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medios para vivir la Pureza

Punto de partida: Catecismo de la Iglesia: nn 2342, 2345, 2347, que llevan a la persona casta a darse a los demás mediante la amistad y el apostolado

2342 El dominio de sí es una obra que dura toda la vida. Nunca se la considerará adquirida de una vez para siempre. Supone un esfuerzo reiterado en todas las edades de la vida (cf tt 2, 1-6). El esfuerzo requerido puede ser más intenso en ciertas épocas, como cuando se forma la personalidad, durante la infancia y la adolescencia.

2345 La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual (cf Ga 5, 22). El Espíritu Santo concede, al que ha sido regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de Cristo (cf 1 Jn 3, 3).

2347 La virtud de la castidad se desarrolla en la amistad. Indica al discípulo cómo seguir e imitar al que nos eligió como sus amigos (cf Jn 15, 15), a quien se dio totalmente a nosotros y nos hace participar de su condición divina. La castidad es promesa de inmortalidad.

La castidad se expresa especialmente en la amistad con el prójimo. Desarrollada entre personas del mismo sexo o de sexos distintos, la amistad representa un gran bien para todos. Conduce a la comunión espiritual.


En la lucha por vivir esta virtud son medios importantes:

la oración: pedir a Dios la virtud de la santa pureza, con humildad; la frecuencia de sacramentos: son las medicinas de nuestra debilidad;

el trabajo intenso; evitar el ocio;

la moderación en la comida y bebida, dando al cuerpo algo menos de lo que pide;

guardar la vista: ver sin mirar.

cuidar los detalles de pudor y de modestia, en el vestir, etc.;

evitar las conversaciones sobre cosas impuras, ni siquiera para lamentarse: es materia más pegajosa que la pez.

desechar las lecturas de libros, revistas o diarios inconvenientes;

no acudir a espectáculos inmorales, ni verlos por televisión. La regla de conducta no es hacer lo que hacen los demás. La naturalidad cristiana exige con frecuencia ir contracorriente;

tener la valentía de ser “cobardes”: huir de las tentaciones contra la pureza, sin dialogar con ellas;

ser muy sinceros en la dirección espiritual: es preferible hablar “antes” que “después”;

olvidarse de sí mismo;