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La corrección fraterna, manifestación de servicio a los demás y de fraternidad cristiana

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La Iglesia recuerda que todos los cristianos tienen el deber de corregir fraternalmente a los que le rodean. Catecismo , 1829

La caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia.

La caridad exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa; es amistad y comunión.

Enseñanzas de los santos sobre la corrección fraterna

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San Ambrosio

“Aprovecha más la corrección amiga que la acusación violenta; aquella inspira compunción y ésta incita la indignación”. (Catena Aurea, volumen VI).

“Ni la corrección ha de ser tan rígida que desanime, ni ha de haber connivencia que facilite el pecar” (Catena Aurea, volumen VI, 266).

San Gregorio Magno

“Y ninguno diga: yo no sirvo para amonestar, no soy idóneo para exhortar. Haz lo que puedas, que no se te pida cuenta…” (Homilía 4 sobre los Evangelios).

San Juan Crisostomo

“Conviene examinar en primer lugar con sumo cuidado nuestros defectos, antes de pasar a reprender los defectos de los demás” (Catena Aurea, Vol. I).

San Cirilo

“La reprensión, que hace mejorar a los humildes, suele parecer intolerable a los soberbios” (Catena Aurea, vol. VI)

San Agustín

“Si le dejas estar, peor eres tú; él ha cometido un pecado y con el pecado se ha herido a sí mismo; ¿no te importan las heridas de tu hermano? Le ves perecer o que ha perecido, ¿y te encoges de hombros? Peor eres tú callando que él faltando” (Sermón 82).

“Debemos pues, corregir por amor; no con deseos de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda… ¿Por qué le corriges? ¿Por qué te ha molestado ser ofendido por él? No lo quiera Dios. Si lo haces por amor propio, nada haces” (Sermón 82)

San Josemaría

“no hemos de tener miedo a decir la verdad con la corrección fraterna; porque si nos callamos, por comodidad o por cobardía, con ese silencio estamos cooperando al mal y robando gloria a Dios. Convéncete: cuando haces la corrección fraterna, estás ayudando, con Jesucristo, a llevar la Cruz a tu hermano; una ayuda enteramente sobrenatural, pues la corrección fraterna va precedida, acompañada y seguida por tu oración”. (Enseñanzas de san Josemaría, citadas por J. Echevarría en Memoria del Beato Josemaría)

“¿A mí, quién me va a santificar, el preste Juan de las Indias, con quien no convivo, con quien nunca estaré? Me tienen que santificar las personas que están a mi alrededor, porque he de esforzarme para acomodarme a su modo de ser, y he de procurar servirles, y atenderles, también con la corrección fraterna.

…si no se hace la corrección fraterna, es un índice claro de que no hay preocupación por ser santos. Todos tenemos defectos, y resulta evidente que, cuando no nos ayudamos, con cariño y visión sobrenatural, a corregirlos, vivimos en un diálogo con nuestras faltas y con las de los demás.

…nosotros, los hijos de Dios, trabajamos siempre bajo la mirada de Nuestro Padre, contamos con el cariño de los demás, que nos ayudan, entre otros modos con la corrección fraterna, si algo no va. No lo olvidéis: la corrección fraterna es parte de la mirada de Dios, de su Providencia amorosa. (Enseñanzas de san Josemaría, citadas por J. Echevarría en Memoria del Beato Josemaría)

De las enseñanzas del Señor y de los santos se deduce que:

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Los cristianos tenemos el deber de hacer corrección fraterna.

La corrección es fruto de la caridad, de la fraternidad, no del juicio crítico. Es el amor de Cristo el que urge, el que invita a ayudar al hermano con esa corrección.

La corrección fraterna nace del deseo de ayudar a todos en su camino hacia el Cielo.

No nace de la irritación por una ofensa que hayamos recibido, ni por amor propio, porque han hecho algo que nos ha molestado.

La corrección fraterna es consecuencia de la mirada cristiana del bautizado, que se sabe co-responsable, corredentor, de la santidad de los demás.

Antes de realizar una corrección conviene pedirle luces al Espíritu de Dios para encontrar el mejor modo de llevarla a cabo.

El que realiza esa corrección debe considerar, con humildad su propia indignidad, reconociéndose pecador en la presencia de Dios y hacer examen sobre sus propias faltas.

Si nos han corregido y nos ha parecido “intolerable” lo que nos han dicho, quizá sea conveniente meditar en las palabras anteriores de San Cirilo.