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Otras preguntas para padres y educadores.

—¿Son mis hijos, mis alumnos, los asistentes que vienen a la catequesis, jóvenes de oración? ¿Estoy poniendo los medios para que lo sean?

—¿Doy testimonio de Cristo con mi vida?

— ¿Pido con frecuencia luces al Espíritu santo?

—¿Me siento sólo un instrumento en las manos de Dios para formar a mis hijos, alumnos, etc., en la fe, o pienso que con mi fuerza de voluntad ya basta?

—¿Cuento siempre con la gracia de Dios?

—¿Considero que cada persona ha sido objeto de la redención de Cristo?

—¿Procuro mover a las almas al amor de Dios o me limito a transmitir unas enseñanzas teóricas?

— ¿Sé ir a lo esencial: ayudar a las almas a cumplir la voluntad de Dios para su vida, a enamorarse de Cristo?

— ¿Procuro enseñar a ir dando pasos en la vida de oración, en el trato con Cristo, en la formación cristiana, en la interiorización personal del mensaje de Cristo?

— ¿Les ayudo a concretar objetivos pequeños, asequibles y animantes, de carácter evangelizador?

— ¿Ayudo a los jóvenes a ver el sentido global de su vida cristiana, a comenzar y recomenzar, a tener hábitos de contrición, a construir en ellos al hombre nuevo renacido en Cristo?

— Un cristiano debe ser capaz de decir no porque tiene mucho que afirmar. ¿Qué visión transmito de la vida cristiana? ¿Es una visión esperanzada, de aventura y conquista? ¿O es una visión pesimista, que se limita únicamente a la prevención?

— ¿Me esfuerzo por transmitir a los jóvenes grandeza de miras?

Punto de partida: ¿Qué es la santidad?


Para poner el corazón en Dios y entregar el corazón a Cristo hay que recorrer el camino de la humildad. Ver a los demás con la mirada de Cristo.

La santidad es fruto de la identificación humilde y gozosa del hombre con Cristo. Es consecuencia del “dejar hacer” al Espíritu Santo en el alma. Es enamorarse de Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre.

  • Un corazón plenamente feliz –con la felicidad posible en esta tierra- es un corazón unido a Cristo en su Cruz y en su Resurrección.
  • La alegría, la felicidad, la paz y la belleza que da el amor de Cristo en el corazón no la puede dar nada ni nadie.

Cristo, perfecto Dios, perfecto Hombre, es nuestro modelo, y nos enseña a poner el corazón en Dios y en las cosas de Dios:

[19] No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones socavan y los roban.

[20] Amontonad en cambio tesoros en el Cielo, donde ni polilla ni herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. [21] Porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón.

[22] La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado. [23] Pero si tu ojo es malicioso, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tinieblas, cuán grande será la oscuridad.