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Buscando siempre el necesario equilibrio

  • Conocerse ayuda a encontrar el necesario equilibrio entre la razón y la afectividad, cultivando la libertad y la responsabilidad
  • El propio conocimiento ayuda a mantener el equilibrio entre el cerebro y el corazón, entre la razón y la afectividad.

  • Cuando pesa exageradamente lo afectivo, el corazón y la persona se deja gobernar sólo por sus sentimientos, está más pendiente de recibir afectos que de darlos y puede llegar a tener reacciones desproporcionadas y sufrimientos innecesarios. Para que esto no suceda es conveniente:
  • Luchar por ser lo más objetivos posibles, con nosotros mismos y con los demás; quitando apasionamientos que deforman la realidad.
  • Intentar no dramatizar, cultivando el sentido del humor y el distanciamiento prudente. Conviene saber que algunos sentimientos tienden a distorsionar los sucesos dramatizándolos innecesariamente.
  • Es conveniente, por eso, pedir la opinión de los demás, para obtener puntos de vista menos subjetivos que los nuestros.
  • Cuando pesa exageradamente lo racional, el cerebro, la persona vuelve fría y calculadora, sin darse cuenta de las repercusiones de sus hechos en la vida de los demás.

Paciencia con los demás

  • El cristiano debe esforzarse en vivir la paciencia con los demás, que es fruto del amor a Dios y de la caridad. Es muy necesaria para la convivencia.San Pablo: “la caridad es paciente, es servicial… no se irrita, no piensa mal” (1 Co. 13, 4-5).

    No hay que olvidar que con frecuencia los defectos (reales o supuestos) que más nos molestan de los demás son los defectos que nosotros mismos tenemos y en un grado aún mayor.

Esa paciencia -con los defectos propios y ajenos-puede costar, cuando los defectos se repiten a diario. Esta virtud nos lleva a perdonar una y otra vez, con generosidad, sin caer en la crítica o en el distanciamiento.

Unas veces habrá que corregir; y siempre, hay que saber sonreír, alentar y comprender.