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El combate espiritual por la virtud de la Santa Pureza

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Ámbitos de combate de la Virtud de la Pureza. La sensibilidad

Dominio de la curiosidad


La sensibilidad obedece a múltiples estímulos: físicos, psíquicos, etc.

Una fuente de esos estímulos puede provenir de la curiosidad, que conviene dominar y encauzar rectamente, para amar a Cristo con todo el cuerpo, con toda el alma.

Una curiosidad no mortificada, sin control, puede llegar insensiblemente a convertirse por lo menos en ocasión de pecado contra la castidad, si no en pecado mismo.
Una persona fisgona, oliscona y ventanera, que se entretiene en espiar lo que hacen los vecinos o las vecinas, que a los pocos días de vivir en una casa ya sabe el horario de levantarse y acostarse de todos los habitantes de las casas cercanas, será fácil que caiga en pecados de impureza, porque lleva una vida sin mortificación, porque busca satisfacer la curiosidad como entretenimiento o compensación de otros aspectos de su vida y porque está jugando peligrosamente en la cuerda floja del pecado.

J. L. Soria. El sexto mandamiento

Cómo guardar los sentidos, las“puertas del alma”.

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  • Para guardar los sentidos se necesita la práctica de la mortificación interior y exterior (dominio de la curiosidad, orden en el uso de la vista, de la lengua, etc., de forma que no conduzca a la ofensa a Dios).
  • Se necesita vivir la virtud e la templanza (en la comida, la bebida, en no concederse determinados caprichos). La templanza lleva a evitar una búsqueda desordenada del bienestar y de la comodidad; a no cultivar una susceptibilidad exagerada; a luchar por vencer el desorden en el carácter, las manifestaciones de ira, el amor propio exacerbado que lleva a manías, a victimismos, etc.

    La suma de situaciones de destemplanza propicia los pecados contra la Santa Pureza.

Con ayuda de la Gracia, una persona que guarda los sentidos, que practica la mortificación cristiana y se esfuerza habitualmente por vivir con humildad la virtud de la templanza, además de ganar en fortaleza, personalidad y autodominio, se aleja de las ocasiones de pecar y fortalece su alma, mediante estos buenos hábitos, para vencer en el momento de la tentación.