egoísmo).

— el mal genio, “el mal temperamento”, contra el que no se lucha (ira).

— la imaginación desbordada, a la que no se pone control (sensualidad).

— los caprichos y las manías consentidas.

—el “dejarse llevar”, sin resistencia, por los estados de ánimo

— vivir pendientes del que dirán, dejándose influenciar excesivamente por lo que “está bien visto” o “mal visto” en un determinado momento .

— las tozudeces: los arbitrarios: “¡por que sí, porque yo lo digo!”.

— el engreimiento del vanidoso que no acepta ni escucha realmente ningún consejo, aunque los oiga.

— el deseo de imponer la propia opinión a los demás, a toda costa.

— la mala educación, la chabacanería en el actuar y la grosería en el hablar, con la excusa en ocasiones de que “así lo hacen todos mis amigos ”.

— las rarezas contra las que no se lucha (gusto excesivo por la soledad, complicaciones interiores, etc.)

  • ¿Identificarse con Cristo significa perder la propia personalidad?

— Al contrario: significa llevarla a su plenitud, dejar que Cristo triunfe en la propia personalidad, en el carácter y el modo de ser.

— Los santos se identificaron con Cristo manteniendo su propio modo de ser: por eso hay santos de temperamentos y caracteres tan distintos. No hay ningún carácter que con la ayuda de la gracia de Dios no se pueda mejorar.

La Iglesia se ha planteado abrir la Causa de Canonización de Fesch, un francés ejecutado tras una condena a muerte por un asesinato.

En la cárcel, antes de que le ejecutaran, Fesch experimentó una transformación soprendente, porque dejó actuar a la gracia en su alma y mejoró extraordinariamente de carácter.

Hasta entonces Fesch había dejado que los grandes defectos de su carácter (el egoísmo, la irascibilidad, la sensualidad, la inmadurez, etc.) dominaran su vida y se apoderaran de su personalidad, llegando a cometer un asesinato en un momento de ofuscación.

Es un ejemplo más de la fuerza de la gracia, de la libertad y del amor a Dios.

Por lo que se refiere al modo de dar la formación cristiana:

—¿El modo en que digo las cosas depende de mi estado de ánimo?

— ¿Analizo el modo y el contenido del Anuncio cristiano que transmito?

— ¿Me propongo aprender a transmitir el mensaje del Evangelio con más vibración, con más fuerza comunicativa, con más belleza y capacidad de atracción, o me dejo llevar por la rutina ?

— ¿Tiendo a utilizar fórmulas estereotipadas?

— Lo que digo, y el modo en que lo digo, ¿resulta atractivo y adecuado para un joven cristiano actual?

— ¿Los jóvenes no me entienden bien… o yo no me explico bien?

— ¿Sé explicar los porqués de la vida cristiana?

— ¿Selecciono los puntos esenciales que deseo transmitir a cada persona o en cada clase, en cada conversación, intento decirlo todo sobre la materia?

— ¿Sé que el mejor camino para aburrir consiste en querer decirlo todo?

— ¿Pongo los medios para transmitir las verdades del Evangelio según lo que necesita ahora cada persona, valorando su edad, su carácter y sus crcunstancias, o tiendo a seguir esquemas despersonalizados?

— ¿Pienso que transmitir el Evangelio y la fe cristiana es lo mismo que explicar cualquier asignatura?

—¿Soy suficientemente flexible, acomodándome a las circunstancias de cada joven, a su edad, momento y oportunidad?