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24. Ponderación:

Lleva a juzgar sólo cuando se poseen los elementos de juicio necesarios, después de haber oído a las “dos campanas”; y a tener paciencia con las cosas que marchan mal, sin la tentación de querer “ reformarlo todo y enseguida”.

La persona ponderada no da demasiada importancia a lo que no la tiene; asume los riesgos de la vida, afronta las dificultades a su tiempo; evalúa bien sus propios logros personales y no agranda ni sus éxitos ni sus fracasos.

La persona ponderada evita los extremismos; las hipersensibilidades; las reacciones desorbitadas ante los fallos, agravios y ofensas; la agresividad desbocada; las manifestaciones desmedidas de afecto, de enfado, de alegría, de ira, de entusiasmo.

32. Sentido del humor:

es importante aprender a descubrir el lado amable, divertido, de la vida, y exige cultivarlo adecuadamente, en estos ámbitos:

  • Aprender a reirse de uno mismo, frente a la soberbia que tiende a que nos tomemos demasiado en serio, admitiendo las propias limitaciones y fallos con sentido positivo.
  • Aprender a reirse con los demás, nunca de los demás.

  • Aprender a reirse y a relativizar los fallos, pequeños o grandes.
  • Aprender el verdadero sentido del humor, que nunca es amargo,prepotente, mordaz, satírico, irónico, ofensivo; sino alegre, humilde, sencillo, constructivo, animante.

No se puede dar por natural que unos enfados sucedan a otros. Cuando esto sucede hay que analizar seriamente cúal es la causa de este tipo de comportamiento. (…)

Dejarse llevar por la ira es sin duda, una debilidad. Ante las discrepancias debe prevalecer un tono dialogante y un espíritu sinceramente democrático. Las actitudes prepotentes y autoritarias son mucho más proclives a no tener en cuenta las opiniones de los demás. Con personas amables y educadas la posibilidad de enfados es mucho menor. (M. A. Marti, La Madurez).