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Sexto mandamiento de la Ley de Dios

Conviene recordar que el sexto mandamiento adquiere su pleno significado unido al noveno, porque la castidad no se reduce a una simple abstención externa: supone una actitud interior que lleva a la plenitud del amor.

Catecismo de la Doctrina Católica

Artículo 6 EL SEXTO MANDAMIENTO

II LA VOCACION A LA CASTIDAD

2337 La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual. La sexualidad, en la que se expresa la pertenencia del hombre al mundo corporal y biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo entero y temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer.

La virtud de la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona y la integralidad del don.

La integridad de la persona

2338 La persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y de amor depositadas en ella. Esta integridad asegura la unidad de la persona; se opone a todo comportamiento que la lesionaría. No tolera ni la doble vida ni el doble lenguaje (cf Mt 5,37).

2339 La castidad comporta un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado (cf Si 1,22).

“La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados” (GS 17).

2340 El que quiere permanecer fiel a las promesas de su bautismo y resistir las tentaciones debe poner los medios para ello: el conocimiento de sí, la práctica de una ascesis adaptada a las situaciones encontradas, la obediencia a los mandamientos divinos, la práctica de las virtudes morales y la fidelidad a la la oración. “La castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos” (S. Agustín, conf. 10,29; 40).

2341 La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que tiende a impregnar de razón las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana.

2342 El dominio de sí es una obra que dura toda la vida. Nunca se la considerará adquirida de una vez para siempre. Supone un esfuerzo repetido en todas las edades de la vida (cf Tt 2,1-6). El esfuerzo requerido puede ser más intenso en ciertas épocas, como cuando se forma la personalidad, durante la infancia y la adolescencia.

2343 La castidad tiene unas leyes de crecimiento; éste pasa por grados marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado. “Pero, el hombre, llamado a vivir responsablemente el designio sabio y amoroso de Dios, es un ser histórico que se construye día a día con sus opciones numerosas y libres; por esto él conoce, ama y realiza el bien moral según las diversas etapas de crecimiento” (FC 34).

2344 La castidad representa una tarea eminentemente personal; implica también un esfuerzo cultural pues “el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la sociedad misma están mutuamente condicionados” (GS 25,1). La castidad supone el respeto de los derechos de la persona, en particular, el de recibir una información y una educación que respeten las dimensiones morales y espirituales de la vida humana.

2345 La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto de la obra espiritual (cf Gál 5,22). El Espíritu Santo concede, al que ha sido regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de Cristo (cf 1 Jn 3,3).


La integralidad del don de sí

2346 La caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia, la castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo. La castidad conduce al que la practica a ser ante el prójimo un testigo de la fidelidad y de la ternura de Dios.

2347 La virtud de la castidad se desarrolla en la amistad. Indica al discípulo cómo seguir e imitar al que nos eligió como sus amigos (cf Jn 15,15), se dio totalmente a nosotros y nos hace participar de su condición divina. La castidad es promesa de inmortalidad.

La castidad se expresa especialmente en la amistad con el prójimo. Desarrollada entre personas del mismo sexo o de sexos distintos, la amistad representa un gran bien para todos. Conduce a la comunión espiritual.


Los diversos regímenes de la castidad

2348 Todo bautizado es llamado a la castidad. El cristiano se ha “revestido de Cristo” (Gal 3,27), modelo de toda castidad.

Todos los fieles de Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular. En el momento de su Bautismo, el cristiano se compromete a dirigir su afectividad en la castidad.

2349 La castidad “debe calificar a las personas según los diferentes estados de vida: a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios solo con corazón indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o celibatarias” (CDF, decl. “Persona humana” 11). Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia.

Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de las otras. En esto la disciplina de la Iglesia es rica (S. Ambrosio, vid. 23).

2350 Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad.

¿Qué prohíbe el sexto mandamiento?

El sexto mandamiento prohíbe, bajo pena de pecado mortal, todo lo que suponga ejercer voluntaria y conscientemente la facultad generativa, fuera del uso legítimo del matrimonio.

Si la acción implica el funcionamiento completo de los mecanismos específicos del acto conyugal, se habla de lujuria completa, que puede darse sea cuando la acción se realiza entre dos personas, sea cuando se realiza individualmente.

Por la misma razón, el sexto mandamiento prohíbe también, igualmente bajo pecado grave, todo lo que implique buscar directamente el placer genital, mediante actos carnales incompletos, ya sean interiores (pensamientos, fantasías, deseos, etc., que son matería específica del noveno mandamiento) ya seab exteriores, o ambos simultáneamente (lujuria incompleta).

Hay que precisar a este respecto que hay acciones que son siempre contrarias al sexto mandamiento, sea cual sea la situación o estado de la persona:

la fornicación, o sea, la realización del acto sexual completo, fuera del legítimo matrimonio.

la masturbación o pecado solitario, que consiste en procurar, sin unión carnal, los fenómenos corporales propios de ese acto y el placer consiguiente;

-todas las acciones, en una palabra, realizadas solitariamente o en colaboración con otras personas, que tengan por objeto lo que es propio y exclusivo de la facultad generativa, si se realizan fuera del matrimonio”.

José Luis Soria, El Sexto Mandamiento