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La castidad: una virtud para todos, sin excepción, cada uno en su puesto

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  • La Santa Pureza es consecuencia del amor: “Donde no hay amor de Dios, reina la concupiscencia. San Agustín. Enquiridio, 117. “La pureza es exigencia del amor”. Juan Pablo II, 3.XII.1980

Redescubrir el valor de la castidad, por Juan Pablo II

El 7 de julio de 2002, en el centenario del asesinato de María Goretti (1890-1902), una niña de once años asesinada por un joven, Alessandro Serenelli, cuando quería abusar de ella, Juan Pablo II propuso a los jóvenes del mundo el ejemplo de esta adolescente italiana para «redescubrir el valor de la castidad».

Serenelli, profundamente arrepentido y tras una vida ejemplar, asistió a la canonización de María, el 24 de junio de 1950. «Santa María Goretti es un ejemplo para las nuevas generaciones, amenazadas por una mentalidad de falta de compromiso, a la que les cuesta comprender la importancia de los valores sobre los que no es lícito llegar a compromisos».

«María, que no había cumplido todavía los doce años, poseía una personalidad fuerte y madura, formada por la educación religiosa recibida en su familia. De este modo, fue capaz no sólo de defender su propia persona con castidad heroica sino incluso perdonar a su asesino».

«Su martirio recuerda que el ser humano no se realiza siguiendo sus impulsos de placer sino viviendo su propia vida en el amor y la responsabilidad».


  • La Pureza y la Castidad es una virtud para todos, que pueden y deben vivir todos; no es sólo para los curas o los que se han entregado a Dios…, como se dice hoy y decían ya los cristianos tibios en los primeros siglos del cristianismo.
  • La Pureza se puede vivir en la vida cotidiana.

    San Juan Crisóstomo

    “¿Qué quieres que hagamos? ¿Subirnos al monte y hacernos monjes? Cuando me decís eso me dan ganas de llorar, porque pensáis que la modestia y la castidad son propias sólo de monjes. No. Cristo dio unas leyes comunes para todos.

    Cuando dijo el que mira a una mujer para desearla (Mt. 5, 28) no se dirigía al monje, sino al hombre de la calle (…)

    Yo no pongo por ley que os vayais a los montes y desiertos, sino que seais buenos, modestos y castos viviendo en medio de las ciudades”.

    (Homilía según san Mateo)