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Mortificación interior y exterior, corporal, activa y pasiva

Mortificación interior: lleva a la humildad, al autodominio, al control de la imaginación y de la memoria, alejando de la mente los pensamientos y recuerdos que llevan al pecado; y, especialmente, reprimiendo el amor propio y la soberbia, del afecto.

Mortificación exterior: es la mortificación de los sentidos externos: la vista, el oído, el gusto, la lengua, evitando, por ejemplo, las murmuraciones.

Mortificación corporal: es la que los cristianos hacen -de forma moderada, prudente, ordenada y humilde- con su cuerpo, uniéndose al sufrimiento de Cristo en la Cruz, con deseos de corredimir, mediante ayunos, uso del cilicio, disciplinas, etc. Esta mortificación tiene tradición evangélica, que abarca desde los primeros cristianos hasta el Canciller de Inglaterra, Tomás Moro; hasta la actualidad. Este es el relato de santa Cecilia que falleció en Roma, entre los años 170-180:

Cecilia, una joven de la nobleza romana

“Cecilia pertenecía a una de las más nobles, de las más antiguas familias de Roma, esa gens Caecilia que durante los siglos de la República había estado aliada con cuanto tuvo alguna gloria…

¿Cómo pudo ser tocada “desde la infancia” en este medio de la alta aristocracia? Quizá su bautismo fuese obra de alguna nodriza, de alguna esclava fiel a Cristo…

Cecilia creció, pues, en la fe, en el hogar de sus padres, en alguna de esas ricas villas edificadas después del incendio de Nerón. Y el viejo texto asegura que “llevaba un cilicio bajo sus ricos vestidos bordados de oro y que el Evangelio estaba en su corazón”.

Daniel-Rops, La Iglesia de los Apóstoles y de los mártires, Palabra


Mortificación activa: es la que se busca directamente:

-soportar un ofensa.

– ayudar a los demás cuando cuesta.

-hacer un acto de mortificación ( por ejemplo, ayunar un día, etc.)

Mortificación pasiva: es la mortificación que no se busca, pero que, cuando viene se lleva por amor de Dios, con serenidad: por ejemplo, la mortificación de una madre que pasa las noches en vela cuidando a sus hijos

«Donde más fácilmente encontraremos la mortificación es en las cosas ordinarias y corrientes: en el trabajo intenso, constante y ordenado; sabiendo que el mejor espíritu de sacrificio es la perseverancia por acabar con perfección la labor comenzada; en la puntualidad, llenando de minutos heroicos el día; en el cuidado de las cosas, que tenemos y usamos; en el afán de servicio, que nos hace cumplir con exactitud los deberes más pequeños; y en los detalles de caridad, para hacer amable a todos el camino de santidad en el mundo: una sonrisa puede ser, a veces, la mejor muestra de nuestro espíritu de penitencia… Tiene espíritu de penitencia el que sabe vencerse todos los días, ofreciendo al Señor, sin espectáculo, mil cosas pequeñas. Ése es el amor sacrificado, que espera Dios de nosotros» (San Josemaría, Carta, 1930).

Las prácticas de la mortificación exterior, de la penitencia corporal.

  • Estas practicas buscan la unión con Cristo.
  • No son, en modo alguno, un esfuerzo estoico o masoquista, o un soberbio dominio de sí mismo.
  • Los fines de la penitencia corporal exterior son los mismos que los del Calvario y de la Misa: Cristo padeció por nosotros, dándonos ejemplo para que sigamos sus pisadas(I Petr. II, 21).
  • Algunas practicas de mortificación y penitencia corporal, “exteriores”.

    • El pueblo cristiano vive en la actualidad muchas prácticas de mortificación exterior y de diversas maneras:
    • Salir en procesión penitente durante la Semana Santa.
      • Millares de fieles cristianos viven esta mortificación, que consiste en acompañar durante horas, con el rostro cubierto, descalzos, etc., al Señor en los días de su Pasión. Esta práctica de penitencia -muy enraizada en el sentir popular- se vive con características propias en países como Italia, España, muchas naciones de América y en Filipinas.
      • Ir en peregrinación

        Millones de personas han encontrado a Dios por esta vía: caminando, soportando el frío, el polvo, el viento y las incomodidades del viaje, como han hecho, por ejemplo, desde hace muchos siglos —y en la actualidad, con renovado ímpetu— tantos verdaderos peregrinos del Camino de Santiago, en Galicia.

      • Ayunar

        La Iglesia enseña que se debe ayunar en determinadas circunstancias (Viernes de Cuaresma, Miércoles de Ceniza, Viernes Santo); pero hay muchos cristianos que ayunan en otras ocasiones -por ejemplo, todos los viernes- por amor a Cristo; o se privan de pequeños gustos (tabaco, distracciones, etc.)

        Hay miles de personas que siguen en la actualidad unas dietas estrictas, que ayunan para adelgazar o conseguir una buena forma física: pero ese no es el fin del ayuno cristiano.

      • Dormir en el suelo, uso de el cilicio y de las disciplinas, etc.

        Estas prácticas forman parte de una tradición de siglos dentro de la la Iglesia, y muchos sacerdotes, religiosos y laicos las viven en la actualidad.

      • Los santos han recordado siempre a los cristianos que las usan que deben vivirse con profunda humildad y moderadas en la dirección espiritual.
      • San Ignacio de Loyola las denominaba “penitencias externas” en sus famosos Ejercicios, nº 87.
      • Se viven con diversas formulaciones según los diversos carismas de la Iglesia. Estos objetos de mortificación suelen estar a la venta en los monasterios.
      • No es lo mismo hacerlo, obviamente, por corredimir por Cristo, que por deporte. Para muchos montañeros constituye un verdadero gozo dormir en el suelo en el monte.

        Cilicio

        Su uso tiene origen bíblico: «cubrirse de cilicio y de ceniza».

        • Se llama así porque la materia provenía especialmente de Cilicia: un vestido de piel de cabra o de camello que, al contacto con la piel, era un instrumento de penitencia.
      • Parece que fue santa Catalina de Siena la que difundió y comenzó a usar el cilicio en la versión actual: una cadena metálica con puntas. Afirma el estudioso Louis Gougaud: “Una mirada a las vidas de los santos modernos lleva a afirmar que no estamos en manera alguna ante una mortificación perimée ”(desfasada, superada).

        Disciplinas

        • Los autores espirituales las llaman “disciplinas de devoción”.
        • Como toda mortificación corporal, busca unir el alma con Cristo y dominar la sensualidad, etc.
      • San Francisco de Sales las recomendó a los laicos como devoción privada en su libro Introducción a la vida devota: “La disciplina encierra eficacia maravillosa para despertar el deseo de la devoción cuando se toma moderadamente”.
      • El Cura de Ars, siguiendo la tradición de la Iglesia, le recomendaba a un sacerdote que se quejaba de que los feligreses de su pueblo no se acercaban a Dios:

        “¿Ha predicado usted? ¿Ha orado? ¿Ha ayunado? ¿Ha tomado disciplinas? ¿Ha dormido sobre duro? Mientras usted no se decida a esto, no tiene derecho a quejarse”.