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Primeras crisis en la vida cristiana

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  • Algunos jóvenes se desalientan antes las dificultades que ofrece el mundo pagano y la exigencia del mensaje de Cristo.
  • En algún caso puede ser útil recordar estos datos, de la experiencia de XXI siglos de pedagogía cristiana

Fases de crecimiento en la vida espiritual

  • La vida de un joven cristiano de 15, 16, 17 años, acusa y refleja, lógicamente, su proceso de maduración como persona.
  • Esas primeras crisis, como sucede en el matrimonio o en la vida profesional, son particularmente importantes, porque a los que las sufren tienden a magnificarlas y les falta experiencia para superarlas adecuadamente.
  • Esas crisis se pueden encarar de dos formas:

    Con sentido esperanzado y deportivo: es un reto a superar, del mismo modo que cuando el ciclista se cae en una competición. Cuando supere este tropezón saldré fortalecido.

    Con mentalidad de derrota: me he caído de la bici; he encontrado unas dificultades en mi carrera que no me esperaba y he tenido un choque con el mundo en el que vivo. Por lo tanto, no sirvo como cristiano.


Las causas de esas crisis

Son diversas. Con frecuencia al adolescente la falta capacidad para expresar lo que le está sucediendo. Pueden ser:

  • Recaídas en antiguos hábitos pecaminosos que se creían superados.
  • Desaliento ante el choque con el mundo pagano.
  • Desaliento por la falta de frutos en el estudio.
  • Desconcierto por la variabilidad propia de estados de ánimo.
  • Una crisis no resuelta junto con Cristo puede llevar al desaliento, que puede manifestarse de diversas formas:

Perder el ideal de Cristo. “No querer parecer buen cristiano ante los demás”.

—Disgusto exterior, falta de alegría.

—Desaliento ante la falta de coherencia o de fidelidad cristiana de un amigo o de alguien a quien se admiraba mucho.

—Falta de entusiasmo ante el panorama de la entrega cristiana.

—Atracción por el estilo de vida frívolo o menos exigente que llevan sus amigos no cristianos.

—Falta de coherencia entre lo que se hace y lo que se dice.

—Valoración negativa de algunas virtudes cristianas (sacrificio, abnegación, obediencia).

—Exageración de las exigencias de la entrega cristiana.

—Atracción hacia modelos de conducta alejados de Cristo: espectáculos, series de televisión, diversiones.

—Falta de vibración evangelizadora.


El formador cristiano (padre, educador, sacerdote, amigo, etc.) debe estar atento ante estas realidades poniendo los medios para ayudarle, con su estímulo, su oración y su consejo; para volver de nuevo a Cristo con sentido deportivo, mediante la humildad, la oración, la vida de sacramentos, la generosidad, el buen uso de la libertad, etc.

La autoeducación en la virtud de la reciedumbre


Para autoeducarse en la reciedumbre humana y espiritual, interior y exterior, se necesitan virtudes muy similares a la de los ginnastas:
  • Cultivar la paciencia: no se hace con perfección un ejercicio ginnástico a la primera
  • No se puede desear quererlo todo y ahora: hay que aprender a esperar, sin desánimos, sabiendo que dificultades no se superan en un momento.
  • Cultivar la paciencia con nuestros propios defectos: aceptarlos, pero sin claudicar ante ellos.
  • Y tener paciencia con los defectos de los demás, que con frecuencia imaginamos o exageramos.

  • Esforzarse por ganar en entereza y decisión ante las dificultades: todos los gimnastas se han caído alguna vez
    • Se gana en entereza poco a poco, aprendiendo a no desconcertarse excesivamente cuando las cosas no salen exactamente como esperábamos.
  • Proponerse ganar en realismo: en conocimiento de la propia realidad y lo que nos rodea. Como los gimnastas, no podemos lograr todas las metas: sólo aquellas que con mucho esfuerzo están a nuestro alcance.

Ejemplo: un estudiante que se propone aprender inglés.

  • La prudencia le llevará a saber que existen dificultades. No es optimismo, sino falta de realismo, pensar: Aprenderé inglés en diez días.
  • Esa misma prudencia le llevará a valorar las dificultades en su justa medida, sin agrandarlas. No tendría sentido pensar, tras el primer examen: Me han suspendido: ¡jamás aprenderé inglés!
  • Medir bien sus fuerzas reales. No es audaz sino poco realista, el que discurre así: este año voy a aprender inglés, francés, alemán, sueco y portugués.
  • Esforzarse por superar las dificultades de la forma y en el tiempo adecuado. Voy a aprender inglés, aunque no tengo ningún libro, ni academia, ni método, ni profesor de inglés.
  • Rechazar la tentación del victimismo y de la autocompasión, del espíritu de queja, que con frecuencia son excusas para la pereza. Tengo tiempo para estudiar, pero eso me exigiría esforzarme y no tengo oido para los idiomas. No voy a estudiar inglés. Qué pena:¡con lo que me ilusionaba!
  • Se trata, en resumen: aceptar la realidad de la vida:

— no entendemos siempre todo lo que nos sucede.

— no se encuentra siempre una explicación rápida y sencilla de todo.

  • Buscar el equilibrio a la hora de actuar
    • El ideal es actuar atendiendo con equilibrio a las razones de la cabeza y del corazón, sin emotivismos.
  • Cultivar la reciedumbre en el hablar, que lleva a:
  • Defender de forma excesivamente apasionada nuestras opiniones personales.
  • Intentar imponer nuestras opiniones a los demás.
  • No dar nuestra opinión innecesariamente, venga o no a cuento.
  • Darles a nuestras opiniones personales el valor relativo que tienen.
  • Acostumbrarse a conversar con personas de diversas opiniones, o de opinión diversa a la nuestra, sin buscar que siempre nos den la razón.
  • No caer en la verborrea o incontinencia verbal.
  • Esforzarse por escuchar a los demás.
  • Pasar por alto modos de decir de los demás que no sean del todo exactos, sin hacer puntualizaciones puntillosas, corrigiendo constantemente expresiones, fechas, datos inexactos.
  • Evitar la ironía, los autoritarismos, que tanto distancian de los demás.
  • Reciedumbre ante las molestias y enfermedades
    • No hacer de la enfermedad un espectáculo, que contamos a todos, para que todos nos compadezcan y estén preocupados de nosotros, sin soportar que lo pasen bien mientras nosotros estamos molestos.
    • Aprender a contar lo que nos sucede a las personas oportunas yde la forma oportuna.
    • Ser pacientes y aceptar las recomendaciones del médico aunque nos cuesten. Supone más reciedumbre obedecer al médico y permanecer en cama que levantarse con fiebre, porque no nos apetece quedarnos en la cama.

  • Asumir las incertidumbres y riesgos de la vida
  • Decidirse y elegir: no elegir ya es una forma de elegir.
  • Cultivar la autoestima, la seguridad en uno mismo.
  • Actuar sin miedo excesivo a equivocarse y a fracasar.
  • No tomar más previsiones que las necesarias. El deseo de “amarrarlo todo muy bien” puede reflejar un miedo excesivo al fracaso.
  • Toda elección supone un riesgo, que conviene asumir con sencillez y espíritu deportivo.

  • Asumir los fracasos, reconocer los propios errores

  • Los fracasos forman parte de nuestra vida: no conviene exagerar su alcance.
  • La fortaleza lleva a aprender a reconocer los propios errores, las equivocaciones personales, sin desviar la culpa hacia los demás: los padres, los profesores, los amigos, las circunstancias.