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13. La llamada a la responsabilidad

Corresponde a los obispos enseñar a los fieles la doctrina moral que se refiere a la sexualidad, cualesquiera que sean las dificultades que el cumplimiento de este deber encuentre en las ideas y en las costumbres que hoy se hallan extendidas.

Esta doctrina tradicional debe ser profundizada, expresada de manera apta para esclarecer las conciencias de cara a las nuevas situaciones creadas, enriquecida con el discernimiento de lo que de verdadero y útil se puede decir sobre el sentido y el valor de la sexualidad humana. Pero los principios y las normas de vida moral reafirmadas en la presente declaración se deben mantener y enseñar fielmente.

Se tratará en particular de hacer comprender a los fieles que la Iglesia los mantiene no como inveteradas tradiciones que se mantienen supersticiosamente (tabúes), ni en virtud de prejuicios maniqueos, según se repite con frecuencia, sino porque sabe con certeza que corresponden al orden divino de la creación y al espíritu de Cristo; y, por consiguiente también a la dignidad humana.

Misión de los obispos es, asimismo, la de velar para que en las Facultades de teología y en los seminarios sea expuesta una doctrina sana a la luz de la fe y bajo la dirección del Magisterio de la Iglesia. Deben igualmente cuidar de que los confesores iluminen las conciencias, y de que la enseñanza catequética se dé en perfecta fidelidad a la doctrina católica.

A los obispos, a los sacerdotes y a sus colaboradores, corresponde poner en guardia a los fieles contra las opiniones erróneas frecuentemente propuestas en libros, revistas y conferencias públicas.

Los padres en primer lugar, pero también los educadores de la juventud, se esforzarán por conducir a sus hijos y alumnos a la madurez psicológica, afectiva y moral por medio de una educación integral. Para ello les impartirán una información prudente y adaptada a su edad, y formarán asiduamente su voluntad para las costumbres cristianas; no sólo con los consejos, sino sobre todo, con el ejemplo de su propia vida, mediante la ayuda de Dios, que les obtendrá la oración. Tendrán también cuidado de protegerlos de tantos peligros que los jóvenes no llegan a sospechar.

Los artistas, los escritores y cuantos disponen de los medios de comunicación social deben ejercitar su profesión de acuerdo con su fe cristiana, conscientes de la enorme influencia que pueden ejercitar. Tendrán presente que “todos deben respetar la primacía absoluta del orden moral objetivo” 44, y que no se puede dar preferencia sobre él a ningún pretendido objetivo estético, ventaja material o resultado satisfactorio.

Ya se trate de creación artística o literaria, ya de espectáculos o de informaciones, cada cual en su campo debe dar prueba de tacto, de discreción, de moderación y de justo sentido de los valores. De esta suerte, lejos de añadir favor a la licencia creciente de las costumbres, contribuirán a frenarla e incluso a sanear el clima moral de la sociedad.

Por su parte, todo el laicado fiel, en virtud de su derecho y de su deber de apostolado, tomará en serio el trabajar en el mismo sentido.

Finalmente, conviene recordar a todos que el Concilio Vaticano II “declara que los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta consciencia los valores morales y a prestarles su adhesión personal, y también a que se les estimule a todos los que gobiernan los pueblos, o están al frente de la educación, que procuren que nunca se vea privada la juventud de este sagrado derecho” 45.

Su Santidad Pablo, por la Divina Providencia PP. VI, en audiencia concedida al infrascripto prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 7 de noviembre de 1975, aprobó esta declaración acerca de la ética sexual, la confirmó y ordenó que se publicara.

Dado en Roma en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 29 de diciembre de 1975.

Franjo, Cardenal Seper
Prefecto

Jeronimo Hamer
Secretario
Arzobispo titular de Lorium


Notas: 1. Cfr. CONC. VAT. II, Const. Gaudium et spes, no. 47, AAS 58 (1966), p. 1067. 2. Cfr. Const. Apost. Regimini Eclasiae universae, (15-VIII-1967), no. 29, AAS 59 (1967), p. 897. 3. Gaudium et spes, no. 16, AAS 58 (1966), p. 1037. 4. Io 8,12. 5. CONC. VAT. II, Declar. Dignitatis humanae, no. 3, AAS 58 (1966), p. 931. 6. 1 Tim 3,15. 7. Dignitatis humanae, no. 14, AAS 58 (1966), p. 940; cfr. PIO XI, Enc. Casti connubii, (31-XII-1930), AAS 22 (1930), págs. 579-580; PIO XII, Aloc. (2-XI-1954), AAS 46 (1954); págs. 671-672; JUAN XXIII, Enc. Mater et Magistra, (15-V-1961), AAS 53 (1961), p. 457; PBLO VI, Enc. Humanae vitae, (25-VII-1968), n. 4, AAS 60 (1968), p. 483. 8. Cfr. CONC. VAT. II, Declar. Gravissimum educationis, núms. 1, 8, AAS 58 (1966), págs. 729-730; 734-736; Gaudium et spes, núms. 29, 60, 67, AAS 58 (1966), págs. 1.048-49; 1.080-1.081; 1.088-1.089. 9. Gaudium et spes, no. 51, AAS, 58 (1966), p. 1.072. 10. Ibidem, cfr. También no. 49, págs. 1.069-1.070. 11. Ibidem, núms. 49, 50, págs. 1.069-1.072. 12. La presente Declaración no considera todas las normas morales de la vida sexual en el matrimonio; las Encíclicas Casti connubii y Humanae vitae las enseñaron claramente. 13. Cfr. Mt 19, 4-6. 14. 1 Cor 7,9. 15. Cfr. Eph 5, 23-32. 16. La unión sexual fuera del matrimonio, está condenada formalmente: 1 Cor 5, 1; 6, 9; 7, 2; 10, 8; Eph 5, 5; 1 Tim 1, 10; Heb 13, 4; y con razones explícitas 1 Cor 6, 12-20. 17. Cfr. INOCENCIO IV, Epíst. Sub Catholicae Professione, (6-III-1254), D.S. 835; PIO II, Propos. Damn. En Epist. Cum sicut Acceptimus, (14-XI-1459), D.S. 1367; Decretos del S. Oficio, (24-IX-1665), D.S. 2045, (2-III-1679), D.S. 2148; PIO XI Enc. Casti Connubii, (31-XII-1930), AAS 22 (1930), págs. 558-559. 18. Rom 1, 24-27: «Por eso los entregó Dios a los deseos de su corazón, a la impureza con que deshonran a sus propios cuerpos; pues tocaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron y sirvieron a las criaturas en lugar del Creador, que es bendito por los siglos. Amén. Por lo cual los entregó Dios a las pasiones vergonzosas, pues las mujeres mudaron el uso natural en uso contra naturaleza, e igualmente los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrasaron en la concupiscencia de unos por otros, los varones de los varones, cometiendo torpezas y recibiendo en sí mismos el pago debido a su extravío». Cfr. También lo que dice S. Pablo a propósito de los que practican la sodomía, en 1 Cor 6, 10; 1 Tim 1, 10. 19. Cfr. LEON IX, Epist. Ad Splendidum Nitentis, año 1054, D.S. 687-688; Decreto del S. Oficio (2-III-1769), D.S. 2149; PIO XII, Alocución (8-X-1953), AAS 45 (1953), págs. 677-678; (19-V-1956), AAS 48 (1956), págs. 472-473. 20. Cfr. Gaudium et spes, no. 51, AAS 58 (1966), p. 1.072. 21. «Si las encuestas sociológicas no son útiles para mejor conocer la mentalidad ambiental, las preocupaciones y las necesidades de aquellos a quienes anunciamos la Palabra de Dios, así como la resistencia que le opone la razón moderna con el sentimiento ampliamente extendido de que no hay forma alguna legítima de saber, fuera de la ciencia, sin embargo, las conclusiones de tales encuestas no podrían constituir por sí mismas un criterio determinante de verdad» PABLO VI, Exhortación Apos. Quinque iam anni, (8-XII-1970), AAS 63 (1971), p. 102. 22. Cfr. Mt 22, 40. 23. Mt 19, 16-19. 24. Cfr. Las notas anteriores, núms. 14, 16; Decreto del S. Oficio (18-III-1666), D.S. 2060; PABLO VI, Enc. Humanae viate, núms. 13, 14, AAS 60 (1968), págs. 489-491. 25. 1 Sam 16, 7. 26. PABLO VI, Enc. Humanae vitae, no. 29, AAS 60 (1968), p. 501. 27. Cfr. 1 Cor 7, 7.34; CONC. TRID. Sess. XXIV, can. 10, D.S. 1810; CONC. VAT II, Lumen gentium, núms. 42, 43, 44, AAS 57 (1965), págs. 47-51; Synod. Episcoporum, De sacerdotio ministeriali, parte II, 4, b, AAS 63 (1971), págs. 915-916. 28. Mt 5, 28. 29. Cfr. Gal 5, 19-23; 1 Cor 9-11. 30. 1 Thes 4, 3-8; cfr. Col 3, 5-7; 1 Tim 1, 10. 31. Eph 5, 3-8; cfr. 4, 18-19. 32. 1 Cor 5, 15, 18-20. 33. Cfr. Rom 7, 23. 34. Cfr. Rom 7, 24-25. 35. Cfr. Rom 8, 2. 36. Rom 6, 12. 37. 1 Io 5, 19. 38. Cfr. 1 Cor 10, 13. 39. Eph 6, 11. 40. Cfr. Eph 6, 16, 18. 41. Cfr. 1 Cor 9, 27. 42. Lc 9, 23. 43. 2 Tim 2, 11-12. 44. CONC. VAT. II, Decreto Inter Mirifica, no. 6, AAS, 56 (1964), p. 147. 45. Gravissimun educationis, n.o 1, AAS 58 (1966), p. 730.