Archivo de la etiqueta: camino oracion

16. Recomiéndame un texto para meditar

  • El texto por excelencia para un cristiano son los Evangelios, donde se narra la vida de nuestro Señor.
  • Puedes meditar, por ejemplo, la Pasión del Señor, y pedirle perdón, uniéndote a sus sufrimientos.

“Una Cruz. Un cuerpo cosido con clavos al madero. El costado abierto… Con Jesús quedan sólo su Madre, unas mujeres y un adolescente. Los apóstoles, ¿dónde están? ¿Y los que fueron curados de sus enfermedades: los cojos, los ciegos, los leprosos?… ¿Y los que le aclamaron?… ¡Nadie responde! Cristo, rodeado de silencio.

También tú puedes sentir algún día la soledad del Señor en la Cruz. Busca entonces el apoyo del que ha muerto y resucitado. Procúrate cobijo en las llagas de sus manos, de sus pies, de su costado. Y se renovará tu voluntad de recomenzar, y reemprenderás el camino con mayor decisión y eficacia”. (Via Crucis)

  • Otra posibilidad consiste en meditar los textos litúrgicos; por ejemplo, los salmos que se hayan leido ese día en la celebración de la Eucaristía.

Tu oración debe ser litúrgica. -Ojalá te aficiones a recitar los salmos, y las oraciones del misal, en lugar de oraciones privadas o particulares. (Camino, n. 86.)

  • Un libro de la Sagrada Escritura para la meditación diaria: El libro de los Salmos
  • Puedes preguntar a la persona que te asesora espiritualmente, para que te sugiera algún texto espiritual acomodado a tus circunstancias.
  • Es conveniente tomar notas a lo largo del día.
  • Por ejemplo, es posible que cuando vayas en el bus o en la guagua, el Espíritu Santo te haga ver en el alma que podrías mejorar en algún aspecto de tu vida cristiana: por ejemplo, en el modo de vivir la Santa Misa. Si no apuntas esa idea en algún sitio, es posible que se te olvide. Una vez apuntada, esa misma tarde puedes preguntarle al Señor, en la intimidad de tu oración: Jesús: ¿Cómo puedo quererte más durante la Misa? ¿Qué puedo hacer? Y procuras escucharle.

29. Muchas veces estoy seco en la oración. ¿No estaré perdiendo el tiempo?

  • Es frecuente encontrarse seco, sin saber qué decir. Le pasa alguna vez a todos los que se enamoran, por muy enamorados que estén.

    Se lee en Camino, n. 102. Tu inteligencia está torpe, inactiva: haces esfuerzos inútiles para coordinar las ideas en la presencia del Señor: ¡un verdadero atontamiento! No te esfuerces, ni te preocupes. -Oyeme bien: es la hora del corazón.

  • En esos casos, podemos decir oraciones vocales: el Padrenuestro, el Avemaría, unos salmos, etc.

El Santo Cura de Ars recomienda la perseverancia:

“La tercera condición que debe reunir la oración para ser agradable a Dios, es la perseverancia. Vemos muchas veces que el Señor no nos concede enseguida lo que pedimos; esto lo hace para que lo deseemos con más ardor, o para que apreciemos mejor lo que vale. Tal retraso no es una negativa, sino una prueba que nos dispone a recibir más abundantemente lo que pedimos”. (Sermón sobre la oración).