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6. ¿Qué se busca con el acompañamiento espiritual?

  • Se busca fundamentalmente un medio para identificarse con Cristo, una ayuda, un apoyo sobrenatural y humano en el camino personal de santidad, de acuerdo con la propia vocación divina.
  • Son indudables los grandes frutos que esa ayuda ha generado en muchas almas de todas las épocas, como se constata en las vidas de los santos de la Iglesia: Santa Teresa, san Francisco de Sales, san Alfonso María de Ligorio, San Juan Bosco… hasta los santos de nuestra época.
  • El acompañamiento espiritual debe ser siempre una llamada a enfrentarse personalmente con la propia conciencia; y también y ante todo, un estímulo para la práctica efectiva del bien, junto con una apertura de horizontes evangelizadores. Debe ser, además, aliento en los momentos difíciles, luz en momentos de confusión y consuelo en el dolor.
  • En este acompañamiento no se trata de imitar al director espiritual o a la persona que acompaña (aunque el buen ejemplo acerque tanto a Cristo), sino de imitar a Cristo, mediante el aliento del que acompaña. Por eso el director espiritual debe huir de cualquier tipo de personalismo del que ya hablaba san Agustín (Trat. Evang. S. Juan, 123). “Los que conducen las ovejas de Cristo como si fuesen propias y no de Cristo, demuestran que se aman a sí mismos y no al Señor”.

Voluntad de Dios y debilidad humana: el camino del hijo pródigo

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  • Somos viatores, caminantes, que deseamos hacer durante el camino de nuestra vida la Voluntad de Dios… pero somos débiles. La experiencia cotidiana nos muestra, una y otra vez, que muchas veces, como les sucede a los peregrinos del camino de Santiado, nos equivocamos de camino.
  • En nuestra vida debemos volver una vez y otra a Dios, retomar de nuevo el camino, como el hijo pródigo del Evangelio, que -dolido de sus faltas- regresa contrito al encuentro de su padre.
  • Reconocer la propia debilidad es señal de humildad y de madurez cristiana que lleva a la ibertad interior, a la confianza en la misericordia divina, sin miedo a equivocarse, porque no confunde el afán de ser santos con el perfeccionismo.
  • Precisamente porque somos débiles, para remediar las posibles caídas en las que por fragilidad puede incurrir quien se esfuerza y se propone ser fiel a Dios, la misericordia divina ha previsto el Sacramento de la Penitencia. La santidad no está tanto en no caer como en levantarse arrepentido cuántas veces sea preciso.
  • Las faltas que tienen su origen en la debilidad acaban siendo, por el arrepentimiento sincero, ocasión de crecimiento en humildad por el conocimiento y re-conocimiento de la propia miseria y, por lo tanto, son camino de santidad. (Sin embargo, si antes de que llegara la tentación concreta, una persona no se propusiera seriamente vivir de acuerdo con el querer de Dios, eso ya no sería simple debilidad, sino una infidelidad consciente.)

Sentimientos, sentimentalismo


Los sentimientos son muy importantes y decisivos para el hombre, y por tanto en la vida cristiana, porque son manifestaciones del corazón humano con el que el Señor quiere que le amemos, uniéndonos en todo a su Corazón, para que nuestros sentimientos se asemejen y se parezcan a los de Cristo.

— Cuando los sentimientos se conforman con Cristo son sentimientos buenos y positivos, porque para ser muy divinos hay que ser muy humanos.

— No se trata de obrar contra el propio corazón, sino de hacer que el propio corazón (ilusiones, sentimientos, proyectos) sea cada vez más de Cristo: se cada vez más un corazón cristiano.

— Poner el corazón en la Cruz significa ponerlo en las alegrías y dolores de Cristo, identificarse con los sentimientos del Crucificado.

— Los malos sentimientos, los sentimientos negativos nos llevan a alejarnos de Cristo. El sentimentalismo hace que el hombre se deje arrastrar por los sentimientos (malos o aparentemente buenos) que le apartan de la Voluntad de Dios.

Por ejemplo: enamorarse de una mujer es un buen sentimiento en general: pero los sentimientos sólo se dan en personas concretas.

En unos casos (el de las personas llamadas a santificarse en el matrimonio) ese sentimiento será camino de santidad; y en los casos de las personas ya casadas, enamorarse de otra mujer que no sea su esposa, ese sentimiento se convierte en un mal sentimiento (sentimiento de infidelidad), porque le aparta de Cristo y causa un mal grave a los suyos.