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7º) La vocación cristiana tiene “lugar” en la Iglesia.-

La Iglesia es destinataria de la elección-vocación, prefigurada por la de Israel. Dios se sirvió de Israel y después de la Iglesia para desvelar sus designios a la humanidad. La palabra de Dios se hace presente en la Historia de dos formas: llevándonos a recordar, de una parte, la mediación humana de la Palabra divina; y, de otra, el carácter individual y colectivo de la llamada de Dios al hombre, que es siempre llamada a la santidad.

Dicho de otro modo, la Palabra de Dios se dirige al hombre y para ser recibida ha de ser palabra humana, se requiere alguna forma de mediación humana. Pues bien, así es en la historia de la Revelación, desde la antigua Palabra de la Alianza, pasando por la Palabra profética hasta llegar a Jesucristo, Palabra eterna en la plenitud de la revelación. Y además esa Palabra la dirige Dios al hombre para plantearle su designio de santidad, tanto personal como comunitariamente. Estas dos dimensiones confluyen en lo que denominamos «eclesialidad de la vocación cristiana»: Dios llama al hombre no sólo a la Iglesia, sino también mediante la Iglesia y en la Iglesia.

Precisamente porque la vocación tiene una dimensión eclesial, quien la posee, recibe inseparablemente la misión de hacer presente esa misma vocación a todos los hombres con la eficacia propia de la Palabra de Dios, que no sólo llama a la santidad, sino que hace santos. La Iglesia es la convocación (ekklesía) de los santos (hagioí), que son precisamente elegidos (eklektoí) y llamados (kletoí). Esto es una consecuencia de que el Bautismo es ya vocación «eficaz» a la santidad. Por eso la vocación cristiana es vocación bautismal y por situarse en el interior de la Iglesia es llamada a la santidad y al apostolado. La existencia de muchedumbres que no han tenido ni tienen noticia de la llamada a la santidad, no limita la verdadera universalidad de esta llamada, sino que recuerda que la economía de la Encarnación redentora se prolonga en el misterio de la Iglesia.

¿A quiénes llama Dios a buscar la santidad en la Iglesia?

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  • Dios llama a todos los hombres, católicos y no católicos, cristianos y no cristianos, porque Dios quiere salvar a todos los hombres. Y los llama a

    todos a la santidad en la Iglesia, algo que hace por caminos que sólo Él conoce. Es un misterio.

  • Dios llama a todos —bautizados y no bautizados— a la santidad :

en la Iglesia, Misterio de Comunión;

—y a través de la Iglesia, que sirve de instrumento al plan amoroso de Dios.

Escribe Miras que “todo hombre está penetrado por aquel soplo de vida que proviene de Cristo”. Y concluye: “A la luz de este misterio de vocación deben contemplarse incluso las existencias humanas más oscuras e inadvertidas, y también aquellas otras que parecen haber sido abandonadas sin sentido alguno: parias, víctimas, despreciados e ignorados de la humanidad.

Quizá los designios de la misericordia de Dios llaman a unos a identificarse con Cristo compasivo, llamando a otros a pasar su existencia terrena con la única misión de identificarse con Cristo, Siervo doliente, para mover a compasión. La parábola del pobre Lázaro, arroja una luz, aunque misteriosa, sobre ese enigma de la existencia humana”.

Jorge Miras, Fieles en el mundo. La secularidad de los laicos cristianos

  • El Bautismo es una vocación a la santidad. Es una semilla que hay que hacer fructificar en el alma, que tiene un fruto: la santidad.

    La ambición es alta y nobilísima: la identificación con Cristo, la santidad. Pero no hay otro camino, si se desea ser coherente con la vida divina que, por el Bautismo, Dios ha hecho nacer en nuestras almas.

    El avance es progreso en santidad; el retroceso es negarse al desarrollo normal de la vida cristiana. Porque el fuego del amor de Dios necesita ser alimentado, crecer cada día, arraigándose en el alma; y el fuego se mantiene vivo quemando cosas nuevas. Por eso, si no se hace más grande, va camino de extinguirse.

    Recordad las palabras de San Agustín: Si dijeses basta, estás perdido. Ve siempre a más, camina siempre, progresa siempre. No permanezcas en el mismo sitio, no retrocedas, no te desvíes (S. Agustín, Sermo 169, 15 (PL 38, 926).). San Josemaría, Es Cristo que pasa,n. 58

  • Por eso, la vocación cristiana se llama también vocación bautismal.

“Al entrar en el Pueblo de Dios por la fe y el Bautismo se participa en la vocación única de este Pueblo”. (Catecismo de la Iglesia, 784).