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Trabajar y descansar con orden


  • Una persona ordenada en su trabajo es aquella que sabe situar el trabajo en su justo punto. Por eso, es conveniente:
    • Aprender a darle a cada asunto la importancia que tiene, sin exagerar.
    • No exagerar el alcance de los triunfos y fracasos profesionales (primero en el estudio; luego, en la profesión) que suelen ser muy relativos.
    • Procurar guardar un equilibrio interior y exterior frente a los problemas y dificultades, sin inhibirse ni excederse en la implicación personal.

    • Recordar que el día tiene 24 horas y que hay que hacer muchas cosas, pero que no todas las cosas pueden ni deben hacerse dentro del marco de esas 24 horas.
  • El desorden del trabajo -“la trepidación”- lleva al desorden del descanso, y con frecuencia –por su propia dinámica- lleva a planes de descanso que a veces son excesivos y exagerados, etc.
  • Aunque nuestra sociedad nos presente la imagen del “ejecutivo trepidante” como modelo de “alta eficacia”, la realidad manifiesta lo contrario. La trepidación, si está reñida con el orden y el sosiego, con la reflexión y la inteligencia, suele dar pocos frutos.
  • Además, una excesiva trepidación en el trabajo puede revelar:
  • falta de realismo y de humildad.
  • unas ambiciones desmedidas, con espectativas desmesuradas que no se corresponden habitualmente con la realidad.
  • miedo a fracasar, que lleva a poner medios excesivos y desproporcionados para conseguir el éxito.
  • falta de orden y planificación.
  • pereza, que lleva a dejar las cosas para el final.
  • un activismo perezoso interior que lleva a hacer muchas cosas, pero desordenadamente, realizando primero no las más urgentes sino las que más apetecen.

6. Autonomía, sentido de la solidaridad y capacidad de independencia.

  • Una persona madura es la que se esfuerza por conjugar sabiamente, con equilibrio, un espíritu de solidaridad con los demás con un sentido de la legítima autonomía e independencia.
  • Ser autónomo no es lo mismo que ser egoistamente independiente, insolidario o individualista: “la persona que vive su vida al margen de los demás”.
  • Ser autónomo significa no depender para todo de los demás, ni recurrir por principio a los demás para que resuelvan los problemas que debemos resolver por nosotros mismos. La persona autónoma aprende a correr riesgos, a asumir sus errores, a “sacarse las propias castañas del fuego”.
  • Tener capacidad de independencia lleva a pedir ayuda cuando se necesita, pero no por principio. Obrar o buscar una excesiva independencia de los demás suele ser muestra de inmadurez, lo mismo que no saber pedir ayuda puede ser muestra de vanidad.
  • El sentido de la independencia lleva a no sobrevalorar excesivamente las opiniones contradictorias de los demás, y a quitarle importancia al qué dirán.
  • Forma parte de esta y de otras virtudes el no compararse con los demás, que suele llevar al rencor, a la envidia y en casos extremos a culpabilizar a los compañeros, al Colegio, al Instituto, al Ayuntamiento, al Planeta entero porque a uno le han suspendido… la asignatura de inglés.
  • Sobre la solidaridad: contar con los demás

Un ejemplo concreto: las virtudes humanas y el aprendizaje del inglés


Para mostrar un ejemplo del modo de vivir algunas de estas virtudes, se aplican a la situación de una persona que desea aprender inglés:

  • Moderación: voy a dedicarle cinco horas de estudio al día a este idioma, no veinticinco, ya que también debo estudiar otras materias.

  • Equilibrio: no sólo voy a aprender inglés, porque debo estudiar más materias, y debo realizar otras actividades en diversos ámbitos: cuidar la vida espiritual, cultivar amistades, formarme culturalmente, hacer deporte…
  • Objetividad: sé que aprender esta lengua me costará bastante esfuerzo, porque no tengo facilidad para los idiomas, pero si trabajo con constancia, lo lograré.
  • Serenidad: No voy a pretender dominar este idioma en una semana: iré avanzando poco a poco, sin impacientarme.

  • Prudencia: Voy a preguntar cúal es la mejor Academia de inglés, pidiendo consejo a varias personas que hayan estudiado esa lengua.

  • Responsabilidad: Conozco el desembolso que supone matricularme en la mejor Academia de inglés, y el esfuerzo que debo poner para aprender ese idioma.

  • Capacidad de análisis: Voy a estudiar bien qué horario de la Academia es el que me conviene, el profesor, el método…

  • Espíritu crítico: No voy a matricularme en la primera Academia de Inglés que encuentre por la calle.
  • Control de los sentimientos: Aunque en estos momentos esté desanimado con el aprendizaje de los idiomas, me matricularé en la Academia.
  • Optimismo: Voy a plantearme las dificultades que se presenten en el aprendizaje del inglés como retos para superar, más que como una sucesión de pequeños fracasos.

  • Decisión y seguridad: Ya que lo he pensado bien y estoy decidido, ¡voy a matricularme hoy mismo!
  • Sentido común, sentido de la realidad y sentido del humor: Será mejor que me matricule mañana, porque hoy es domingo y está todo cerrado…