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Saber escuchar. Sugerencias para los que desean asesorar y acompañar espiritualmente a otros

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En el acompañamiento espiritual es necesario aprender a escuchar.

Para ser, como la Iglesia desea, un buen servidor de la Tradición viva de la oración, la persona que dirige espiritualmente -sacerdote, religioso o laico- debe procurar:

  • Situarse en la piel del otro; intentar ver con sus ojos; procurar entender porque piensa y actúa de una forma determinada.
  • Utilizar el lenguaje de la libertad; un lenguaje positivo, esperanzado y siempre animante.
  • Generar confianza y cercanía.
  • Valorar qué entiende y qué no entiende de lo que se le dice; y las razones por las que no entiende.
  • Dialogar, preguntar, aprender del otro.
  • Ser flexible. Conocer a cada persona en su singularidad. No proceder por reglas generales, sin etiquetar jamás, sin rigideces ni criterios estereotipados: cada persona es todo un mundo en singular; y en la adolescencia y juventud, un mundo singular y cambiante.
  • Comprender: no asombrarse por los errores. Evitar cualquier expresión que suponga echarle en cara lo que desconoce.
  • Valorar la situación concreta en que se encuentra cada persona.
  • Algunos problemas se solucionan contándolos. Bastará con saber escuchar.
  • En ocasiones, lo que se necesita es recibir una sonrisa y una palabra de ánimo, más que un largo discurso.
  • Procurar encontrar el lenguaje que entiende cada persona y las motivaciones que le mueven, según su modo de ser: argumentos racionales, afectivos, intuitivos, analíticos… Una pregunta directa no plantea ningún problema para una persona extrovertida; pero puede retraer a una persona tímida.
  • Partir de donde parte cada persona, sin dar nada por supuesto.
  • Procurar ser muy pacientes. Aprender a esperar. Repetir los mismos argumentos con distintas formulaciones, sin cansar.
  • Transmitir confianza, entusiasmo, afecto y optimismo. No dar jamás sensación de enfado o fastidio ante sus errores o ignorancias, de imposibilidad de alcanzar las metas,derrotismo, etc.
  • Ayudar a mejorar a las personas mediante un plano inclinado, poco a poco, con planteamientos estimulantes: no utilizar jamás la ironía, la burla, la riña.

Manifestaciones del respeto hacia todos





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El respeto
lleva a tratar a cada persona con la misma consideración con la que uno espera ser tratado.

La burla, el desprecio, son faltas de respeto hacia uno mismo y hacia los demás. La virtud del respeto tiene muchas manifestaciones, y se conjuga con muchas virtudes, como las siguientes:


  • La amabilidad con todos, sin distinción, sea cual sea su situación, posición social, trabajo, carácter, sin poner en evidencia los defectos de los demás: su incultura, su torpeza, su inexperiencia, etc.
  • La puntualidad, que manifiesta respeto hacia el tiempo y las actividades de los demás.
  • La lealtad, que lleva a no criticar nunca, y menos de espaldas al interesado. Curiosamente, señala Isaacs, hay personas que se molestan muchos si se enteranque las han criticado, y que critican a otras a sus espaldas.

    Esa lealtad se extiende también a los profesores, porque ser alumno no es una excusa para hablar mal de ellos.

  • La versatilidad, que lleva a tratar a cada persona diferente de modo diferente; a cada uno como debe ser tratado según su situación

    • Todos los hombres y mujeres merecen respeto, pero no hay que manifestárselo del mismo modo. Ese igualitarismo en el trato significaría una falta de respeto hacia la personalidad de cada uno, porque todos somos hijos de Dios, iguales en dignidad, pero no iguales en circunstancias.
    • Por tanto no se debe tratar igual a un anciano que a un niño; a un enfermo igual que a una persona sana; a un mujer embarazada que sube al autobús igual que a un joven de veinte años que viene de hacer deporte.
    • Las novatadas, la burla hacia el “nuevo” son una gran falta de respeto hacia el recién llegado
  • La caridad, que lleva a no encasillar, criticar, ridiculizar, injuriar. El respeto lleva a no clasificar a nadie, ni “encasillarlo” de forma permanente: éste es un frívolo irremediable; ése es un vago que nunca cambiará. Lleva también a no tratar a nadie como un caso o un número más, y no como a un hijo de Dios.
  • La caridad y el respeto llevan también a no ridiculizar nunca a ninguna persona: en clase, en el deporte, etc. Esto se aplica también a los profesores (no utilizar motes si son despectivos o hirientes); a los políticos y personalidades públicas (no difundir bulos, insultos, etc).
  • – Un borracho, una persona desiquilibrada que camina por la calle, un criminal, etc., merecen siempre respeto por el hecho de ser hijos de Dios, aunque con sus actos no se hagan merecedores en algún momento de ese respeto.

  • El buen humor, que debe conjugarse con el respeto. El verdadero buen humor es compatible con el respeto. Una persona con buen humor es aquella que ha aprendido a reirse con los demás y no a reirse de los demás; que no hace bromas que hieran, y sabe descubrir las bromas que alegran al otro.

Constituye siempre una falta de caridad y de respeto reirse de los fallos y defectos ajenos. Por eso conviene estar atentos a comentarios, chistes y pelícilas que circulan en la red, para no caer en:

— bromas de carácter racista.

— juicios denigrantes de las personas por su país o lugar de procedencia;

—bromas sobre las deformidades o taras físicas o psíquicas (enanismo, tartamudez, ceguera, etc.).

— cualquier manifestación irrespetuosa un sentimiento religioso, una convicción noble, una orientación política, profesión, opción cultural respetable, etc.

Por ejemplo: ridiculizar el ayuno de los musulmanes o el modo de orar de los judíos; descalificar por principio a todas las personas de un determinado partido político; insultar a colectivos profesionales, etc.




El respeto a los demás


Conviene distinguir en primer lugar entre:

  • El respeto que debemos a todas las personas sin excepción , porque todas son hijos de Dios (y de todas las cosas creadas por Dios o que Dios ha puesto al servicio del hombre).
  • Y la manifestación del respeto que debemos a cada persona particular, según su circunstancia.

El respeto hacia las personas se manifiesta en:

  • El esfuerzo por tratar a cada persona diferente de modo diferente.
  • El empeño por no encasillar, criticar, ridiculizar o injuriar a nadie.
  • Cultivar el buen humor, evitando la burla, la zafiedad, la ironía y los comentarios que irritan a los demás.
  • Velar y preservar la intimidad de todos, sin airear detalles que no interesan a nadie.
  • Aprender a disentir, sin llegar nunca a los ataques personales.
  • Saber agradecer los favores que nos hacen.