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5. Homilía de la ceremonia de beatificación (17-V-1992)

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«Hoy se nos ofrece la ocasión de fijar una vez más nuestra mirada en esta vía de salvación: el camino hacia la santidad, y reflexionar sobre las figuras de dos personas que, de ahora en adelante, llamaremos beatas: Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote, fundador del Opus Dei, y Josefina Bakhita, Hija de la Caridad, canosiana […].

Josemaría Escrivá de Balaguer, nacido en el seno de una familia profundamente cristiana, ya en la adolescencia percibió la llamada de Dios a una vida de mayor entrega. Pocos años después de ser ordenado sacerdote dio inicio a la misión fundacional a la que dedicaría 47 años de amorosa e infatigable solicitud en favor de los sacerdotes y laicos de lo que hoy es la prelatura del Opus Dei.

La vida espiritual y apostólica del nuevo beato estuvo fundamentada en saberse, por la fe, hijo de Dios en Cristo. De esta fe se alimentaba su amor al Señor, su ímpetu evangelizador, su alegría constante, incluso en las grandes pruebas y dificultades que hubo de superar. “Tener la cruz es encontrar la felicidad, la alegría —nos dice en una de sus Meditaciones—; tener la cruz es identificarse con Cristo, es ser Cristo y, por eso, ser hijo de Dios”.

Con sobrenatural intuición, el beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre ya toda la creación (cf. Dominum et vivificantem, 50). En una sociedad en la que el afán desenfrenado de poseer cosas materiales las convierte en un ídolo y motivo de alejamiento de Dios, el nuevo beato nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo. “Todas las cosas de la tierra —enseñaba— también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios” (Carta del 19 de marzo de 1954).

“Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey”. Esta aclamación que hemos hecho en el salmo responsorial es como el compendio de la vida espiritual del beato Josemaría. Su gran amor a Cristo, por quien se siente fascinado, le lleva a consagrarse para siempre a él y a participar en el misterio de su pasión y resurrección. Al mismo tiempo, su amor filial a la Virgen María le inclina a imitar sus virtudes. “Bendeciré tu nombre por siempre jamás”: he aquí el himno que brotaba espontáneamente de su alma y que le impulsaba a ofrecer a Dios todo lo suyo y cuanto le rodeaba. En efecto, su vida se reviste de humanismo cristiano son el sello inconfundible de la bondad, la mansedumbre de corazón, el sufrimiento escondido con el que Dios purifica y santifica a sus elegidos.

La actualidad y transcendencia de su mensaje espiritual, profundamente enraizado en el Evangelio, son evidentes como lo muestra también la fecundidad con la que Dios ha bendecido la vida y obra de Josemaría Escrivá. Su tierra natal, España, se honra con este hijo suyo, sacerdote ejemplar, que supo abrir nuevos horizontes apostólicos a la acción misionera y evangelizadora. Que esta gozosa celebración sea ocasión propicia que aliente a todos los miembros de la prelatura del Opus Dei a una mayor entrega, en su respuesta a la llamada a la santificación y a una más generosa participación en la vida eclesial, siendo siempre testigos de los genuinos valores evangélicos, lo cual se traduzca en un ilusionado dinamismo apostólico, con particular atención hacia los más pobres y necesitados […].

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os améis unos a otros” (Jn 13, 34-35). Con estas palabras de Jesús concluye el evangelio de la misa de hoy. En esta frase evangélica encontramos la síntesis de toda santidad; la santidad que han alcanzado, por caminos diversos pero convergentes en la mismo y única meta, Josemaría Escrivá de Balaguer y Josefina Bakhita. Ellos han amado a Dios con toda la fuerza de su corazón y han dado prueba de una caridad que ha llegado hasta el heroísmo mediante las obras de servicio a los hombres, sus hermanos. Por eso la Iglesia los eleva hoy al honor de los altares y los presenta como ejemplos en la imitación de Cristo, que nos ha amado y se ha dado a sí mismo por cada uno de nosotros (cf. Ga 2, 20)».

(L’Osservatore Romano, edición en castellano, 22-V-1992)

8. PERORATIO, pronunciada por el cardenal Saraiva (6 octubre 2002)

BEATISSIME PATER,

POSTULAT SANCTA MATER ECCLESIA

PER SANCTITATEM VESTRAM

CATALOGO SANCTORUM ADSCRIBI

ET TAMQUAM SANCTUM

AB OMNIBUS CHRISTIFIDELIBUS PRUNUNCIARI

BEATUM IOSEPHMARIAM ESCRIVÁ.

Il beato Josemaría Escrivá nacque a Barbastro (Spagna) il 9 gennaio 1902, in una famiglia profondamente cristiana. Alcune traversie familiari lo fecero maturare nell’esperienza del dolore. Attorno ai sedici anni avvertì i primi presentimenti di una chiamata del Signore a una missione che ignorava ancora.

Per mantenersi interamente disponibile alla volontà divina, decise di farsi sacerdote. Nel 1918 intraprese gli studi ecclesiastici presso il Seminario di Logroño e nel 1920 si trasferì in quello di Saragozza, dove, il 28 marzo 1925, ricevette l’ordinazione sacerdotale.

Trasferitosi a Madrid nel 1927, si prodigò in un vasto apostolato soprattutto con i bambini, i poveri e i malati nei sobborghi della città. Fu davvero «un uomo assetato di Dio e perciò grande apostolo» (Giovanni Paolo II, Allocuzione, 17 marzo 2001).

Il 2 ottobre 1928 fondò l’Opus Dei, aprendo nella Chiesa un nuovo cammino mirante a diffondere fra le persone di tutti gli ambienti sociali la ricerca della santità e l’impegno nell’apostolato mediante la santificazione del lavoro professionale e di ogni altra circostanza della vita ordinaria.

Vostra Santità ha descritto così lo spirito di questo santo sacerdote: «Vivere il Vangelo nel mondo, vivendo immersi nel mondo, ma per trasformarlo e redimerlo col proprio amore a Cristo! Grande ideale, che fin dagli inizi ha anticipato quella teologia del laicato che caratterizzò poi la Chiesa del Concilio e del post-Concilio [.]. Vivere uniti a Dio, nel mondo, in qualunque situazione, cercando di migliorare sé stessi con l’aiuto della grazia, e facendo conoscere Gesù Cristo con la testimonianza della vita» (Omelia, 19 agosto 1979).

Il 14 febbraio 1943 dette vita alla Società Sacerdotale della Santa Croce che, oltre a consentire l’incardinazione nella Prelatura dell’Opus Dei dei fedeli a essa appartenenti che avessero ricevuto l’ordinazione sacerdotale, avrebbe permesso anche ai sacerdoti incardinati nelle diocesi di condividerne la spiritualità, rimanendo in esclusiva dipendenza dal rispettivo Ordinario. L’opera svolta dal beato Josemaría in favore dei sacerdoti fa di lui un fulgido esempio di zelo per la santità e la fraternità del clero.

Nel 1946 si trasferì a Roma, dove fissò definitivamente la propria residenza. Qui, il beato Josemaría, sospinto da un grande zelo apostolico, si adoperò per dare compimento alla missione ricevuta dal Signore e per estenderla nei cinque continenti al servizio delle Chiese locali: fu così che promosse una vera mobilitazione di uomini e donne al servizio di iniziative di evangelizzazione e di promozione umana, caratterizzate da una vivace proiezione sociale.

Il messaggio che diffuse con la propria predicazione, l’assidua azione pastorale, gli scritti di spiritualità, è stato così riassunto da Vostra Santità: «Il beato Josemaría invitò gli uomini e le donne delle più diverse condizioni sociali a santificarsi e a cooperare alla santificazione degli altri, santificando la vita ordinaria. [.] Ha ricordato al mondo contemporaneo la chiamata universale alla santità e il valore cristiano che può assumere il lavoro professionale» (Allocuzione, 14 ottobre 1993). Un messaggio, questo, di cui il decreto pontificio sull’eroicità delle virtù sottolinea la perenne attualità.

Da Roma il beato Josemaría intraprese numerosi viaggi, percorrendo l’Europa e l’America per diffondere la propria instancabile catechesi.

Il 26 giugno 1975 un improvviso attacco cardiaco troncò la sua esistenza terrena. Dopo la morte, la sua fama di santità non ha fatto che incrementarsi. Alla sua intercessione vengono attribuite innumerevoli grazie e favori spirituali. Il Fondatore dell’Opus Dei è stato beatificato da Vostra Santità il 17 maggio 1992.

Beatissimo Padre: la sua canonizzazione stimolerà il popolo cristiano a prendere coscienza, con gioiosa disponibilità, dell’impegno al quale il Signore chiama tutti i suoi figli e che il beato Josemaría esprimeva così: «Conoscere Gesù Cristo. Farlo conoscere. Portarlo ovunque».

6 ottobre 2002

José card. Saraiva Martins

Prefetto della Congregazione delle Cause dei Santi

Al término del rito, el cardenal prefeto agradeció sus palabras al Santo Padre, diciendo:

Beatissime Pater,

nomine sanctae Ecclesiae enixas gratias ago de pronuntiatione a sanctitate vestra facta ac humiliter peto ut eadem sanctitas vestra super peracta canonizatione litteras apostolicas dignetur decernere.

El Papa respondió:

Decernimus.

9.2 Discurso del Santo Padre tras la ceremonia de canonización

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Roma, 6 octubre 2002

1. Al término de esta solemne celebración litúrgica, quisiera saludar cordialmente a todos los peregrinos que han venido de todas las partes del mundo. Dirijo un saludo especial a la delegación gubernativa, a las numerosas personalidades y a los peregrinos de Italia, donde el nuevo santo trabajó durante mucho tiempo por el bien de las almas y la difusión del Evangelio en todos los ambientes.

2. Saludo cordialmente a las delegaciones y a los peregrinos de lengua francesa que han venido para la canonización de Josemaría Escrivá. Ojalá encuentren en la enseñanza del nuevo santo los elementos espirituales que necesitan para recorrer el camino diario de la santidad. Os bendigo a todos con afecto.

Invito a los miembros de las diferentes delegaciones y a todos los que habéis venido de los países de lengua inglesa a aprender la lección del nuevo santo: Jesucristo debe ser la inspiración y la meta de todos los aspectos de vuestra vida diaria. Os encomiendo a vosotros y a vuestras familias a su intercesión, e invoco abundantes bendiciones sobre vuestro compromiso y vuestro apostolado.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua alemana que han participado en la celebración de la canonización del sacerdote Josemaría Escrivá de Balaguer. Que su palabra y su ejemplo os estimulen a buscar la santidad. Realizad con gran amor a Dios las pequeñas cosas de todos los días. Que el Señor os conceda a todos su gracia.

Saludo a todas las delegaciones oficiales, así como a los numerosos participantes en la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, llegados de España y Latinoamérica. Acogiendo, como Pedro, la invitación de Jesús a remar mar adentro, sed apóstoles en vuestros ambientes. Que en este camino os acompañe la Virgen María y la intercesión del nuevo santo.

Saludo también a los participantes de lengua portuguesa aquí presentes. Que san Josemaría os sirva de modelo en vuestro compromiso de santificar vuestro trabajo y vuestras familias. ¡Alabado sea nuestro Señor Jesucristo!

Saludo cordialmente a todos los miembros del Opus Dei, a los devotos de san Josemaría y a todos los peregrinos de Polonia. Que su intercesión sea para todos propiciadora de gracias, y que el carisma de su vida os inspire en las sendas del progreso espiritual. ¡Dios os bendiga!

3. El amor a la Virgen es una característica constante de la vida de san Josemaría Escrivá, y es parte eminente de la herencia que lega a sus hijos e hijas espirituales. Invoquemos a la humilde Esclava del Señor para que, por intercesión de este devoto hijo suyo, nos conceda a todos la gracia de seguirla dócilmente en su exigente camino de perfección evangélica.

Por último, saludo cordialmente al prelado y a todos los miembros del Opus Dei: os agradezco todo lo que hacéis por la Iglesia.