Archivo de la etiqueta: comprension exigente

2.2. LA ADOLESCENCIA MEDIA O PROPIAMENTE DICHA (15 a 18 años)

a) RASGOS COMUNES: Se aprecia una clara maduración mental que se refleja en el alto desarrollo de la capacidad intelectiva. Existe una capacitación para el pensamiento abstracto y a la vez una mayor reflexión y sentido crítico que en la fase anterior. Sin embargo la idea del adolescente sigue siendo fuertemente condicionada por la intensa vida afectiva (estados de ánimo). Esto lleva a una falta de objetividad que explica el dogmatismo con el que frecuentemente procede en defensa de sus opciones.

La maduración afectiva expresa ahora un enriquecimiento como resultado de una mayor profundización en la intimidad, lo que hace que ahora el adolescente sea muy introvertido, observándose en ciertas actitudes un fuerte sentimiento de autoafirmación de la personalidad: obstinación, terquedad, afán de contradicción. (El adolescente se cierra a las razones, se aferra con obstinación a sus puntos de vista atrevidos y resoluciones imprudentes.

Si se le da la orden con violencia y rigor, lejos de conseguir el efecto deseado, sirve para fortalecer su obstinación, lo que le lleva a cierta agresividad).

Uno de los rasgos dentro de la madurez afectiva es la necesidad de amar y de ser amado. Lo que da lugar al nacimiento de la amistad y del primer amor.

A partir de los quince o dieciséis años no les satisface la relación de camaradería (asociación de compañeros para compartir una experiencia, no había intercambio de vivencias personales), a partir de ese momento es sustituido por la pandilla, donde se da una comunicación muy estrecha con capacidad de responder a un sentimiento de amistad.

El adolescente más tarde sentirá la necesidad de darse por completo a los demás, de llegar a una relación más profunda y personal, lo que hace que la pandilla o grupo de amigos sea sustituido por uno o dos amigos como máximo. -El sentirse distinto a los demás le mueve a buscar un amigo que le comprenda y con quien pueda compartir sus proyectos, sus ilusiones y sus fracasos-. Un rasgo típico es la idealización del amigo.

Otro rasgo típico de esta edad es la timidez, que tiene su origen en la desconfianza de sí mismo y en los demás. Este fenómeno se explica comparando la seguridad casi inconsciente del niño, que prácticamente se limita a actuar siguiendo las ideas de sus padres, con la inseguridad del adolescente a quien no le bastan o no les satisfacen plenamente aquellas ideas.

b) RASGOS NO COMUNES: en algunos adolescentes el desarrollo del sentido crítico les lleva a la duda sistemática de la autoridad intelectual de los adultos (que son desmitificados). Sus nuevos mitos pueden ser los amigos, los escritores, los actores de televisión o los cantantes de moda …. Aparece también, a veces, un entusiasmo por la verdad, por la conquista de la verdad, con el prurito de tener “sus propias ideas”.

A veces, la agresividad de esta fase se radicaliza, dando lugar a transgresiones de la ley moral de forma intencionada. Esto se debe a que desearía ser algo y mover la admiración por su obra, pero como nadie se lo toma en serio, entonces se orienta hacia lo que se siente capacitado: hacer groserías, brutalidades, excesos, transgresiones. Pero todo ello no es sino una defensa y protección de la propia personalidad.

Aun cuando disminuye el problema de la integración social, estas dificultades persisten en algunos adolescentes. El amigo único suele ser en estos casos la única persona a la que abren la intimidad.

También se puede observar en algunos adolescentes, sobre todo en el ámbito familiar, el fenómeno de mutismo. Son capaces de pasarse horas sin decir nada. No debe tomarse como síntoma de intimidad familiar, ya que en muchos casos, se trata de que no tiene nada que decir o no están en disposición de ello, debido al bloque afectivo que padecen.

c) AYUDAS POSITIVAS: ¿Cómo ayudar al que no quiere ser ayudado?. Los adolescentes quieren valerse por sí mismos, esto es positivo, están afirmando su personalidad. Las ayudas de los padres son tomadas como una ofensa: se sienten tratados como niños. A veces estas ayudas son innecesarias, (típico de padres perfeccionistas) bien por una actitud de autosuficiencia, fruto de la inexperiencia o porque les molesta el procedimiento utilizado para darlas.

De acuerdo con ello, el profesor Gerardo Castillo aconseja:

1. Ayudar al adolescente cuando tenga conciencia de que necesita ayuda o deseo de aceptarla. La tarea del educador es poner los medios para que descubra los límites de su capacidad y provoque el deseo de que se le ayude. En ocasiones, el mejor procedimiento es dejar al hijo que se equivoque.

2. Cuidar la forma o el procedimiento. Conviene prestar la ayuda como una colaboración, un trabajo juntos para resolver un problema.

3. Tratarle o hablar más que como es, cómo nos gustaría que fuera. Y sobre todo escucharle, escucharle, escucharle mucho.

La orientación educativa deberá centrarse, fundamentalmente, en dos puntos: educación del carácter y las relaciones con los demás (especialmente con los padres y con los amigos). También cabe referirse a la necesidad de orientación en temas de estudio, dinero, trabajo, tiempo libre, elección vocacional…(pero será objeto de otros temas específicos en este curso).

Con respeto al dogmatismo propio de la edad, convendrá aprovechar su capacidad para el pensamiento lógico: una postura radical se desmonta muchas veces haciendo pensar, razonándoles.

Proporcionando datos reales o remitiéndole a alguna fuente que le permita ampliar el punto de vista personal. Lo que no conviene es establecer discusiones al mismo nivel para intentar disuadir sus argumentos. La agresividad de esta edad (en forma de obstinación, terquedad, malos modales, etc.) no se resuelve con violencia o rigor, pues la raíz de estas dificultades no es la maldad, sino en la falta de maduración, de no poder valerse por sí mismos.

Lo fundamental, en este sentido, es que los padres no pierdan la calma, procurando ser sobrios en gestos y palabras. Los “dramatismos” son contraproducentes. Ante reacción agresiva del hijo, suele ser útil ignorar en un primer momento ese comportamiento y esperar a que el chico se calme. En un segundo momento, convendrá mantener una charla con el, con calma y tranquilidad, llevándole a analizar fríamente su comportamiento y que él mismo deduzca algunas consecuencias. De esta forma se fomentará el conocimiento de sí mismo y la autoexigencia.

Ante el problema de alejamiento de los padres y el refugio en el grupo de amigos, “hay que encajar el golpe con deportividad”, es un comportamiento normal en esa edad, Está en la línea del desarrollo de la autonomía personal. Satisfacer esa necesidad es una de las principales “cruces de la paternidad”. Sí bien pasada esa fase, el chico vuelve a la familia.

Siguiendo al profesor Gerardo Castillo:

no se trata de renunciar a la influencia paterna, sino de hacerla compatible con la de los amigos. Para ello integrar a los amigos en el ámbito familiar. Que la casa esté abierta desde el principio a los amigos de los hijos. Ello tiene la ventaja de poder conocer directamente quiénes son y cómo son los amigos de nuestros hijos.

Aquí cabría hablar de la educación para la amistad, pero será objeto de otro trabajo.

En todas las ayudas que nos hemos referido, hay un denominador común: la exigencia comprensiva o la comprensión exigente. Diremos, por último, que es muy importante ayudarles a encontrar un modelo a imitar.

El buen ejemplo de los padres, es un factor decisivo, especialmente si tienen relación con las virtudes más necesarias en este momento: autodominio, fortaleza, optimismo y sobriedad.

Es importante volver a insistir en la virtudes: fortaleza, perseverancia y optimismo. E intentar desarrollar, entre los trece y quince años con las siguientes: “pudor, sobriedad, sociabilidad, amistad, respeto, sencillez y patriotismo”