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Ideas sobre el noviazgo

Extracto del artículo La Castidad y los Jóvenes de Mikel Santamaría. Palabra, 442-443, IV-01 (217)


NOVIAZGO, TIEMPO DE CONOCERSE Y DE SOPESAR LA CALIDAD DEL CARIÑO

El amor humano -sin mayores distinciones- tiene tres niveles: atracción física, enamoramiento afectivo y amor de entrega.

El amor es más que el enamoramiento, aunque lo suponga. El enamoramiento no es del todo libre: depende de uno mismo, pero a la vez es algo que «te sucede». Tampoco abarca la integridad de la otra persona, sino sólo sus aspectos que atraen.

El amor de entrega, en cambio, es algo que uno decide asumir con plena libertad. Incluye la total aceptación de la otra persona, también de sus defectos y limitaciones; si no, no se ama de verdad: se ama sólo el propio enamoramiento

El noviazgo es el tiempo en que un hombre y una mujer enamorados se tratan intensamente para conocerse uno a otro en profundidad, en orden a calibrar si pueden asumir un imponente proyecto de vida en común: fundar una familia. En otras palabras, el noviazgo es tiempo de sopesar si el mero enamoramiento de un varón y una mujer da o no lugar a un amor de entrega.

Nunca como en el noviazgo es más necesario mantener el corazón sometido a la cabeza. Esta lucidez -de importancia vital- lleva a renunciar al matrimonio si se descubre que no hay un amor de entrega -en uno mismo o en la otra persona-, lo que a la larga acarrearía el fracaso y la infelicidad. Entonces, lo obvio será cancelar las relaciones.

Castidad en el noviazgo: «Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno al otro de Dios.

Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad». Esto dice el Catecismo de la Iglesia Católica (Nº 2350).

Entre novios, las caricias y besos son manifestación natural del cariño. El núcleo del asunto está en cuidar que el cariño sea auténtico, evitando que una caricia sincera pueda disparar la excitación sexual, que estaría fuera de lugar.

La dinámica de la excitación reclama llegar hasta el final, porque está diseñada por Dios para ser vehículo de expresión y realización de la mutua y total entrega. De ahí que el único lugar lógico de la excitación sea el matrimonio, la unión conyugal de los esposos, la comunión de amor del único con la única. Buscarla, pues, sólo tiene sentido cabal cuando antes se ha dicho públicamente: «soy tuyo para siempre». Por eso, si se consiente o se busca fuera del contexto del amor matrimonial, se falsea su sentido y se estropea su sabor.

2.3. LA ADOLESCENCIA SUPERIOR O EDAD JUVENIL (18 a 21 años)

Es la fase final de la adolescencia y de la recuperación del equilibrio y de la calma. Se acentúa el sentido de responsabilidad y se trazan planes para llevar acabo grandes ideales. Mentalmente se consigue un alto grado de profundización o de reflexión. El inicio de los estudios superiores puede originar algún conflicto, ya por falta de motivación o de competitividad, etc.

El amor adquiere un desarrollo armónico, pasando por la amistad por el grupo que había iniciado en la fase anterior, a la consolidación de la amistad individual, que cuando es heterosexual puede terminar en enamoramiento o noviazgo. En el aspecto social se supera la timidez y la inadaptación social; se vuelve y se valora la familia, se desarrollan los sentimientos de colaboración ciudadana y en definitiva se adquieren los rasgos propios de la madurez.

Salvo el caso, al que nos referíamos antes de un posible noviazgo. El joven o la joven tiene ahora, normalmente, unas relaciones más amplias y variadas que antes.

POSIBLES AYUDAS POSITIVAS

El joven no es plenamente maduro, como decía al principio, la madurez es un objetivo de toda la vida… no se alcanza nunca del todo. Se puede llegar a obtener un grado de madurez relativa, en el mejor de los casos. Entendemos que en todas las edades necesitamos ayudas, ayudas positivas. Pero en esta etapa: enseñarles a afrontar la realidad, evitando evasiones mentales (evitar el riesgo frecuente de aspiración personal por encima de las posibilidades reales).

Ayudar a aceptarse con sus debilidades, no para transigir con ellas, sino para superarlas pacientemente, empleando lo mejor de sus recursos. Enseñarles a abrirse a los demás, que tengan en cuenta los puntos de vista contrarios.

Por último enseñarles a soportar las contrariedades que acompañan a cualquier responsabilidad. En esta época se encuentran lejos de aceptar los fracasos, de poseer la capacidad de aceptarlos y, para rehacer su propia vida, insistir en la virtud de la fortaleza. Convencerles de que “querer es poder”: se puede llegar más alto de lo que se cree si se tiene aptitudes y si uno se lo propone de verdad.