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Saber escuchar a Dios, conocer por medio de quién nos habla

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  • Para cumplir siempre y en todo la Voluntad de Dios se requiere saber escuchar a Dios, y conocer los caminos por medio de los cuales nos va manifestando su Voluntad.

Escribe Celaya:

“Dios quiere que le obedezcamos no como animales irracionales, sino como seres inteligentes, que gozan de una voluntad libre regalada por su Creador. La obligatoriedad de la norma moral llega al hombre a través de su conciencia, que descubre y discierne en concreto la bondad o maldad de las cosas, señala un deber objetivo a nuestra conducta subjetiva, hace que nos sintamos obligados a poner o a evitar una determinada acción.

Por esta razón, es imprescindible que la primera cualidad de la conciencia sea la veracidad, la sinceridad debe reflejar efectivamente en cada caso los planes divinos para el hombre; esta sinceridad le lleva en primer lugar a conocer la ley moral -ley natural y Ley evangélica-, confiada a su Iglesia en depósito para que la custodie, declare e interprete sin posibilidad de error, de modo que lo tengamos siempre como guía segura e infalible para conocer la voluntad de Dios; y juntamente, la sinceridad se dirige al objetivo conocimiento de las propias acciones, para que se acomoden a esa ley moral, y eventualmente para enderezarlas cuando sea necesario.

En el caso de que la acción humana no esté de acuerdo con la Voluntad de Dios, el hombre tiene también medios eficaces para rectificarla: la contrición y el sacramento de la Penitencia.

Dios, que conoce la debilidad humana, ha previsto los medios para subsanarla, pero exige siempre una actitud de s.: «si dijéramos que no tenemos pecado, nosotros mismos nos engañamos, y no hay verdad en nosotros. Pero si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es él, para perdonárnoslos y lavarnos de toda iniquidad. Si dijéramos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso,- y su palabra no está en nosotros» (I lo 1,8-10).

En la Confesión, la sinceridad es tan vital que si el hombre no reconoce objetivamente su culpa no puede recibir la gracia; no es, pues, una actitud ante una persona, el confesor, sino ante el mismo Dios, en cuyo nombre actúa el sacerdote: la posición contraria sería tan estéril como la del que «acudiendo a la consulta del médico para ser curado, perdiera el juicio y la conciencia de a qué ha ido, y mostrase los miembros sanos ocultando los enfermos.

Dios -sigue S. Agustín- es quien debe vendar las heridas, no tú; porque si tú, por vergüenza, quieres ocultarlas con vendajes, no te curará el médico. Has de dejar que sea el médico el que te cure y vende las heridas, porque él las cubre con medicamento.

Mientras que con el vendaje del médico las llagas se curan, con el vendaje del enfermo se ocultan. ¿Y a quién las ocultas? Al que conoce todas las cosas» (Enarr. in Ps 31,2,12)”.

Algunas obras sobre la mortificación cristiana

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  • PALMA, Luis de la: Historia de la Sagrada Pasión (Cuadernos Palabra, 18; BAC, 261; Apostolado de la Prensa). Este clásico de la literatura espiritual, escrito por un conocido Jesuita, ayuda a conocer y tratar a Jesucristo, y a crecer en espíritu de mortificación, contrición y desagravio.
  • TANQUEREY, Adolphe, La divinización del sufrimiento (Patmos, 45). Trata especialmente del espíritu de mortificación, penitencia y desagravio.
  • TOMÁS MORO, Santo: (La agonía de Cristo) (Neblí, 48). Comentario a los relatos evangélicos sobre la oración de Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos, escrito con gran piedad y doctrina. El autor saca consecuencias prácticas de los detalles que narran los Evangelios, de modo que resultan aplicables a las circunstancias de la vida ordinaria.La Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz
  • La Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz

    Juan Pablo II: El sentido cristiano del sufrimiento humano
  • Daniel-Rops: La Iglesia de los Apóstoles y de los Mártires, Palabra. Muestra como vivieron su fe los primeros cristianos en medio de una sociedad pagana.