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25. ¿Cómo puedo buscar mejor a Dios en mi meditación?

  • Metiéndote en las escenas del Evangelio, por ejemplo. Eso significa evocar esas escenas con la imaginación, y procurar rezar al Señor como si estuvieras allí, con Él.

“Yo te aconsejo que, en tu oración, intervengas en los pasajes del Evangelio, como un personaje más.

Primero te imaginas la escena o el misterio, que te servirá para recogerte y meditar.

Después aplicas el entendimiento, para considerar aquel rasgo de la vida del Maestro: su Corazón enternecido, su humildad, su pureza, su cumplimiento de la Voluntad del Padre.

Luego cuéntale lo que a ti en estas cosas te suele suceder, lo que te pasa, lo que te está ocurriendo.

Permanece atento, porque quizá El querrá indicarte algo: y surgirán esas mociones interiores, ese caer en la cuenta, esas reconvenciones. “(Amigos de Dios)

Haced discípulos a todas las gentes

  • Jesús dijo: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado” (Mateo, 28, 19-20).
  • La misión apostólica de la Iglesia es propagar el mensaje, el Reino de Cristo en toda la tierra.

  • Eso significa que la vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación al apostolado.
  • Recuerda el Compendio del Catecismo, n. 5: “Se puede hablar de Dios a todos y con todos, partiendo de las perfecciones del hombre y las demás creaturas, las cuales son un reflejo, si bien limitado, de la infinita perfección de Dios”.
    • El cristiano debe llevar a cabo esa misión evangelizadora recibida en el Bautismo con libertad y responsabilidad personal, con espontaneidad apostólica y con la alegría de llevar los demás el anuncio gozoso del Evangelio.El entusiasmo apostólico es un fruto natural del gozo de la Verdad.

Libertad y entrega: tú eres el que decides el rumbo de tu vida

Juan Pablo II decía en el Jubileo de los Jóvenes de abril de 1984:

La libertad es un gran don que habéis recibido de Dios. Quiere decir que tenéis el poder de decir sí a Cristo. Pero vuestro sí no significaría nada si no pudiérais decir también no.

Diciendo sí a Cristo, os entregáis a El; le ofrecéis el corazón, reconocéis su puesto en vuestra vida, ya que por ser hijos de Dios, hermanos y hermanas en Cristo, habéis sido creados para decir sí al amor de Dios. Fue Cristo quien os compró la libertad. Murió para hacernos libres. Sólo Jesús os hace libre. Nos dice Él mismo en el Evangelio de San Juan: “Si el Hijo os librare, seréis verdaderamente libres” (Jn. 8, 36).

El mayor obstáculo de vuestra libertad es el pecado que significa decir no a Dios. Pero Jesucristo Hijo de Dios esta pronto a perdonar todo pecado, y esto es lo que hace en la confesión, en el sacramento de la penitencia. Es el mismo Jesús quien perdona vuestros pecados en la confesión y os devuelve la libertad que perdísteis cuando dijísteis no a Dios.

Queridos jóvenes: Amad vuestra libertad y ejercedla diciendo sí a Dios; no la enajeneis. Recobradla cuando la hayáis perdido y reforzadla en la confesión cuando flaquea. Acordaos de las palabras de Jesús: “Si el Hijo os librare, seréis verdaderamente libres”.index_clip_image002_0002