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Generosidad

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La generosidad consiste en dar:


  • Procurar conocer los problemas de los demás, intentando ayudarles en la medida de nuestras fuerzas.
  • Dar el perdón y no hacer juicios internos de intenciones
  • Esforzarse por perdonar a todos desde el primer instante, como Jesucristo nos perdonó.
  • Sonreír a la persona que nos ha ofendido es una de las mayores manifestaciones de generosidad. Con frecuencia sólo se perdona del todo cuando se sonríe de verdad.
  • Pensar que -a pesar de la ofensa que nos ha hecho esa persona-, puede rectificar y mejorar: no etiquetar a nadie para siempre.
  • Reconocer que esa persona, como todas, necesita recibir afecto y nuestro perdón.
  • No dejar paso al rencor en nuestra alma.
  • Disculpar internamente; Salvar las intenciones del otro.
  • Estar dispuesto a olvidar.

  • La generosidad consiste en dar parte de nuestro tiempo (estar disponible significa ser generoso con el propio tiempo).
    • dedicar tiempo a los demás sin esperar rentabilidad del tiempo entregado al otro, porque eso supondría instrumentalizar esa donación: Estoy con esta persona porque espero conseguir algo de ella; si veo que no voy a conseguir nada para mí, la dejo.
    • No hay verdadera generosidad cuando se entrega algo con frialdad o de forma rutinaria, con “caridad oficial”.
  • La generosidad lleva a dar o prestar cosas, sin esperar contraprestaciones, porque en ese caso, más que generosidad, sería intercambio.
    • Contraprestaciones materiales: te presto mi moto con la esperanza de que me ayudes en el examen.
    • Contraprestaciones afectivas: doy esta limosna, trabajo en esta tarea de solidaridad para sentirme bien, para tener una “nueva experiencia”.

  • Dar atención (escuchar)
    • No viviría bien la virtud de la generosidad una persona que dedicara –por ejemplo- parte de su tiempo a los más necesitados, pero que no estuviese dispuesto a emplear ese tiempo en escuchar a una persona de su familia que necesita hablar de sus problemas.

  • Dar afecto y amabilidad sincera a todos: esforzarse por hacer la vida agradable a todos, y no sólo a las personas del propio entorno (familia, círculo de amistades) que caen bien, sino a todos .
    • No es generosa una persona que va a visitar al Hospital –por ejemplo, aun compañero de curso que ha tenido un accidente jugando al fútbol- por simple compromiso (porque ya ha ido el resto de la clase); y que sólo le acompaña el tiempo imprescindible para quedar bien.

Por lo que se refiere al modo de escuchar:

— ¿Procuro colocarme en la piel de la persona joven, para comprenderla y ayudarla a tirar para arriba, hacia el encuentro con Cristo?

— ¿Sé escuchar a mis hijos, alumnos, etc., sin dar sensación de prisa?

—¿Escucho realmente sus preocupaciones, aunque me parezca que no tienen entidad?

Reciedumbre en la vida de familia en el hogar

  • ¿Rehuyo las tareas de la casa y me encierro en mí mismo (en mi cuarto, en mi música, en mi ordenador), o me disculpo con mis cosas (exámenes, etc.) para no hacerlas?
  • ¿Intento que los otros me sirvan? ¿Ayudo, por ejemplo, cuando es necesraio a poner y quitar la mesa, a lavar los platos, etc.?
  • ¿Grito y me enfado como coartada para que no me den encargos que me contrarían?
  • ¿Grito y protesto (ante mis padres, por ejemplo) para acabar saliéndome con la mía en todo?
  • Si tengo que hacer algo que me disgusta (por ejemplo, bajar el cubo de la basura a la calle) ¿lo hago siempre a regañadientes?
  • ¿Procuro evitar cualquier relación familiar (visita a unos parientes, bautizos, funerales, etc.) que me exija esfuerzo?
  • ¿Me esfuerzo por ir vestido de forma adecuada en casa, por sentarme bien, por acomodarme a los gustos de los demás, etc., o me visto, me siento, y actúo de cualquier forma, con la excusa de que “como estoy en mi casa yo hago lo que quiero”?
  • ¿Me sirvo de mis hermanos pequeños para que me hagan recados que debería hacer yo?