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Discernimiento de la vocación

Según la Real Academia de la Lengua discernimiento significa “distinguir una cosa de otra”.

— El discernimiento de una vocación lleva a distinguir —cuando hay confusión, en las palabras o en la vida— entre el querer y el poder;

—lleva a distinguir entre el comportamiento externo (hacer muchas cosas) y la asunción verdadera de un espíritu, de un carisma, de un estilo de vida, en la mente y en el corazón (hacerlas con pleno convencimiento interior);

—distingue también entre el entusiasmo pasajero y la verdadera ilusión vocacional que dura toda la vida ; entre el seguimiento de Cristo –que se vale de la admiración hacia la persona que le sigue— del simple mimetismo externo hacia esa persona; etc.

3º) La vocación, respuesta humana libre.-

La persona ha de discernir la autenticidad de la propia vocación a través de los signos. Éstos pueden ser intrínsecos e intrínsecos; los primeros se refieren a la misma persona: idoneidad y rectitud de intención; la referencia de los segundos, en cambio, se encamina a la orientación en la dirección espiritual y aceptación por parte de la autoridad eclesiástica competente. El conjunto de estos signos producen en el individuo la certeza moral de haber sido llamado por Dios a seguir un camino concreto.

La persona que ha captado la llamada de Dios ha de responder con la obediencia de la fe (cfr Rom 16,26; 2 Cor 10,5-6), por la cual el hombre «se entrega entera y libremente a Dios» (Conc. Vaticano II, Dei Verbum, n. 5). Puesto que la respuesta a la vocación es una cuestión de fe y de amor –y, por supuesto, de sacrificio–, el hábitat o medio ambiente más adecuado para resolver el problema vocacional es la oración. El tener vida interior es condición necesaria para responder con generosidad a la llamada divina.

¿Cómo es la «experiencia psicológica» de la propia vocación? Salvo casos excepcionales no se impone la llamada de Dios a la conciencia por vía de evidencia, sino por vía de certeza moral, fundamentada en determinados signos naturalmente conocidos; pero, eso sí, iluminados por aquella maduración de la fe que es la luz de la vocación.

Distinguiremos cuatro rasgos:

a) Es luz para ver un camino e impulso para recorrerlo, efecto de la gracia. Virtualidad «noética y dinámica» de la Palabra de Dios: transmite un mensaje y ayuda a vivirlo. Por esa luz se da, pues, una maduración en la fe y, a la vez, un caminar en el riesgo y en la oscuridad de la fe. Por ese impulso es una maduración en la caridad y, por ello, en la libertad.

b) Es libre: La respuesta a la propia vocación no es un acto que determina toda la vida posterior, sino que requiere un constante ejercicio de la libertad («voluntariedad actual»).

c) Es siempre un carisma: su utilidad es personal y comunitaria. Mientras que la persona concreta conoce la vocación (a la santidad) por la fe, la existencia para ella de una vocación peculiar no es objeto directo de fe teologal, sino de conocimiento de unos signos que, bajo la luz de la gracia de esa vocación, conducen la mente a la certeza moral de su existencia.

d) Su discernimiento corresponde a la Iglesia: en toda reflexión teológica sobre la vocación personal, se proyecta el misterio de la acción eterna de Dios en la temporalidad del mundo.

Un caso específico: ¿Qué significa la expresión: soy aspirante en el Opus Dei?



  • Significa, en esencia, que soy un joven cristiano que ha entregado su vida a Dios, por Amor; y que quiero hacer durante mi vida, libremente, ante todo y sobre todo, la Voluntad de Dios, como Cristo hizo la voluntad de su Padre.
  • San Mateo: Oración de Jesús en el Huerto: “De nuevo se apartó por segunda vez y oró diciendo: Padre mío, si no es posible que esto pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. [43]
  • Diálogo de san Josemaría con Sofia Varvaro sobre la Voluntad de Dios.

  • Ahora estoy entregado a Dios, en la Iglesia, empeñado en la tarea de la Evangelización.

  • Pero no formo parte jurídicamente de esa partecica de la Iglesia que es el Opus Dei, aunque esté tan unido afectivamente con los ideales de las personas del Opus Dei.
  • No soy del Opus Dei. Aspiro a serlo. Pero tanto ahora como cuando pida la admisiónpitar(si se confirma que ésa es la Voluntad de Dios para mí) y cuando, con la mayoría de edad, me comprometa jurídicamente, como es mi deseo, lo único que me importa es cumplir la Voluntad de Dios.

  • Eso supone vivir la abnegación cristiana: quiero que Cristo viva en mí.
  • Durante este tiempo de discernimiento de mi vocación, estoy luchando para santificarme día a día, en cada momento concreto, sin sensación de provisionalidad, viviendo las virtudes humanas y cristianas —especialmente la reciedumbre, la sinceridad, la laboriosidad, la Santa Pureza, la generosidad— preparándome para realizar en mi vida la Voluntad de Dios para mí, y disponiéndome a seguir con fidelidad a Cristo.
  • Mi situación actual no puede ser de media entrega a Dios, o de simple espera, ya que, aunque no tengo ningún deber ni obligación jurídica con el Opus Dei, debo poner ahora –como durante toda mi vida- los medios sobrenaturales y humanos para cumplir el Primer Mandamiento de la Ley de Dios: amar a Dios con todas mis acciones, con mi alma, con mi mente y mi corazón.