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Reciedumbre y entereza ante las dificultades: comenzar y recomenzar, no desanimarse ante los propios fallos…

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  • Reciedumbre en el callar.
  • Reciedumbre y valentía en el hablar, como san Juan Bautista a Herodes

Los respetos humanos

Hay dificultades interiores y exteriores. Una de las mayores dificultades del cristiano es el miedo, la cobardía a la hora de confesar su fe con palabras y obras.

Ese miedo a confesar a Cristo se denomina respetos humanos.

  • San Juan Crisóstomo: «Lo que hay que temer no es el mal que digan contra vosotros, sino la simulación de vuestra parte; entonces sí que perderíais vuestro sabor y seríais pisoteados. Pero si no cejáis en presentar el mensaje con toda su austeridad, si después oís hablar mal de vosotros, alegraos. Porque lo propio de la sal es morder y escocer a los que llevan una vida de molicie. Por tanto, estas maledicencias son invetibles y en nada os perjudicarán, antes serán prueba de vuestra firmeza»
    • Los respetos humanos se vencen con amor de Dios.En su obra “Diálogo de Carmelitas” Bernanos cuenta la historia de dieciséis carmelitas mártires, que fueron ejecutadas durante la Revolución francesa. Una de ellas era una chica joven, Blanca, que había entrado en el convento porque tenía miedo a ser infiel a Dios en medio de la sociedad mundana.

      Sin embargo, durante su estancia en el convento comenzó la persecución religiosa y se le planteó el dilema: debía elegir entre la traición a Dios o el martirio por Dios. Huyó, avergonzada, llena de miedo y de respetos humanos.

      Pero luego recapacitó; le pidió fortaleza a Dios y al final se unió de nuevo a su comunidad y sufrió martirio en el cadalso tras de ellas, entregandosu vida por Jesucristo.

La autoeducación en la virtud de la reciedumbre


Para autoeducarse en la reciedumbre humana y espiritual, interior y exterior, se necesitan virtudes muy similares a la de los ginnastas:
  • Cultivar la paciencia: no se hace con perfección un ejercicio ginnástico a la primera
  • No se puede desear quererlo todo y ahora: hay que aprender a esperar, sin desánimos, sabiendo que dificultades no se superan en un momento.
  • Cultivar la paciencia con nuestros propios defectos: aceptarlos, pero sin claudicar ante ellos.
  • Y tener paciencia con los defectos de los demás, que con frecuencia imaginamos o exageramos.

  • Esforzarse por ganar en entereza y decisión ante las dificultades: todos los gimnastas se han caído alguna vez
    • Se gana en entereza poco a poco, aprendiendo a no desconcertarse excesivamente cuando las cosas no salen exactamente como esperábamos.
  • Proponerse ganar en realismo: en conocimiento de la propia realidad y lo que nos rodea. Como los gimnastas, no podemos lograr todas las metas: sólo aquellas que con mucho esfuerzo están a nuestro alcance.

Ejemplo: un estudiante que se propone aprender inglés.

  • La prudencia le llevará a saber que existen dificultades. No es optimismo, sino falta de realismo, pensar: Aprenderé inglés en diez días.
  • Esa misma prudencia le llevará a valorar las dificultades en su justa medida, sin agrandarlas. No tendría sentido pensar, tras el primer examen: Me han suspendido: ¡jamás aprenderé inglés!
  • Medir bien sus fuerzas reales. No es audaz sino poco realista, el que discurre así: este año voy a aprender inglés, francés, alemán, sueco y portugués.
  • Esforzarse por superar las dificultades de la forma y en el tiempo adecuado. Voy a aprender inglés, aunque no tengo ningún libro, ni academia, ni método, ni profesor de inglés.
  • Rechazar la tentación del victimismo y de la autocompasión, del espíritu de queja, que con frecuencia son excusas para la pereza. Tengo tiempo para estudiar, pero eso me exigiría esforzarme y no tengo oido para los idiomas. No voy a estudiar inglés. Qué pena:¡con lo que me ilusionaba!
  • Se trata, en resumen: aceptar la realidad de la vida:

— no entendemos siempre todo lo que nos sucede.

— no se encuentra siempre una explicación rápida y sencilla de todo.

  • Buscar el equilibrio a la hora de actuar
    • El ideal es actuar atendiendo con equilibrio a las razones de la cabeza y del corazón, sin emotivismos.
  • Cultivar la reciedumbre en el hablar, que lleva a:
  • Defender de forma excesivamente apasionada nuestras opiniones personales.
  • Intentar imponer nuestras opiniones a los demás.
  • No dar nuestra opinión innecesariamente, venga o no a cuento.
  • Darles a nuestras opiniones personales el valor relativo que tienen.
  • Acostumbrarse a conversar con personas de diversas opiniones, o de opinión diversa a la nuestra, sin buscar que siempre nos den la razón.
  • No caer en la verborrea o incontinencia verbal.
  • Esforzarse por escuchar a los demás.
  • Pasar por alto modos de decir de los demás que no sean del todo exactos, sin hacer puntualizaciones puntillosas, corrigiendo constantemente expresiones, fechas, datos inexactos.
  • Evitar la ironía, los autoritarismos, que tanto distancian de los demás.
  • Reciedumbre ante las molestias y enfermedades
    • No hacer de la enfermedad un espectáculo, que contamos a todos, para que todos nos compadezcan y estén preocupados de nosotros, sin soportar que lo pasen bien mientras nosotros estamos molestos.
    • Aprender a contar lo que nos sucede a las personas oportunas yde la forma oportuna.
    • Ser pacientes y aceptar las recomendaciones del médico aunque nos cuesten. Supone más reciedumbre obedecer al médico y permanecer en cama que levantarse con fiebre, porque no nos apetece quedarnos en la cama.

  • Asumir las incertidumbres y riesgos de la vida
  • Decidirse y elegir: no elegir ya es una forma de elegir.
  • Cultivar la autoestima, la seguridad en uno mismo.
  • Actuar sin miedo excesivo a equivocarse y a fracasar.
  • No tomar más previsiones que las necesarias. El deseo de “amarrarlo todo muy bien” puede reflejar un miedo excesivo al fracaso.
  • Toda elección supone un riesgo, que conviene asumir con sencillez y espíritu deportivo.

  • Asumir los fracasos, reconocer los propios errores

  • Los fracasos forman parte de nuestra vida: no conviene exagerar su alcance.
  • La fortaleza lleva a aprender a reconocer los propios errores, las equivocaciones personales, sin desviar la culpa hacia los demás: los padres, los profesores, los amigos, las circunstancias.

Reciedumbre, fortaleza, lealtad humana y fidelidad cristiana.

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La autoeducación en la virtud de la reciedumbre


Para autoeducarse en la reciedumbre humana y espiritual, interior y exterior, se necesitan virtudes muy similares a la de los ginnastas:
  • Cultivar la paciencia: no se hace con perfección un ejercicio ginnástico a la primera
  • No se puede desear quererlo todo y ahora: hay que aprender a esperar, sin desánimos, sabiendo que dificultades no se superan en un momento.
  • Cultivar la paciencia con nuestros propios defectos: aceptarlos, pero sin claudicar ante ellos.

  • Y tener paciencia con los defectos de los demás, que con frecuencia imaginamos o exageramos.

  • Esforzarse por ganar en entereza y decisión ante las dificultades: todos los gimnastas se han caído alguna vez
    • Se gana en entereza poco a poco, aprendiendo a no desconcertarse excesivamente cuando las cosas no salen exactamente como esperábamos.
  • Proponerse ganar en realismo: en conocimiento de la propia realidad y lo que nos rodea. Como los gimnastas, no podemos lograr todas las metas: sólo aquellas que con mucho esfuerzo están a nuestro alcance.

Ejemplo: un estudiante que se propone aprender inglés.

  • La prudencia le llevará a saber que existen dificultades. No es optimismo, sino falta de realismo, pensar: Aprenderé inglés en diez días.

  • Esa misma prudencia le llevará a valorar las dificultades en su justa medida, sin agrandarlas. No tendría sentido pensar, tras el primer examen: Me han suspendido: ¡jamás aprenderé inglés!

  • Medir bien sus fuerzas reales. No es audaz sino poco realista, el que discurre así: este año voy a aprender inglés, francés, alemán, sueco y portugués.

  • Esforzarse por superar las dificultades de la forma y en el tiempo adecuado. Voy a aprender inglés, aunque no tengo ningún libro, ni academia, ni método, ni profesor de inglés.

  • Rechazar la tentación del victimismo y de la autocompasión, del espíritu de queja, que con frecuencia son excusas para la pereza. Tengo tiempo para estudiar, pero eso me exigiría esforzarme y no tengo oido para los idiomas. No voy a estudiar inglés. Qué pena:¡con lo que me ilusionaba!

  • Se trata, en resumen: aceptar la realidad de la vida:

— no entendemos siempre todo lo que nos sucede.

— no se encuentra siempre una explicación rápida y sencilla de todo.

  • Buscar el equilibrio a la hora de actuar
    • El ideal es actuar atendiendo con equilibrio a las razones de la cabeza y del corazón, sin emotivismos.
  • Cultivar la reciedumbre en el hablar, que lleva a:
  • Defender de forma excesivamente apasionada nuestras opiniones personales.
  • Intentar imponer nuestras opiniones a los demás.
  • No dar nuestra opinión innecesariamente, venga o no a cuento.
  • Darles a nuestras opiniones personales el valor relativo que tienen.
  • Acostumbrarse a conversar con personas de diversas opiniones, o de opinión diversa a la nuestra, sin buscar que siempre nos den la razón.
  • No caer en la verborrea o incontinencia verbal.
  • Esforzarse por escuchar a los demás.
  • Pasar por alto modos de decir de los demás que no sean del todo exactos, sin hacer puntualizaciones puntillosas, corrigiendo constantemente expresiones, fechas, datos inexactos.
  • Evitar la ironía, los autoritarismos, que tanto distancian de los demás.
  • Reciedumbre ante las molestias y enfermedades
    • No hacer de la enfermedad un espectáculo, que contamos a todos, para que todos nos compadezcan y estén preocupados de nosotros, sin soportar que lo pasen bien mientras nosotros estamos molestos.
    • Aprender a contar lo que nos sucede a las personas oportunas yde la forma oportuna.
    • Ser pacientes y aceptar las recomendaciones del médico aunque nos cuesten. Supone más reciedumbre obedecer al médico y permanecer en cama que levantarse con fiebre, porque no nos apetece quedarnos en la cama.

  • Asumir las incertidumbres y riesgos de la vida
  • Decidirse y elegir: no elegir ya es una forma de elegir.
  • Cultivar la autoestima, la seguridad en uno mismo.
  • Actuar sin miedo excesivo a equivocarse y a fracasar.
  • No tomar más previsiones que las necesarias. El deseo de “amarrarlo todo muy bien” puede reflejar un miedo excesivo al fracaso.
  • Toda elección supone un riesgo, que conviene asumir con sencillez y espíritu deportivo.

  • Asumir los fracasos, reconocer los propios errores

  • Los fracasos forman parte de nuestra vida: no conviene exagerar su alcance.
  • La fortaleza lleva a aprender a reconocer los propios errores, las equivocaciones personales, sin desviar la culpa hacia los demás: los padres, los profesores, los amigos, las circunstancias.