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Preguntas y respuestas sobre el acompañamiento espiritual

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1. ¿Qué es y qué no es el acompañamiento o dirección espiritual?

  • El acompañamiento espiritual es una práctica muy antigua en la tradición judeo- cristiana como un medio para encontrar a Dios.
    • Por tanto, no debe confundirse con otras realidades humanas, que utilizan nombres similares: en el lenguaje de la Iglesia dirigir, acompañar espiritualmente tiene un sentido propio y específico.“Dirigirse espiritualmente” no consiste sólo en desahogarse psicológicamente, como se hace en el marco de la amistad.

      No es tampoco una simple búsqueda de consejo, como la que realizan tantas personas que acuden a los consultorios de las revistas, a las consultas de los médicos, y a los programas de radio y de televisión para “contar su caso” y buscar orientación.

  • Si se reciben esos consejos con sinceridad y humildad resulta más sencillo descubrir en la conciencia, mediante la gracia y la oración, la luz y las llamadas de Dios para cada uno.

Una imagen clásica en la literatura espiritual: la luz del faro indica los escollos y, sobre todo, la ruta y el puerto; pero, para alcanzarlo, los navegantes deben hacer fuerza con los remos, o aprovechar los vientos favorables con las velas, y sostener y rectificar el timón.

  • Estas conversaciones se dirigen, al mismo tiempo, a la inteligencia -para que esté iluminada por la fe viva, y descubra con esa luz el camino personal y los medios adecuados para recorrerlo-, y a la voluntad, para afirmarla de tal forma que pueda corresponder libre, personal, responsable y generosamente a los impulsos de la gracia.
  • Hay que tener siempre presente -y los santos nos lo recuerdan eficazmente con su ejemplo- que el verdadero y único modelo de la santidad cristiana es Jesucristo, y que toda labor de acompañamiento espiritual consiste en procurar que cada cristiano tenga una amistad personal e íntima, de verdadero amor, a su manera, con Cristo, hasta querer identificarse con El, “en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom. 8, 21).

Cómo hablar de esta virtud. Sugerencias para padres y educadores


  • Enseña San Pablo: La fornicación y toda impureza o avaricia ni se nombren entre vosotros; ni palabras torpes, ni conversaciones vanas o tonterías, que no convienen (Ef 5,3-4).

    “Nunca hables, ni para lamentarte, de cosas o sucesos impuros. —Mira que es materia más pegajosa que la pez. —Cambia de conversación, y, si no es posible, síguela, hablando de la necesidad y hermosura de la santa pureza, virtud de hombres que saben lo que vale su alma”(Camino, n. 131).

La naturalidad cristiana

  • Se percibe en la actualidad, una falsa “naturalidad” que confunde lo espontáneo con lo verdadero, y que está reñida con la auténtica naturalidad cristiana.

  • Esta falsa naturalidad se advierte, con mayor o menor intensidad:

en ciertas conversaciones de la vida cotidiana, en las que aborda la sexualidad desde perspectivas no cristianas, con un lenguaje excesivamente crudo e impudoroso. A veces se cae, en aras de esa falsa naturalidad, en la grosería y la vulgaridad.

en la aceptación acrítica de las formas y contenidos de algunos medios de comunicación (libros, periódicos y revistas, TV, internet, anuncios, etc) y otros fenómenos sociales de gran impacto, como las canciones.

en el modo de vestir, que sigue ciegamente los dictados y modelos de lo que se lleva, sin más.

en la aceptación de determinados comportamientos, opuestos a la voluntad de Dios, que en una sociedad pagana se considera normal. Conviene recordar que las conductas aberrantes siguen siendo aberrantes por muy extendidas que estén (como el uso de determinadas drogas). Aunque lo patológico se convirtiera en cotidiano, no dejaría de ser patológico.

en las alabanzas a pretendidas obras de arte profundamente inmorales. “El bien es la condición metafísica de la belleza” (Juan Pablo II, Carta a los artistas, 4-IV-1999, 3,2); por tanto no se puede decir que una obra de arte sea plenamente bella si le falta la dimensión moral o va contra ella.

  • Todo esto se opone al mensaje de Cristo. Siguiendo sus enseñanzas, recuerda san Pablo: la fornicación y toda impureza o avaricia ni se nombren entre vosotros; ni palabras torpes, ni conversaciones vanas o tonterías, que no convienen (Efesios 5,3-4).
  • La vida de los primeros cristianos —que vivían a contracorriente y se alejaban en muchos puntos de su conducta de los modelos dominantes de la sociedad pagana en la que vivían— siguen siendo una pauta para seguir en nuestros días.