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El respeto a la verdad. La verdad tiene un único rostro

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Catecismo de la Iglesia Católica. IV EL RESPETO DE LA VERDAD

2488 El derecho a la comunicación de la verdad no es incondicional. Todos deben conformar su vida al precepto evangélico del amor fraterno. Este exige, en las situaciones concretas, estimar si conviene o no revelar la verdad al que la pide.

2489 La caridad y el respeto de la verdad deben dictar la respuesta a toda petición de información o de comunicación. El bien y la seguridad del prójimo, el respeto de la vida privada, el bien común, son razones suficientes para callar lo que no debe ser conocido, o para usar un lenguaje discreto. El deber de evitar el escándalo obliga con frecuencia a una estricta discreción. Nadie esta obligado a revelar una verdad a quien no tiene derecho a conocerla (cf Si 27,16; Pr 25,9-10).

2490 El secreto del sacramento de la reconciliación es sagrado y no puede ser revelado bajo ningún pretexto. “El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo” (CIC, can. 983,1).

2491 Los secretos profesionales -que obligan, por ejemplo, a políticos, militares, médicos, juristas- o las confidencias hechas bajo secreto deben ser guardados, exceptuados los casos excepcionales en que el no revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la verdad. Las informaciones privadas perjudiciales al prójimo, aunque no hayan sido confiadas bajo secreto, no deben ser divulgadas sin una razón grave y proporcionada.

2492 Se debe guardar la justa reserva respecto a la vida privada de la gente. Los responsables de la comunicación deben mantener una justa proporción entre las exigencias del bien común y el respeto de los derechos particulares. La ingerencia de la información en la vida privada de personas que realizan una actividad política o pública, es condenable en la medida en que atenta contra la intimidad y libertad de éstas.

EL USO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION SOCIAL

2493 Dentro de la sociedad moderna, los medios de comunicación social desempeñan un papel importante en la información, la promoción cultural y la formación. Su acción aumenta en importancia por razón de los progresos técnicos, de la amplitud y la diversidad de las noticias transmitidas, y la influencia ejercida sobre la opinión pública.

2494 La información de estos medios es un servicio del bien común (cf IM 11). La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad:

El recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación (IM 5,2).

2495 “Es necesario que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de caridad y justicia también en este campo, y, así, con ayuda de estos medios, se esfuercen por formar y difundir una recta opinión pública” (IM 8). La solidaridad aparece como una consecuencia de una información verdadera y justa, y de la libre circulación de las ideas, que favorecen el conocimiento y el respeto del prójimo.

2496 Los medios de comunicación social (en particular, los mass-media) pueden engendrar cierta pasividad en los usuarios, haciendo de estos consumidores poco vigilantes de mensajes o de espectáculos. Los usuarios deben imponerse moderación y disciplina respecto a los mass-media. Han de formarse una conciencia clara y recta para resistir más fácilmente las influencias menos honestas.

2497 Por razón de su profesión en la prensa, sus responsables tienen la obligación, en la difusión de la información, de servir a la verdad y de no ofender a la caridad. Han de forzarse por respetar con una delicadeza igual, la naturaleza de los hechos y los límites y el juicio crítico respecto a las personas. Deben evitar ceder a la difamación.

2498 “La autoridad civil tiene en esta materia deberes peculiares en razón del bien común, al que se ordenan estos medios. Corresponde, pues, a dicha autoridad… defender y asegurar la verdadera y justa libertad” (IM 12). Promulgando leyes y velando por su aplicación, los poderes públicos se asegurarán de que el mal uso de los medios no lleguen a causar “graves peligros para las costumbres públicas y el progreso de la sociedad” (IM 12). Deberán sancionar la violación de los derechos de cada uno a la reputación y al secreto de la vida privada. Tienen obligación de dar a tiempo y honestamente las informaciones que se refieren al bien general y responden a las inquietudes fundadas de la población. Nada puede justificar el recurso a falsas informaciones para manipular la opinión pública mediante los mass-media. Estas intervenciones no deberán atentar contra la libertad de los individuos y de los grupos.

2499 La moral denuncia la plaga de los estados totalitarios que falsifican sistemáticamente la verdad, ejercen mediante los mass-media un dominio político de la opinión, manipulan a los acusados y a los testigos en los procesos públicos y tratan de asegurar su tiranía yugulando y reprimiendo todo lo que consideran “delitos de opinión”.

10. Comprensión:

la comprensión va muy unida a la caridad. Es el fruto de escuchar al otro dedicándole tiempo, de atenderle con espíritu abierto y sin prejuicios, aunque se esté en desacuerdo con él.

Exige cultivar el lenguaje de la comprensión, fruto de la humildad, en el que intervienen el respeto, el deseo de aprender del otro, la sugerencia delicada, la frase de aliento, el gesto afable (quizá podrías plantearte…), etc; evitando el lenguaje impositivo, autoritario, tajante, sentencioso: “lo que a ti te pasa es qué”, la soberbia en último término.

El hombre comprensivo se esfuerza por cultivar el arte de saber escuchar. Este arte exige:

-Respeto auténtico hacia el otro.

-Cultivar la capacidad de comunicación, diciendo lo que se deba decir.

-Dejar hablar largo rato, sin inetrrumpir, ni hacer gestos de fastidio o de cansancio, sin actitudes de prisa o urgencia.

– Escucharle en momentos de desahogo, en los que pueden decir expresiones, argumentos inconvenientes, que se pueden rebatir en otro momento, pero no en ése, ya que lo más probable es que la persona lo que desee y necesite en ese momento es ser escuchada.


Escribe Philippe en su libro La libertad interior:

Todos tenemos caracteres bien diferenciados, maneras de ver las cosas opuestas, y sensibilidades opuestas, y éste es un hecho que hay que reconocer con realismo y aceptar con humor.

A algunos les encanta el orden y el menor síntoma de desorden crea en ellos inseguridad.

Hay otros que en un contexto excesivamente cuadriculado y ordenado se asfixian enseguida.

Los que aman el orden se sienten personalmente agredidos por quienes van dejándolo todo en cualquier sitio, mientras que a la persona de temperamento contrario la agobia quien exige, siempre y en todo, un orden perfecto.

Y enseguida echarnos mano de consideraciones morales, cuando no se trata más que de diferencias de carácter.

Todos padecemos una fuerte tendencia a alabar lo que nos gusta y conviene a nuestro temperamento, y a criticar lo que no nos agrada. Los ejemplos serían interminables.

Y, si no se tiene esto en cuenta, nuestras familias y nuestras comunidades correrán el riesgo de convertirse en permanentes campos de batalla entre los defensores del orden y los de la libertad, entre los partidarios de la puntualidad y los de la flexibilidad, los amantes de la calma y los del tumulto, los madrugadores y los trasnochadores, los locuaces y los taciturnos, y así sucesivamente.

De ahí la necesidad de educamos para aceptar a los demás como son, para comprender que su sensibilidad y los valores que los sustentan no son idénticos a los nuestros; para ensanchar y domar nuestro corazón y nuestros pensamientos en consideración hacia ellos.

Es este un aspecto especialmente importante en las relaciones entre hombres y mujeres. Tras algunos decenios del dominio de una ideología que, confundiendo igualdad con identidad, ha sostenido que el hombre y la mujer son perfectamente intercambiables, ahora estamos redescubriendo (afortunadamente) las profundas diferencias psicológicas entre ambos sexos.

Una tarea complicada que nos obliga a relativizar nuestra inteligencia, a hacernos pequeños y humildes; a saber renunciar a ese «orgullo de tener razón» que tan a menudo nos impide sintonizar con los otros; y esta renuncia, que a veces significa morir a nosotros mismos, cuesta terriblemente.

Pero no tenemos nada que perder. Es una suerte que nos contraríe la manera de ver las cosas de los demás, pues así tendremos ocasión de salir de nuestra estrechez de miras para abrimos a otras cualidades.

Hace 25 años que vivo en comunidad y he de reconocer que, a fin de cuentas, he acabado recibiendo más de aquellos con quienes no me entendía que de aquellos a los que me unía cierta afinidad.

De haberme limitado a frecuentar a personas de mi misma sensibilidad, esos otros valores distintos a los míos nunca me habrían abierto los nuevos horizontes que he llegado a descubrir”.

Por lo que se refiere al modo de dar la formación cristiana:

—¿El modo en que digo las cosas depende de mi estado de ánimo?

— ¿Analizo el modo y el contenido del Anuncio cristiano que transmito?

— ¿Me propongo aprender a transmitir el mensaje del Evangelio con más vibración, con más fuerza comunicativa, con más belleza y capacidad de atracción, o me dejo llevar por la rutina ?

— ¿Tiendo a utilizar fórmulas estereotipadas?

— Lo que digo, y el modo en que lo digo, ¿resulta atractivo y adecuado para un joven cristiano actual?

— ¿Los jóvenes no me entienden bien… o yo no me explico bien?

— ¿Sé explicar los porqués de la vida cristiana?

— ¿Selecciono los puntos esenciales que deseo transmitir a cada persona o en cada clase, en cada conversación, intento decirlo todo sobre la materia?

— ¿Sé que el mejor camino para aburrir consiste en querer decirlo todo?

— ¿Pongo los medios para transmitir las verdades del Evangelio según lo que necesita ahora cada persona, valorando su edad, su carácter y sus crcunstancias, o tiendo a seguir esquemas despersonalizados?

— ¿Pienso que transmitir el Evangelio y la fe cristiana es lo mismo que explicar cualquier asignatura?

—¿Soy suficientemente flexible, acomodándome a las circunstancias de cada joven, a su edad, momento y oportunidad?