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Algunas ideas sobre la Doctrina social de la Iglesia

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  • ¿Qué es?

La doctrina social de la Iglesia nace del encuentro entre el plan que Dios tiene para redimir a todos los hombres y la situación histórica concreta. Nace del Anuncio divino, del Evangelio. No es una ideología ni una tercera vía.

En el centro de la Doctrina Cocial de la Iglesia está el hombre, que tiene que vivir su verdad de Hijo de Dios en este mundo con justicia y libertad, sabedor de que el hombre es la única criatura querida por Dios por sí misma, llamada por Dios a participar de su misma vida divina, tras su cooperación libre con el plan de Dios.

  • ¿De qué consta la doctrina social de la Iglesia?

    • de unos contenidos permanentes (por ejemplo, los del mandato divino: no matarás).
    • de unos contenidos contingentes que dependen de las diversas situaciones sociales que se producen en la sociedad, que van cambiando y mejorando (aunque desgraciadamente subsisten millares de injusticias y hay aspectos de la antigua encíclica Rerum Novarum que siguen siendo válidos en algunos países).
  • El Antiguo Testamento

En él se encuentran muchas normas de contenido social y económico, como proteger a las viudas, cuidar de los huérfanos, etc.

  • Jesucristo.

Jesucristo, al encarnarse y hacerse hombre, se une a cada hombre, redimiéndole; y con la Encarnación el hombre comprende que debe cambiar las estructuras injustas del mundo antiguo:

  • Las castas, las grandes divisiones sociales.
  • La discriminación de la mujer por razón de su sexo (esto supuso una revolución en el mundo pagano.
  • La esclavitud (ya en el siglo II hay un esclavo, Calixto, que llega a Papa)
  • La Iglesia

La Iglesia ha ido humanizando la sociedad a lo largo de la historia, desde el siglo I, un siglo inmisericorde con los niños y los débiles.

La historia de la Iglesia ha sido durante veinte siglos una larga historia de caridad: basta pensar en la multitud de cristianos que han ejercido tareas caritativas y en las instituciones que han nacido en el seno de la Iglesia. Además, l a Iglesia ha ido influyendo en las leyes sociales de todas las épocas, a pesar de los errores humanos. Un ejemplo entre miles son las Leyes de Indias.

La Iglesia se preocupa por transmitir en primer lugar el mensaje de Cristo, porque si Cristo no cambia el corazón del hombre todo el mensaje social se queda en pura teoría.

Para cambiar el mundo, el hombre necesita en primer lugar, esforzarse por cambiarse a sí mismo y mejorar. Sólo cuando se da ese cambio personal, es capaz de emprender proyectos generosos de justicia y solidaridad.

El amor de Cristo debe llevar al cristiano a comprometerse para hacer un mundo más justo y más solidario.

La solidaridad, recuerda el Compendio del Catecismo, 414, “que emana de la fraternidad humana y cristiana, se expresa ante todo en la justa distribución de bienes, en la equitativa renumeración del trabajo y en el esfuerzo en favor de un orden social más justo. La virtud de la solidaridad se realiza también en la comunicación de los bienes espirituales de la fe, aún más importantes que los materiales”.