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Padres de la Iglesia

San Clemente de Alejandría, al igual que los Padres de la Iglesia reconocieron la necesidad de la mortificación, viéndola como una manifestación del amor de Dios. «El sacrificio del cuerpo y su aflicción es acepto a Dios, si no va separado de la penitencia; ciertamente es un verdadero culto a Dios» ( Stromata, 5,11,67,1).

San Agustín, comentando las palabras de Jesucristo: «si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga» (Le 10,23), dice : «Esa cruz que el Señor nos invita a llevar, para seguirle más de prisa, ¿qué significa sino la mortificación? (Epist. 243,11).

Dificultades frecuentes

  • Se necesita oración, paciencia y don de lenguas para explicar conceptos equivocados muy extendidos sobre la vida cristiana, que suelen ser consecuencia habitualmente del subjetivismo, de la moral de situación y de la “ética autónoma” de Kant. Por ejemplo:
  • Pensar que sólo hay mal cuando se hace daño a alguien (es una versión popular del consecuencialismo ético).

— En este caso se debe hacer ver que a quien verdaderamente se ofende con el pecado es a Dios y se causa un mal a uno mismo;

— Será bueno recordar quizá que no es cierto que haya determinadas acciones malas con las que no se haga mal a nadie: Dios y el prójimo esperan de nosotros una persona con verdadera capacidad de amar y con lealtad humana.

  • Concebir las normas morales como represoras

— Convendrá explicar bien el carácter liberador de las normas morales, que de ningún modo suponen una barrera para el auténtico amor humano.

Quizá resulte oportuno explicar el sentido de las enseñanzas de la Iglesia: por ejemplo, ¿por qué ir a Misa el domingo y no otro día? con diversas razones: no basta decir “porque lo enseña la Iglesia”. Se pueden apuntar, entre otras muchas, las siguientesrazones:

— viene de Dios directamente el mandato de darle culto un día preciso de cada siete, el día del Señor.

—quien dice esto no suele ir ni el domingo ni ningún otro día.

—el precepto está puesto precisamente para ayudar a voluntades débiles.