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5. ¿Qué enseña la Iglesia sobre la dirección espiritual?

El Concilio Vaticano II recomienda el acompañamiento espiritual a todos: sacerdotes, religiosos y laicos que buscan la santidad en medio de los afanes del mundo.

  • El Catecismo de la Iglesia enseña en el punto 2695 que la “dirección espiritual” asegura en la Iglesia una ayuda para la oración.

Se lee en el punto 2690:

El Espíritu Santo da a ciertos fieles dones de sabiduría, de fe y de discernimiento dirigidos a este bien común que es la oración (dirección espiritual). Aquellos y aquellas que han sido dotados de tales dones son verdaderos servidores de la Tradición viva de la oración:

Por eso, el alma que quiere avanzar en la perfección, según el consejo de San Juan de la Cruz, debe “considerar bien entre qué manos se pone porque tal sea el maestro, tal será el discípulo; tal sea el padre, tal será el hijo”. Y añade: “No sólo el director debe ser sabio y prudente sino también experimentado… Si el guía espiritual no tiene experiencia de la vida espiritual, es incapaz de conducir por ella a las almas que Dios en todo caso llama, e incluso no las comprenderá” (Llama estrofa 3).

¿Y los riesgos de embarcarse en la aventura de la respuesta a Dios?

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Embarcarse en la aventura de la respuesta a Dios tiene unos riesgos evidentes: los mismos que corren las personas que comprometen y entregan su vida por amor.

Vocación y libertad. Algunas ideas para la propia reflexión:

    • El sentido de la vida, de mi vida, es servir a Dios.
    • Por tanto, el verdadero éxito de mi vida no es cumplir el objetivo que yo me proponga sino descubrir y poner los medios para que se haga en mi vida la Voluntad de Dios para mí.
    • Dios quiere que me entregue a su servicio libremente –nadie puede decidir por mí— , por amor, sin coacción interna ni externa de ningún tipo.
    • Puedo equivocarme, acertar, elegir el bien o el mal. Es el claroscuro de la libertad.
    • Dios no me impone su proyecto para mi vida. Me lo propone de una forma y un modo que no son nunca excesivamente claros y evidentes. Dios habla en penumbra, para respetar mi libertad.
    • Dios quiere contar conmigo: para eso me ha dado unas virtudes, unos talentos, de los que quiere servirse; y junto con esas virtudes, unos defectos, de los que quiere servirse también, para darle gloria (de diversos modos: aceptándolos, procurando mejorar, etc.. ) Es decir, Dios cuenta con mis virtudes y defectos, con el libre ejercicio de mi libertad.

“Me gustaría que meditaseis en un punto fundamental, que nos enfrenta con la responsabilidad de nuestra conciencia. Nadie puede elegir por nosotros: he aquí el grado supremo de dignidad en los hombres: que por sí mismos, y no por otros, se dirijan hacia el bien (S. Tomás de Aquino, Super Epistolas S. Pauli lectura. Ad Romanos, cap. II, lect. III, 217 (ed. Marietti, Torino, 1953).).

Muchos hemos heredado de nuestros padres la fe católica y, por gracia de Dios, desde que recibimos el Bautismo, apenas nacidos, comenzó en el alma la vida sobrenatural.

Pero hemos de renovar a lo largo de nuestra existencia –y aun a lo largo de cada jornada– la determinación de amar a Dios sobre todas las cosas. Es cristiano, digo verdadero cristiano, el que se somete al imperio del único Verbo de Dios (Orígenes, Contra Celsum, 8, 36 (PG 11, 1571).), sin señalar condiciones a ese acatamiento, dispuesto a resistir la tentación diabólica con la misma actitud de Cristo: adorarás a tu Dios y Señor y a El sólo servirás (Mt IV, 10.).”

San Josemaría
, Amigos de Dios, 27

  • Para ser del Opus Dei se necesita ser mayor de edad y asumir plenamente el claroscuro de la libertad humana. Toda verdadera respuesta a la llamada de Dios es una respuesta libre, y tiene que asumir la incertidumbre y el riesgo que se da en todas las decisiones humanas.
  • Esa posibilidad compone el claroscuro de la libertad humana. El Señor nos invita, nos impulsa –¡porque nos ama entrañablemente!– a escoger el bien. Fíjate, hoy pongo ante ti la vida con el bien, la muerte con el mal. Si oyes el precepto de Yavé, tu Dios, que hoy te mando, de amar a Yavé, tu Dios, de seguir sus caminos y de guardar sus mandamientos, decretos y preceptos, vivirás… Escoge la vida, para que vivas (Dt XXX, 15–16. 19). San Josemaría, Amigos de Dios, nº 24

  • Esa respuesta exige responsabilidad, madurez y conciencia clara del alcance de los compromisos que se asumen con plena libertad.

  • Pero, si Dios quiere que sea santo… ¿soy verdaderamente libre?
  • Sí; recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica 1742: La gracia de Cristo no se opone de ninguna manera a nuestra libertad cuando ésta corresponde al sentido de la verdad y del bien que Dios ha puesto en el corazón del hombre.

    Al contrario, como lo atestigua la experiencia cristiana, especialmente en la oración, a medida que somos más dóciles a los impulsos de la gracia, se acrecientan nuestra íntima verdad y nuestra seguridad en las pruebas, como también ante las presiones y coacciones del mundo exterior.

    Por el trabajo de la gracia, el Espíritu Santo nos educa en la libertad espiritual para hacer de nosotros colaboradores libres de su obra en la Iglesia y en el mundo.


  • Al decir que al Señor hay que ser consciente de lo que se hace: se está ejercitando responsablemente la propialibertad, por amor.
  • Lectura: No hacer barricadas con la libertad.
  • He respondido positivamente a la entrega a Dios, y le he entregado al Señor gozosa y libremente estos años de mi juventud. Estoy a su servicio en el camino general de la Iglesia.
  • Cuando alcance la mayoría de edad —si los directores me confirman que ésta es la Voluntad de Dios para mí- le quiero seguir dando a Dios mi vida entera, y quiero seguir a su servicio en la Iglesia, en el camino específico del Opus Dei.
  • Al decirle al Señor que sí, al querer servirle libremente le estoy diciendo a algunas cosas que no, porque toda elección significa una renuncia, que asumo con todas las consecuencias.

¿Qué enseña la Iglesia sobre el pudor?

Catecismo de la Iglesia:

2521 La pureza exige el pudor. Este es una parte integrante de la templanza. El pudor preserva la intimidad de la persona. Designa la negativa a mostrar lo que debe permanecer oculto. Está ordenado a la castidad, cuya delicadeza proclama. Ordena las miradas y los gestos según la dignidad de las personas y de su unión.

2522 El pudor protege el misterio de las personas y de su amor. Invita a la paciencia y a la moderación en la relación amorosa; exige que se cumplan las condiciones del don y del compromiso definitivo del hombre y de la mujer entre sí. El pudor es modestia, inspira la elección del vestido. Mantiene el silencio o la reserva donde se adivina el riesgo de una curiosidad malsana; se convierte en discreción.

2523 Existe un pudor de los sentimientos como también un pudor del cuerpo. Este pudor rechaza, por ejemplo, los exhibicionismos del cuerpo humano propios de cierta publicidad o las incitaciones de algunos medios de comunicación a hacer pública toda confidencia íntima. El pudor inspira una manera de vivir que permite resistir a las solicitaciones de la moda y a la presión de las ideologías dominantes.

2524 Las formas que adquiere el pudor varían de una cultura a otra. Sin embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual propia al hombre. Nace con el despertar de la conciencia del sujeto. Educar en el pudor a niños y adolescentes es despertar en ellos el respeto de la persona humana.

2525 La pureza cristiana exige una purificación del clima social. Obliga a los medios de comunicación social a una información cuidadosa del respeto y de la discreción. La pureza de corazón libera del erotismo difuso y aparta de los espectáculos que favorecen el exhibicionismo y la ilusión.

2526 Lo que se llama permisividad de las costumbres se basa en una concepción errónea de la libertad humana; para edificarse, ésta necesita dejarse educar previamente por la ley moral. Conviene pedir a los responsables de la educación que impartan a la juventud una enseñanza respetuosa de la verdad, de las cualidades del corazón y de la dignidad moral y espiritual del hombre.

2527 “La buena nueva de Cristo renueva continuamente la vida y la cultura del hombre caído; combate y elimina los errores y males que brotan de la seducción, siempre amenazadora, del pecado. Purifica y eleva sin cesar las costumbres de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda, consolida, completa y restaura en Cristo, como desde dentro, las bellezas y cualidades espirituales de cada pueblo o edad” (GS 58,4).

Orientaciones educativas sobre el amor humano; pautas de educación sexual (1.XI.83) Congregación para la Educación Católica, 1.XI.1983:

90. El pudor, elemento fundamental de la personalidad, se puede considerar —en el plano educativo— como la conciencia vigilante en defensa de la dignidad del hombre y del amor auténtico.

Tiende a reaccionar ante ciertas actitudes y a frenar comportamientos que ensombrecen la dignidad de la persona.

Es un medio necesario y eficaz para dominar los instintos, hacer florecer el amor verdadero e integrar la vida afectivo-sexual en el marco armonioso de la persona.


El pudor entraña grandes posibilidades pedagógicas y merece ser valorizado. Niños y jóvenes aprenderán así:

  • a respetar el propio cuerpo como don de Dios, miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo;
  • aprenderán a resistir al mal que les rodea;
  • a tener una mirada y una imaginación limpias;
  • y a buscar el manifestar en el encuentro afectivo con los demás un amor verdaderamente humano con todos sus elementos espirituales.

91. Conviene que se les presenten, con este fin, modelos concretos y atrayentes de virtud y que se les desarrolle el sentido estético, despertándoles el gusto por la belleza presente en la naturaleza, en el arte y en la vida moral; y que se eduque a los jóvenes para asimilar un sistema de valores, sensibles y espirituales, en un despliegue desinteresado de fe y de amor.